¿El mejor o el idóneo?

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    Ya se ha dicho mucho sobre el alcance de sus declaraciones e incluso sobre la posibilidad de cumplirse, misma que Gustavo Madero restringe a 0.01 por ciento. Lo que quiero hacer ahora es puntualizar los motivos y los razonamientos que me generan el escucharla.

    Para tenerlas en mente: el presidente Calderón hace una invitación a los panistas a recorrer el paí­s en busca de un buen candidato, aunque no sea panista; y no se restringió a puestos menores, incluyó la candidatura presidencial.

    1) Para quienes dicen que las encuestas no influyen en las elecciones, aquí­ está la prueba de la clase de efectos que sí­ tienen, no por afectar la decisión del votante, sino la del polí­tico: hace 5 años, Calderón cambió su estrategia en campaña porque su partido no levantaba en las encuestas y se mantení­a atrás de Andrés Manuel López Obrador; hoy quiere, de nuevo, cambiar la estrategia y por el mismo motivo: ahora no ve a su partido levantar contra el PRI. Decide entonces un cambio, pero con la diferencia de que ahora no es él el candidato y hay muchos que se sienten afectados. De entrada, los aspirantes panistas (10, si atendemos a su dirigente nacional) seguramente no tomaron como un halago las palabras del Presidente.

    2) El discurso entonces tiene tres de explicaciones: (a) Las encuestas -las públicas y las que seguramente el PAN tiene- no suben al ritmo suficiente; (b) Enrique Peña Nieto y la unidad que está viendo Calderón en el PRI, donde esperaba algunas divisiones; y (c) Los aspirantes panistas, donde no se destaca uno que pueda significar un cambio, cuando eso es lo que pide la población. (Por demás está decir que atrás está la reforma electoral con campañas cortas, precampañas reguladas o la prohibición de contratar y hacer negativas, todo esto operando en contra de quienes no van de lí­deres).

    3) La importancia del discurso no la da el contenido; éste no es nuevo ni en el Presidente ni en los medios; la importancia la da la conjunción de persona-lugar-momento: lo dice el panista número uno en una convención panista y en el momento del inicio de las contiendas por la Presidencia, cuando todos los aspirantes se están destapando. Esa conjunción potencia la importancia del mensaje.

    4) Hace 6 años, en estas fechas, ya estaba diseñándose el proceso de selección que seguirí­a el PAN. La discusión era: quién elige al candidato y se abrió el proceso a los adherentes. Hoy, la propuesta del Presidente ya no es quién elige, sino a quien se elige.

     

    En caso de prosperar su propuesta, un no panista ganarí­a una contienda interna a un panista, lo que implicarí­a no sólo un candidato externo, sino un método de selección en el que los panistas no se inclinaran por su militante, o en otras palabras, tendrí­a que haber imposición.

    5) Interesante imaginar la reacción que hubiera tenido Calderón hace 6 años si Vicente Fox, ante el apanicamiento en el que lo tení­a López Obrador (al grado de empujar desde Los Pinos el desafuero), hubiera dado ese discurso, abriendo la posibilidad a que incluso un prií­sta pudiera ser su entonces candidato. No me imagino a Felipe Calderón aceptando lo que hoy él propone.

    Como sea, el discurso del Presidente tiene méritos en términos polí­ticos: le roba cámara a la toma de protesta del nuevo dirigente del PRI, Humberto Moreira, en un gran acto de unidad en Querétaro; disminuye la presión sobre el tema de la renovación de la dirigencia del PRD, donde uno de los grupos en pugna ha resultado ser su aliado; se dejó de hablar como prioridad sobre la visita del Presidente a EU en el que la agenda dominante no fue la que México propone; la inseguridad se mantuvo, pero no como el tema de inicio de las noticias, poca cosa.

    Hace mucho el Presidente no lograba controlar la agenda, claro, en caso de que éste haya sido su objetivo.

    La pregunta se mantiene: el próximo candidato del PAN, ¿será el bueno o el idóneo?

     

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