Por José Díaz Madrigal
*Para Pancho que cumplió años el 02 de abril.
Hubo una época aquí en Colima, en que las zonas de la ciudad se identificaban más por los barrios que la componían, que por los mismos nombres de las calles que las atravesaban. A los barrios generalmente se les asociaba por la ubicación de una Iglesia, de un jardín o de una tienda. Todavía en la parte centro de la ciudad, se observa en algunas esquinas una que otra placa que colocó un Ayuntamiento, con los nombres de los barrios a que corresponden.
Antes de que existieran las colonias o fraccionamientos, cuando a cierta persona se le preguntaba por su domicilio, ésta daba la calle y el número; pero si quería puntualizar mejor el rumbo, también agregaba, por ejemplo: mi casa es por el barrio de La Campana. Que era el nombre de una tienda.
Había barrios de calles elegantes, con residencias grandes y bonitas tales como La Sangre de Cristo, La Concordia o El Beaterio; sin embargo también había las barriadas de raza brava y peleonera, que no permitía que chiquillos o jóvenes de otros barrios, asomaran las narices a sus dominios, porque se las hacían de jamón. Esos barrios de malditos, eran los del Venado, los del Agua Fría, los de La Lerdo o El Mezcalito.
De las tiendas que dieron nombre a los barrios, la mayoría ya desapareció quedando en el olvido. Sólo por mencionar algunas de éstas, estaban: La Barca de Oro, El Campo Dos, El Agua Fría, El Alacrán, Los Osos, La Luna, La Colmena, El Puerto de Mazatlán, El Ferrocarril o El Dos de Abril.
Fueron nombres de tiendas que duraron por muchos años, la designación de éstos por sus respectivos propietarios, no eran de casualidad, tenían su razón de ser. Así La Barca de Oro que era muy próspera, demostraba éxito y opulencia; La Colmena daba idea de montones de clientes que se reunían como en panal de abejas, El Dos de Abril, era una reminiscencia de un admirador de don Porfirio Díaz; que precisamente en esa fecha pero del año 1867, en un duro combate arrebató a los inversores europeos, la bien protegida ciudad de Puebla.
Dos años antes de la Batalla del Dos de Abril, Díaz estaba preso en esa ciudad de la que pudo escapar y, luego casi de la nada, debido a su genialidad de liderazgo, recorriendo los estados del sur de México, logró consolidar el llamado Ejército del Oriente, del cual él era su jefe. Con éste empezó la contraofensiva para sacar a los invasores de nuestro país. A parte de ser líder natural, don Porfirio era gran estratega militar; con cada victoria aumentaba su prestigio. Los invasores no dejaban de tener un ejército fuerte y bien pertrechado. De ahí sale el mérito del general Díaz, que a base de arrojo y astucia derrotó a los franceses en Puebla por segunda ocasión y, poco tiempo después tomó la ciudad de México, que se rindió a sus pies sin disparar un sólo tiro.
Crónicas acerca del período en que don Porfirio gobernó México, refieren que la fecha del Dos de Abril, tenía similar importancia que la del 5 de mayo, que fue la primer Batalla de Puebla, en la cual también participó el general Díaz como encargado de un cuerpo del ejército, porque el mero mero fue en esa batalla, Ignacio Zaragoza.
En tiempos de la primaria había un amigo de mi abuelo José, con el cual muchas tardes platicaban de historia; entre otras cosas recuerdo que le comentaba: mira José, yo brindo por don Porfirio el mejor presidente que hemos tenido los mexicanos, porque él si sabía gobernar, tenía la capacidad de ejercer su autoridad sin temblarle la mano, conocía como fino y atinado psicólogo el modo de controlar a la gente. Poseía la virtud de guiar y dirigir a sus gobernados, con un don de mando justo. No permitía actos corruptos entre sus funcionarios o gobernadores de la República, ni tampoco toleraba ladrones en los campos o las ciudades.
En tiempos de don Porfirio México creció como nunca, se tenía un peso fuerte que costaba la mismo que un dólar. Los precios de productos básicos no subían, al contrario de un año a otro bajaban. Había pues, mucho trabajo y prosperidad y sobretodo nos dió paz y seguridad.
Posiblemente el dueño de la tienda el Dos de Abril de aquí de Colima, debió ser una persona al igual que el amigo de mi abuelo: sentía verdadera admiración por un presidente de respeto, responsable con su pueblo y que fue injustamente calumniado y desacreditado por los historiadores del oficialismo. Éstos cancelaron toda conmemoración que fuera alusiva a don Porfirio.
Comparativamente con lo que padecemos en la actualidad los mexicanos, por falta de lo que abundó en tiempos del general Díaz: prosperidad, paz y seguridad. Como el amigo de mi abuelo. . . ¡Yo también brindo por don Porfirio!
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