Tras los ataques, diez policías murieron y cuatro resultaron lesionados, uno de gravedad. Un civil murió en la segunda refriega, y en el primer tiroteo otro resultó con lesiones superficiales. Ninguno de los heridos ha sido identificado por las autoridades.
El primer ataque contra las fuerzas estatales ocurrió en Los Mochis, en la esquina de Antonio Rosales y Agrarista, en la populosa colonia Jiquilpan, dentro del segundo cuadro de la ciudad, alrededor de las 18:00 horas. Desde un vehículo en movimiento, la patrulla de retaguardia del convoy de policías ministeriales fue baleada. Avispados, los agentes repelieron la agresión pero no evitaron la fuga de los agresores. Trozos de bala lesionaron a un agente y a un civil. Tras el ataque, los operativos se intensificaron.
Mientras, altos funcionarios del estado, como Marco Antonio Higuera Gómez, Frank Córdova Celaya y Louis Alberto Jauss López, procurador general de Justicia del Estado, secretario de Seguridad Pública Estatal y subprocurador regional de Justicia, respectivamente, se encontraban en el Aeropuerto de Los Mochis, los dos primeros para actuar en actos públicos y el tercero para recibir encomienda laboral.
Enterados del primer ataque, los funcionarios ministeriales se trasladaron al hospital para enterarse de los hechos, mientras Córdova Celaya tomaba un helicóptero para su retorno a Culiacán.
Mientras unos se trasladaban en vehículos y el otro volaba, sobre la carretera Internacional, justo en el kilómetro 156 del tramo Los Mochis-Guasave, cien metros antes de llegar al entronque con la carretera 19 que conduce a Estación Naranjo, comandos tomaban posiciones de emboscada.
Testigos entrevistados por Ríodoce afirmaron haber visto hasta ocho vehículos tipo camioneta con hombres armados que se agazaparon portando fusiles de asalto.
“Eran rifles largos con patitas en el frente”, describieron algunos civiles que cayeron en el retén, que los gatilleros montaron sobre plena carretera, sin que los agentes de la Policía Federal Preventiva “de Proximidad Social” se enteraran.
En lo que parecía un retén, el grupo armado atravesó una camioneta tipo Explorer color blanco sobre los carriles de norte a sur. No detenían vehículos ni asaltaron a nadie. Solo esperaron al convoy policiaco.
Alrededor de las 18:30 horas, la escolta de Frank Córdova Celaya —que minutos antes había afirmado en Los Mochis que golpearía con mayor severidad al narcomenudeo—, compuesta por elementos de la Policía Estatal Preventiva, cruzó por el sitio. Desde los flancos derecho, izquierdo y de vanguardia recibieron dispararos.
En el acto murieron los policías estatales preventivos Óscar Ulises Ortega Hernández, Francisco Torres López, Raúl Alberto Mendoza Arredondo, Guillermo Guadalupe Orduño Ortiz, Andrés Leonardo Rubio Beltrán, Raúl Sauceda Burgos, Norberto Santiago Valencia, Efraín Salas Torres —también elemento de Protección Civil—, Javier Francisco Cárdenas, así como el civil, Arturo Gallardo. Hasta el cierre de la edición, el décimo policía asesinado no había sido identificado.
Dos policías más resultaron heridos, uno de gravedad pues presenta un disparo en el cráneo.
Tras los hechos, los agresores huyeron y una tercera patrulla de la Policía Estatal Preventiva fue quemada en las inmediaciones de Guasave.
En el lugar, los peritos recogieron 663 cascajos, de los cuales 606 eran calibre 7.62 para AK-47, 21 calibre 2.23 para fusil AR-15, uno 9 milímetros y 35 para rifle G-3.
Tras el atentado, decenas de militares y elementos de las diferentes fuerzas de apoyo fueron concentrados en el lugar.
Los cuerpos de los policías muertos fueron trasladados a Culiacán, los baleados también, mientras que los civiles fueron entregados a los deudos.
De acuerdo con fuentes militares, los soldados recogieron varias camionetas entre ellas una Explorer gris blindada.
El tránsito sobre la carretera Internacional en ambos sentidos fue suspendido durante cuatro horas. La circulación fue desviada por caminos vecinales.
Altos mandos militares afirmaron que este es el tercer ataque que las huestes de Fausto Isidro Meza Flores, visible jefe de la zona para la alianza de los cárteles Beltrán Leyva-Zetas, perpetran contra fuerzas policiales estatales, a quienes consideran brazo armado gubernamental al servicio del cártel de Sinaloa.
