EMBARAZOS NO PLANEADOS EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS

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    Florentina Preciado Cortés y Mirtea Acuña Cepeda son parte de un grupo de cuatro investigadoras colimenses que realizaron el estudio denominado “La influencia del género en la vida académica de estudiantes de educación superior gestantes, madres y padres”.

    La muestra se realizó en un universo aproximado de mil estudiantes, de las facultades de Pedagogía, Ingeniería Mecánica y Eléctrica, Contabilidad y Enfermería, todas ellas de la U de C. Pero también se consideró a estudiantes de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) y del Instituto Superior de Educación Normal de Colima (Isenco).

    Del total de estudiantes considerados, resultaron 184 en el grupo denominado Gestantes, Madres o Padres (GMP), a quienes se les aplicó una encuesta. De éstos, 155 son mujeres y 29 hombres.

    RESULTADOS

    La mayoría de los 184 del grupo GMP son jóvenes de entre 19 y 24 años de edad (más del 60%), casi el 71 por ciento están casados/as, pero sólo el 12% vive con su pareja; más de una tercera parte tienen hijos/as de entre uno y tres años de edad y el 48% (que sí contestó la pregunta) no vive con sus niños/as durante los días escolares.

    Alrededor del 6% del grupo ha sido GMP entre los 15 y 17 años, un 24.73% de los 18 a los 20 años y un 23.93 por ciento de 21 a 23 años.

    Al momento de aplicar la encuesta –que fue reciente y próximamente será presentada en un libro que ya está editado- 38 del grupo GMP estaba en proceso de gestación, y si se considera el número de parejas que en ese momento ya tenían hijos, estamos hablando de más del 80% de la población estudiada, lo que significa que ocho de cada diez encuestados se convirtieron en padres o madres en una edad muy temprana, dado que un 35% de ellos se encuentra entre los 19 y 21 años.

    El 53.4% de las mujeres del grupo GMP aceptó no haber planeado su primer embarazo, como tampoco lo hizo el 55.1% de los hombres.

    SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA

    De acuerdo a las respuestas de las estudiantes del grupo GMP, el 51% inició su vida sexual activa entre los 18 y los 20 años; el 31% entre los 13 y 17 y el 10.2% entre los 21 y 23 años. En el caso de los hombres, la mayoría dijo que lo hicieron entre los 17 y 18 años, y un 27.9% inició entre los 13 y 16 años.

    Florentina Preciado y Mirtea Acuña sostienen que la mayoría de estudiantes que participaron en esta investigación sabe y conoce de anticonceptivos, han oído y platicado de casi todos, pero no de una manera informada por un médico o alguien que sepa del tema, y finalmente resulta que no los usan.

    La gran mayoría (35.3% mujeres y 43.5% hombres) refiere a la escuela como su principal fuente de información sobre sexualidad y en un mínimo porcentaje citó el internet, sobre todo en el caso de las mujeres, quienes como segundo lugar de información sobre el tema dijeron que son sus mamás (31.4%) y sus amigos (17.4%) en el caso de los hombres.

    Respecto al uso de anticonceptivos, el 55.6% de las mujeres dijo sí utilizarlos y un 31.8% admitió que ejerce la sexualidad sin control sobre la fertilidad. El 51.7% de los hombres refirió utilizar anticonceptivos y el 44.8% dijo que no. De los estudiantes del grupo GMP que sí utilizan métodos anticonceptivos, el condón masculino fue el más mencionado, pues las mujeres hicieron referencia a él en un 26.1% y los hombres en un 44.8%.

    Entre las causas que indicaron las mujeres de por qué no usan un método de anticoncepción resaltan dos: “No, porque a mi pareja le disgusta” y “No sé realmente cuál sería mejor para utilizar”. En el caso de los hombres que tampoco se protegen, las respuestas fueron: “No, porque soy fiel a ella y no hay peligro de nada”, “No, porque llevamos el método del ritmo” y “A veces, depende con quién”.

