EL MÉDICO, UNA ESPECIE EN CAUTIVERIO

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    Un martes en la madrugada, a las 5 am, tocan a mi puerta bruscamente solicitando atención médica. Muchos se preguntan “¿para qué te asomabas?, ¡ni te hubieras acercado!”, pero 15 minutos antes, había dado de alta a una paciente por picadura de alacrán, a la cual le había recalcado que si volvía a sentir molestias, acudiera de inmediato a la unidad. Al oír el llamado, pensando que era ella, me acerqué a la pared (la cual tiene celosías que permiten ver al exterior y viceversa y mi puerta que es de cristal con marco de aluminio) y me percaté de que era un hombre el quién solicitaba la atención tipo urgencia. Acercándome con cautela, le cuestioné que era lo que ocurría, respondiéndome éste que quería consulta, pues se había cortado la mano y la traía cubierta con un trapo sucio con manchas de sangre. Le pregunté si venía acompañado de alguna mujer, pues le expliqué que por mi seguridad no podría permitirle el acceso si venía solo, o con otro hombre, el cual así era; consigo lo acompañaba otra persona del género masculino, el cual nunca se bajó de la camioneta en la que se transportaban y que siempre mantuvo encendida (otro signo de alarma para mi). Me contestó que con un “por qué” brusco y golpeado, al cual volví a explicar el motivo de mi negación a su acceso. Con voz insistente y alterada, me cuestionaba de manera amenazante si no lo dejaría entrar a mi unidad, al cual le volví a responder la misma explicación ya mencionada. Su insistencia por entrar era más amenazante y sospechosa cada que me cuestionaba el acceso a mi unidad, así que yo, ya sospechando por la actitud de éste individuo, fui poniéndome más alerta. Torpemente, el individuo al ver mi total renuencia a abrirle la puerta, abrió una mariconera que portaba con la mano lesionada y con la otra mano sana, sacó una pistola y apuntándome a una distancia de escasos 15 centímetros, me amenazó con palabras altisonantes derivar la puerta a balazos. Yo firme y aun frente a él, con voz entrecortada le contesté que llamaría a la policía, respondiéndome éste que si yo daba parte a las autoridades, me ultimaría en ese instante. Sinceramente, pensé que sí jalaría el gatillo, pues para donde yo corriera, tendría la más amplia facilidad de ultimarme, pues como mencioné, mi puerta es de cristal y mi pared tiene orificios los cuales tienen la finalidad de visualizar precisamente a personas que se acercan a solicitar atención médica e identificarlas prontamente. Yo parada ante el (mas de miedo que de valor) no cedí; éste, volteando a ver a su compañero desesperado se volvió hacia mí, lanzando su última amenaza; cuando se recuperara, vendría a ultimarme por no haber querido brindarle la atención. Se fue rápidamente sin mirar atrás y se dieron a la fuga rápidamente sin hacer alboroto alguno. Llamé a la policía y puse mi queja. Éstos fueron a dar parte de los hechos, buscando en todo el camino la camioneta ya descrita por mí, y como siempre, pareció que se los tragó a tierra; no encontraron nada. Los policías sugirieron poner mi demanda. Llamé a mi jefe de enseñanza el cual me dio instrucciones de bajarme para trasladarme al ministerio público y poner mi denuncia.

    Mis autoridades jurisdiccionales actuaron con lógica y responsabilidad, reubicándome de comunidad para continuar con mi servicio social, notificando al secretario de salud Dr. Lara Esqueda y al jefe de enseñanza estatal Dr. Rangle Torres. PERO NUNCA A MI UNIVERSIDAD. Yo tuve que hacerlo de mi parte, pues no he dejado de pertenecer a la población estudiantil de la Universidad de Colima. Pero recalco que la jurisdicción número 3 (que corresponde a Manzanillo y Minatitlán) quiso mantener bajo el agua lo sucedido y hacerse de la vista gorda; aun viendo la gravedad de la situación, nos manda un oficio circular a las unidades de salud, exigiendo que no importa la hora en que se dan las consultas pues éstas se tienen que atender a la ahora que sea, de donde sea y como sea, atiborrándonos de más trabajo y aparte, de que nos ponen a realizar sus informes administrativos que a ellos como Secretaría de Salud les corresponde elaborar.

    Y para poder sobrevivir nosotros los pasantes, nos vemos en la forzosa necesidad de poner nuestras propias reglas contrariando a los estipulados por cada jurisdicción, con la finalidad de preservar nuestra seguridad e integridad física.

    El agraviado aquí, será el habitante de la comunidad que desgraciadamente se quedará sin médico y que tendrá que trasladarse a otro ejido en busca de la atención médica, agotando sus recursos y su tiempo.

    Hoy hablo por mí, porque hasta que no vives este tipo de incidentes en carne propia, te das cuenta de la magnitud del problema que se ha convertido en el peor brote para el país como lo es la inseguridad y que estamos en manos de esos delincuentes y no de Dios como debería ser. Exigimos seguridad, y pronta atención a nuestras quejas. Y más especial atención a nosotras las mujeres pasantes que se reubiquen en comunidades no tan alejadas de la civilización.

    Lamento la pérdida de nuestro colega, el Dr. Mario Velázquez Araiza, Médico Residente de segundo año de la especialidad de Medicina Familiar, ultimado a balazos afuera de las instalaciones del hospital General Manzanillo donde cursaba su residencia. Al igual lamento el desgraciado suceso de nuestra compañera pasante en el estado de Nayarit, un desagradable caso, del cual ya no se ha dado seguimiento acerca sobre su estado de salud, pero deseo de corazón que se encuentre bien.

    Ya no más. Por favor. Es una tristeza que el médico sea ya parecido a una especie en cautiverio.

    Fuente: SDPnoticias

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