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EL VOTO DE UN CIUDADANO

Por: M.C. José Saúl Torres Quezada*

Un artículo que leí en el Diario El siglo de Torreón, que hablaba  del Obispo Fulton J. Sheen, decía lo siguiente:

¿Quién fue este señor?

Fulton J. Sheen fue un obispo católico que cobró fama mundial con sus programas de radio, que se difundían en muchísimos países, y por sus muchos libros. Su famoso programa radial se titulaba “Vale la Pena Vivir”, y quienes lo escuchaban, quedaban invitados a seguirlo. Eran pláticas de vivencias, de cosas que pasaban en la vida y que resaltaban la capacidad del ser humano para ser mejor y para mejorar el entorno.

En su infancia contrajo la tuberculosis y conoció temprano del sufrimiento. Eso le ayudaría a templar su carácter y a acercarse a la que sería su vocación, el servicio religioso. Pero sus dotes de orador no eran buenas en un principio. Un día, uno de sus maestros lo llamó aparte y le dijo: “Sheen, absolutamente eres el peor orador que he escuchado en mi vida”. Aquella crítica no lo abatió, sino que lo impulsó a mejorar en todo lo que hacía y así llegó a convertirse, no sólo en un excelente orador sino en un motivador mientras hablaba.

En 1930 inició sus famosos programas de radio, y dos décadas después su audiencia sumaba millones en todo el mundo. Dos meses antes de su muerte, el Papa Paulo VI lo abrazó y lo felicitó por todo lo que había hecho en bien de la humanidad, a la que siempre mostró, que “Vale la Pena Vivir”.”

(Lic. Miguel Ángel Ruelas Talamantes).

El artículo me trajo recuerdos de mi niñez, pues yo también escuchaba sus pláticas. Hoy voy a recordar una en especial que habla sobre la democracia y que en aquellos tiempos no le di el valor que tenía,  sea por mi corta edad o porque vivíamos una democracia plena, y el que no estaba de acuerdo lo convencían con la reglamentaria 45, así fue convencido el padre de unos de mis amigos que cayó abatido por los argumentos metálicos que no dan tiempo para un debate.

Fulton Sheen relató lo siguiente: “Pilato,   juez corrupto y cobarde,  presenta al ‘pueblo’ a Jesús inocente y a Barrabás culpable;  los dos acusados del mismo delito: atentar contra la autoridad del César, y hace la siguiente pregunta: ‘¿a quién queréis que suelte? ¿A Barrabás o a Jesús el llamado Cristo?’”

La pregunta de Pilato tenía todo el aspecto de democracia y libre elección, pero era sólo una falsificación barata.  Reflexionar sobre la pregunta, considerar primero al pueblo a quién estaba dirigida, y luego la pregunta en sí misma. El pueblo mismo no estaba inclinado a ajusticiar a muerte al Señor. Pero algunos demagogos “indujeron al pueblo a que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Siempre hay un grupo descuidado e irresponsable que se infiltra entre la chusma que está lista y a merced de esa clase de oratoria que ha sido llamada “la prostituta de las artes”. El pueblo puede ser mal conducido por los falsos líderes, los mismos que cantan “Hosanna” el domingo, pueden gritar  “Crucifícalo” el viernes.

En esto se revela el gran peligro de la democracia, pues lo que sucedió a esa gente sucede una y otra vez en la historia: el peligro del pueblo degenerado en masa.

¿Cuál es la diferencia? Por pueblo entendemos las personas que toman sus propias decisiones, que son gobernadas por sus propias conciencias, que se dirijan a si mismas por propósitos morales y que defienden el derecho aun frente a la demagogia. Por masa entendemos el pueblo que ha dejado de ser gobernado interiormente por su conciencia, que son influidos en su pensamiento por unos pocos líderes irresponsables de afuera, que son susceptibles del contagio mental de la propaganda y que por lo tanto muestran una predisposición psicológica a la esclavitud.

Lo que sucedió en ese Viernes Santo por la mañana fue que el pueblo, por influencia de propagandistas, se convirtió en masa. Una democracia con conciencia se volvió un gobierno del populacho con poder. Cuando una democracia pierde su sentido moral, puede votar contra la democracia.

Cuando Pilato preguntó: “¿A quién queréis que suelte?”, no estaba presidiendo una elección puramente democrática. Estaba suponiendo que un voto significa el derecho a escoger entre la inocencia y la culpa, el bien y el mal, lo justo y lo injusto.

Pero esto no es cierto. La verdadera democracia nunca vota sobre eso”. (Fulton J. Sheen)

De los políticos nacionales o extranjeros no he escuchado una definición tan profunda sobre el tema.

M.C. José Saúl Torres Quezada*

Consejero Electoral del Consejo Local del INE en Colima

Docente del Instituto Tecnológico de Colima

Correo: [email protected] yahoo.com.mx

Telefono: 3136406