Los informes militares aseguran que los policías fueron sorprendidos porque no iban alertas, además de que no llevaban refuerzos.
El general de la Novena Zona Militar, Moisés Melo García, afirmó que ellos no recibieron notificación alguna de apoyo por los agentes de las fuerzas estatales, a sabiendas que el sitio por donde cruzaban era peligroso debido a las emboscadas sucedidas con anterioridad.
A la mañana siguiente de los ataques, nueve mantas aparecieron en Los Mochis, Guasave y Culiacán. En ellos se acusa al gobierno de Mario López Valdez y al presidente de la República, Felipe Calderón, de favorecer a un grupo criminal: al de Joaquín el Chapo Guzmán. De ahí, los ataques a las fuerzas del orden público.
Los ataques contra policías estatales han sido recurrentes en el gobierno de Mario López Valdez. El 11 de mayo un agente del Grupo Élite de la Policía Ministerial resultó muerto y dos más heridos al ser atacados por pistoleros frente a la comandancia de la corporación en Los Mochis.
El 6 de marzo pasado, en la misma zona donde el viernes fue atacada la escolta del secretario de Seguridad Pública, fueron asesinados ocho policías estatales, también en tránsito de la ciudad de Los Mochis a Culiacán. Se presume que el grupo criminal es el mismo.
Aquella vez, ante el reclamo de los familiares de las víctimas al gobernador por no tomar las precauciones necesarias para evitar estos saldos, Mario López Valdez se comprometió a proteger más a los policías.
Después de los hechos de marzo, el Gobierno estatal ha estado atacando a los grupos delictivos que operan en las zonas norte y sur, ocasionándoles golpes contundentes, como las aprehensiones de Giovanni Lizárraga Ontiveros, en Los Mochis, y semanas después, la de su hermano José Luis Lizárraga, en Sinaloa municipio.
En medio de esta guerra, el grupo delictivo que según información de la Procuraduría de Justicia encabeza Isidro Meza, el Chapo Isidro, ha levantado y asesinado policías, los ha grabado en videos que luego suben a Internet y ha dejado restos humanos en el Palacio de Gobierno.
Asimismo ha colgado decenas de mantas en varias ciudades de Sinaloa, acusando a Malova de estar protegiendo al cártel de Sinaloa, particularmente a Joaquín el Chapo Guzmán.
No protegemos delincuentes: Malova
“Nuestro gobierno no protege delincuentes”, dijo el gobernador Mario López Valdez, en una conferencia de prensa ofrecida sobre los hechos el sábado por la tarde, en lo que pareció una respuesta a los mensajes que fueron difundidos durante esa mañana en Los Mochis, Guasave y Culiacán, a través de mantas, donde acusan a Malova de estar apoyando a Joaquín el Chapo Guzmán.
Hizo un llamado a la sociedad “para no permitir que los delincuentes nos ganen las calles.
“Tarde o temprano, todos unidos lograremos la paz que merecen los sinaloenses”.
Presente en la mesa, el secretario de Seguridad Pública, Francisco Córdova, solo alcanzó a balbucear un pésame a las familias de los policías muertos.
Dijo que se había regresado en helicóptero no por haber recibido amenazas, sino porque lo hace de manera “aleatoria” (sic), pues a veces, dijo, viaja por tierra y a veces lo hace por aire.
El procurador de Justicia, por su parte, hizo un recuento de los hechos. Dijo que, en el marco de la averiguación previa 39/2011, que se radicó en la Agencia Especializada en Homicidios de Guasave, se habían levantado declaraciones a seis de los policías sobrevivientes al ataque.
Dijo que la emboscada la realizó el mismo grupo delincuencial que opera en Los Mochis, Guasave y Mazatlán, aunque “por razones de la secrecía”, no podía revelar los nombres.
Se levantaron dijo, 663 casquillos percutidos, 606 de los cuales son calibre .223, que corresponden a armas AK-47.
Participaron, de acuerdo con los testimonios, entre nueve y 11 vehículos, y al menos 35 gatilleros, cuya edad promedia en los 20 años.
El procurador no descartó que se haya tratado de una emboscada dirigida contra el secretario de Seguridad Pública.
Además de esto, nada trascendente ocurrió ahí, a no ser por los rostros desencajados, perplejos todavía de los funcionarios, ante la magnitud del manotazo.