    Las investigadoras sostienen que aún cuando la escuela ha sido uno de los canales importantes para conocer los recursos que permiten reducir la tasa de natalidad, “las opiniones de los estudiantes indican un divorcio entre el conocimiento de la anticoncepción y la puesta en práctica del mismo”.

    Lo anterior, advierten en el estudio, sugiere la necesidad de revisar el enfoque o enfoques de los programas de educación sexual vigentes en los diferentes niveles de educación, para tratar de encontrar las posibles causas de la dificultad para poner en práctica las nociones adquiridas respecto a la anticoncepción.

    Y sostienen que “todo parece indicar que en el contenido y desarrollo de dichos programas prevalece el aspecto informativo sobre el formativo”.

    LA MORAL, POR ENCIMA DE LA SALUD SEXUAL

    Determinar con precisión el por qué los jóvenes no usan los métodos anticonceptivos, sobre todo en su primera o primeras relaciones sexuales, es parte de otro estudio que ya está en proceso por este grupo de investigadoras, que dicen haber iniciado con el tema al apreciar una buena cantidad de estudiantes embarazadas en las facultades de la UdeC y en las preparatorias de la misma.

    “Sin embargo, podemos deducir que no los usan porque es cuestión de costumbres no escritas, de aspectos morales de las familias. Es muy difícil que una mujer, todavía ahora, vaya a la farmacia y compre un condón o que traiga en su bolsa un condón porque qué significa eso, está diciendo: voy a tener relaciones sexuales, y todavía nuestra moral mojigata nos impide aceptar que una mujer quiere tener sexo, eso no lo hace ni siquiera una mujer casada”, indicó Mirtea Acuña.

    Añadió que tal vez lo que sucede con los jóvenes no es que les falte información, sino que ésta no es de calidad “y no saben cómo usarla o la usan mal, por desconocimiento”. Aclaró que en la UdeC tienen materias de educación sexual a las que asisten los estudiantes, “pero ¿cómo hacemos para que salten la barrera y usen los anticonceptivos, sobre todo las mujeres para que estén preparadas?”, cuestionó.

    LA UNIVERSIDAD NO ESTÁ PENSADA PARA LAS MUJERES

    Las investigadoras de la Facultad de Pedagogía de la UdeC indicaron que cuando una estudiante de licenciatura está embarazada sube su nivel académico porque se ocupa más de cuidarse y de atender sus estudios. Pero ese nivel se ve afectado cuando nace su bebé, debido a que obtiene más responsabilidades y ya no es sólo la estudiante universitaria, sino también la madre y en algunos casos la ama de casa.

    Si bien el estudio no reveló este dato, las académicas refieren que sí hay deserción escolar en el nivel universitario a causa de los embarazos no deseados, particularmente en las mujeres, pues el caso de los hombres que son o serán padres es distinto.

    “Los padres no actúan igual con las hijas que con los hijos. A ellas se les recrimina o hasta se les retira el apoyo cuando salen embarazadas, en tanto que a los hombres les dan su respaldo”, afirmaron.

    Preciado y Acuña refieren que las universitarias que se embarazan se enfrentan a un sinfín de problemas y cambios en su vida personal, que invariablemente afectan su desempeño académico, y sostienen que incluso pudiera decirse que la Universidad no está pensada para las mujeres.

    Indicaron que, por ejemplo, las bancas de los salones de clases no están pensadas para las estudiantes embarazadas, y el reglamento escolar no registra un período de 40 días para que las estudiantes se retiren a su casa para tener a su bebé.

    Como consecuencia de ello, una estudiante que está a punto de dar a luz debe adelantar trabajos y tareas, y ponerse de acuerdo con sus profesores para faltar un máximo de ocho días –una semana de clase- y se reintegra a su actividad escolar inmediatamente después de ese período, sino es que deserta.

    El problema se incrementa –agregaron- si el parto coincide con el tiempo de exámenes, y Mirtea Acuña consideró que para casos extraordinarios como la maternidad, la Universidad debería prever los exámenes en línea u otro mecanismo que les permita a las estudiantes que van a ser madres tener la certeza de que no habrá problema con sus estudios.