Por: José Díaz Madrigal
La clase de Literatura en el primer semestre de la prepa, estaba a cargo de una maestra tipo “nerd” una mujer alta de cara angulosa, quizá de unos 45 años de edad. Tenía pelo lacio, negro y abundante; poseía también una nariz aguileña prominente, que trataba de disimular con grandes lentes rectangulares. A leguas se le notaba que ella misma se consideraba una intelectual de izquierda, tal como era la usanza en muchos académicos de aquel tiempo.
Guardaba enorme fascinación y admiración por los rusos y su sistema de gobierno, en época de la Unión Soviética. Decía a propósito de ese tipo de gobierno, el comunista, que era lo mejor que le había pasado a la humanidad; porque allá todo mundo tenía la misma condición económica y social, donde tampoco había credo religioso que esclavizara la mente de la ciudadanía.
La profesora estaba inscrita en la representación diplomática de la Unión Soviética en la ciudad de México, para que cada mes le mandaran una revista conocida como: Boletín Informativo de la Embajada de la U.R.S.S. Algunas veces llevaba esa revista al salón de clases, para que la viéramos los alumnos. Eran éstas revistas del tamaño de un periódico de formato tabloide, con vistosas portadas a colores, a veces con paisajes hermosos y otras con familias rusas que aparentaban pura felicidad.
Una vez hojeando dicha revista, me llamó la atención la noticia de un matrimonio norteamericano, que cansados de la injusticia de su país de origen, decidieron emigrar con sus hijos a la Unión Soviética. Aquella información era todo un acontecimiento, de mucha visibilidad; puesto que ciudadanos de su mayor rival político-militar (estaba en su apogeo la Guerra Fría) prácticamente habían cambiado de bando para irse a vivir con los enemigos. Eso era propaganda.
Para acreditar un examen parcial, la maestra nos hizo comprar un libro de unas mil páginas. Éste libro traía dos obras literarias, de dos autores diferentes, obviamente los dos de nacionalidad rusa. La primera parte del libro traía la novela “La Madre” de Máximo Gorki mientras que la segunda parte del libro venía “El Idiota” de Fedor Dostoievski.
El Idiota -personaje protagonista- trata la historia decimonónica de un hombre de cierta importancia en la realeza rusa, pero de carácter ingenuo tirandole a imbécil; que buscando hacer el bien al prójimo, no veía más allá de sus narices, de lo que en verdad causaba el mal en la sociedad de su tiempo. No quiso o no quería ver la codiciosa obsesión de poder de individuos que para mantener el control de la ciudad -San Petersburgo- cometían las mayores injusticias con la gente humilde.
Esa actitud bobalicona, chocaba con la rigurosa realidad de violencia y abusos que sufría el pueblo. Éste le tomó la medida y lo tenía identificado como un individuo caguengue y cegatón para descubrir el origen de sus males; que para ellos, el pueblo, era evidente que venía de la clase gobernante. Pronto le acomodaron el mote de “El Príncipe Idiota”. La terca incapacidad del Idiota para abrir los ojos y ver la verdad de lo que sucedía, terminó en un rotundo fracaso, llevando con eso el propósito de hacer el bien a una enfermiza frustración, que lo condujo a la locura, acabando sus días encerrado en un manicomio.
En días pasados el expresidente Obrador, salió con la “gran Idiota” de defender a Cuba, ahora que los gringos prohibieron a cualquier nación que exporte petróleo a la isla. Éste impedimento se lleva a cabo para tratar de liberar al pueblo cubano de las garras de la dictadura que padecen. Obrador creó una rapidísima asociación civil, con el objetivo de abrir cuenta bancaria a nombre de esa A.C. y los depósitos donarlos a los cubanos, lo más posible a su cuate el dictador Canel.
Al igual que el protagonista de la novela de Dostoievski, que no quiere ver, Obrador padece del mismo tipo de ceguera, escribió: “Me hiere que busquen exterminar, por sus ideales de libertad y defensa de la soberanía al hermano pueblo de Cuba”. El nombre de la A.C. que formó en tiempo récord, cuando de ordinario dura mucha tiempo, se llama “Asociación Civil Humanidad Con América Latina”. Ese pomposo título, sólo los ingenuos como él se la creen. Es nomás faramalla, pura propaganda engañosa para alimentar a la izquierda. De que libertad gozan los cubanos, cual humanidad tiene su gobierno represor.
Nunca más volví a ver a la maestra de literatura que admiraba a los comunistas. ¿Qué pensaría después que se demostró que ese sistema es un rotundo fracaso? La Unión Soviética desapareció y uno de sus antiguos satélites, Cuba, tiene estertores de moribundo y en México queda un personaje notable, que intenta igualar o superar al protagonista de la novela de Dostoievski. . .
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