EL ENEMIGO DE DIOS, QUE LLEGÓ DE TABASCO

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Por José Díaz Madrigal

Dentro de la vena literaria del actual presidente de México, está un libro de su autoría llamado «Entre la historia y la esperanza» en este libro, hace una descripción de la corrupción y su lucha en contra de ella; cuando fue candidato al gobierno del Estado de Tabasco. Pasando también a nombrar en dicha obra, a algunos personajes importantes oriundos de ese Estado.

Uno de esos personajes por el cual López Obrador siente verdadera admiración y, lo demuestra diciéndolo en su libro llenándolo de elogios y de grata devoción; siendo este el que fuera cacique de Tabasco por más de quince años, Tomás Garrido Canabal. Era este personaje un joven abogado, que también estuvo interinamente a cargo del ejecutivo de Yucatán.

Estando ya a cargo de la administración tabasqueña y en su intención de enterrar la religión en un pozo profundo en todo su territorio; se le ocurrió prohibir a Dios y nombró a un burro «cristo».

Esa fue una de sus mayores características o mérito más emblemático de Garrido, su furioso y extremo anticlericalismo; que superó por mucho a quienes fueron sus jefes: Obregón, Calles y Cárdenas.

Pues estos últimos aunque eran enemigos abiertos del catolicismo; cuando menos guardaron ciertas formas y no se dedicaron a destruir físicamente los templos, como lo hizo Garrido Canabal; a pico, marro y cincel.

Esta campaña de Garrido contra la iglesia católica, no tuvo ningún momento de tregua; durante todo el tiempo que estuvo al frente del gobierno de Tabasco. Las personas eran obligadas a participar en la destrucción de sus templos y altares; mientras que algunos de los lugares de culto, que de chiripa se lograban salvar; eran utilizados para cuarteles o para otro propósito de tipo oficial. En muchas ocasiones, cientos de imágenes religiosas fueron quemadas; en verdaderos festivales de depravación y perversidad.

Las costumbres religiosas fueron declaradas fuera de la ley. Era prohibido colocar cruces en las tumbas, así como también, era delito grave festejar navidad; inclusive, despedirse entre familiares o amigos con un simple «adiós» estabas fuera de la ley. Era tan extremo su fanatismo antireligioso, que en una feria en Villahermosa, en el espacio donde se hacía la exposición ganadera; llamó dios a un toro, virgen de Guadalupe a una vaca, papa a un buey y arzobispo a un puerco.

La persecución de Garrido contra los católicos, incluyó la desaparición y muerte de sacerdotes, por obligación los sacerdotes tenían que casarse. Todas las monjas eran humilladas o maltratadas. Los religiosos que no contrajeran matrimonio, estaban fuera de la ley y eran perseguidos por agentes del gobierno.

Al principio del decenio de los treinta del siglo pasado, fundó un grupo de choque conocido como «Los camisas rojas» al que deberían afiliarse, todo joven entre quince y treinta años. La especialidad de estos grupos era formar escuadrones, o como se dice en la actualidad, porros o anarquistas para golpear o generar grandes disturbios contra los enemigos de Garrido Canabal. Desde su creación se demostró, que eran escuadrones muy violentos, en contra de cualquier rival de Garrido.

El fin de la etapa de Garrido, fue cuando Cárdenas lo nombra Secretario de Agricultura. Llegó a la ciudad de México, con varios integrantes de sus escuadrones de golpeadores, estos continuaron por órdenes de su jefe atacando a los católicos en la capital. Un domingo a la salida de misa en una iglesia de por el rumbo de Coyoacán, armaron un zafarrancho donde hubo varios muertos.

Esto motivó un disgusto con el presidente Cárdenas, que casi a la par en que expulsó a Calles al exilio; también corrió a Garrido Canabal de su gabinete, terminando así, la etapa pública de este siniestro personaje.

Un historiador tabasqueño, contemporáneo de él; lo describe del siguiente modo: monstruo frio, represor, constante en el rencor; odio disfrazado de carisma, terco en sus decisiones negativas; violento en el castigo y la venganza. Desconfiado ante la luz ajena, egocéntrico absoluto, desprecio por la cultura, escaso en información general; audaz en sus explosivas ideas y altanero en su papel de jefe.

A grandes rasgos, esta es la imagen de uno de los grandes ídolos de López Obrador, su paisano: Tomás Garrido Canabal, este en sus tarjetas de presentación, mandaba imprimir la siguiente leyenda. . . Tomás Garrido Canabal, gobernador de Tabasco y «ENEMIGO PERSONAL DE DIOS».