GARCÍA BARRAGÁN

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Por: José Díaz Madrigal

Apenas hace unos días el 2 de octubre, se cumplieron 56 años de la masacre que hubo en Tlatelolco. Estos hechos se dieron como resultado y culminación de las huelgas y protestas del movimiento estudiantil de aquel año del 68. Un año antes en junio de 1967 una influyente revista de carácter político en los Estados Unidos, advertía de que en México se preparaba una nueva revolución de corte comunista como la de Cuba, apoyada precisamente por infiltrados cubanos y rusos.

Esa información puso en alerta al Departamento de Estado del país vecino que junto con la CIA, se encargaba de combatir todas las tendencias marxistas en casi todo el mundo; puesto que eran los años en que se libraba la Guerra Fría entre las dos potencias militares, la comunista Unión Soviética y los Estados Unidos.

Durante varios meses previos al 2 de octubre, grupos de estudiantes y profesores principalmente de la UNAM y del Politécnico, así como otros sectores de la sociedad, habían estado marchando en protesta contra lo que ellos llamaban el autoritarismo del Gobierno de la República. El movimiento se infló aún más, a raíz de una serie de agresiones que sufrieron los manifestantes por parte del Cuerpo de Granaderos y, paradójicamente aumentaron las inconformidades. Pa’acabarla de amolar militantes del partido comunista que habían permanecido de bajo perfil, ahora se sumaban abiertamente al movimiento, creando el Consejo Nacional de Huelga.

Siendo ya una legión de inconformes, se dieron a la tarea de organizar con muchos días de anticipación, una gran marcha programada para la tarde del 2 de octubre, ésta iniciaría en Tlatelolco para después dirigirse a una de las escuelas del Politécnico. La convocatoria dió tiempo para prevenir a las autoridades, por esa propaganda masiva que se hacía.

Diversos cuerpos de seguridad como los Granaderos, la Judicial, la DFS, el Estado Mayor Presidencial y la misma Secretaría de la Defensa Nacional a cargo del general Marcelino García Barragán; participarían en la vigilancia de la multitudinaria concentración estudiantil.

A partir de este punto, algunos autores que participaron directamente en los hechos de aquel día; cuentan que se había echado a andar una conspiración secreta entre agentes de la CIA norteamericana y el regente del entonces Distrito Federal, el general Alfonso Corona del Rosal. Este plan consistía en provocar a propósito una matazón de personas, enseguida tomar presos a todos los líderes comunistas y así de ese modo, se conduciría al desprestigio de la autoridad civil y de esa forma se facilitaría un Golpe de Estado, por parte del ejército; con la clara intención de que un militar tomara por asalto el Poder Ejecutivo y éste sería manejado desde Washington.

Ese malvado pacto se lo tenían oculto al general García Barragán. En efecto, el día que don Marcelino envió a los soldados a Tlatelolco, sus órdenes fueron firmes y precisas a sus subordinados: Quiero vivos, no muertos. Les recuerdo que quien dispare en contra de los estudiantes será sometido a Consejo de Guerra y pasado por las armas. Vamos a arrestar, vamos a interrogar pero no vamos a matar. ¿Está claro?. . . Los francotiradores de Alfonso Corona y del Estado Mayor, les valió madre y, dispararon por parejo contra soldados, contra estudiantes y al público en general.

Aquello fue una carnicería. Momentos después cuando ponían al tanto a García Barragán de lo que estaba sucediendo; tronó contra el general Oropeza que le rendía informe de parte. Usted es un traidor general jijo de la. . . Le grito el Secretario en la bocina del teléfono, dándole el colgón azotado en el escritorio.

Todo pudo imaginar García Barragán en relación a la traición de la que fue víctima, pero lo que nunca pasó por su mente fue que un día después, el embajador de los Estados Unidos le solicitara una audiencia urgente. Al entrar a la oficina le soltó a quemarropa: Tengo instrucciones del presidente Johnson para usted encabece un Golpe de Estado y se convierta en el nuevo presidente de México, con el apoyo estadounidense.

García Barragán se quedó atónito y una rabia empezó a subir por su rostro -embajador, permitame decirle que yo no soy ningún traidor a mi país, ni tampoco a mi honor militar; se equivoca de hombre- el güero emisario no salía de su asombro, ya que ningún general en Latinoamerica se había resistido a los mandatos yankis. ¿Necesita usted pensarlo? -preguntó el diplomático- entonces García Barragán se puso de pie y le dice con voz fuerte pero firme al insolente gringo. . . Larguese inmediatamente de mi presencia, antes que lo mande sacar por la fuerza.

A ciencia cierta no sabemos por que motivo, este episodio de la historia y la vida pública del general García Barragán ha permanecido oculto. Pero lo que si sabemos es que con urgencia, los mexicanos necesitamos y queremos a militares y funcionarios gubernamentales del actual gobierno, que sean como García Barragán; que le tengan amor y cuidado al pueblo, que luchen por la paz de nuestra patria; antes que la delincuencia y la inseguridad descomponga más lo de que por sí está descompuesto.

El recién estrenado Secretario de Seguridad Pública Federal, García Harfuch, es nieto de aquel respetado Secretario de la Defensa Nacional, general Marcelino García Barragán. Esperamos que le haga honor a los mexicanos y a su abuelo, trabajando con lealtad, eficacia y patriotismo; defendiendo la seguridad del pueblo. Sí éste joven funcionario hace bien su labor, el pueblo agradecido en una de esas lo puede llevar hasta la misma presidencia de la República.