Despedida a un buen maestro

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    Mención especial merece la despedida que se le brindó en ese acto, a un insigne maestro colimense acaecido la mañana del jueves 12 de mayo, días antes de dicha ceremonia; me refiero al profesor Octavio José Amador Jiménez. El maestro Amador Jiménez, quién también más tarde obtuviera el título de licenciado en Derecho, nació un 25 de noviembre de 1940, en estas tierras colimotas, fue hijo de don José Amador García y doña Glafira Jiménez Gaytán, ambos maestros de buena cepa, quienes procrearon siete hijos, a los que inculcaron su amor por la enseñanza, dedicándose todos ellos al magisterio.

    El maestro Octavio Amador se casó con la profesora María Magdalena Chávez Polanco, fiel compañera que lo apoyaría hasta el último de sus días y con quien formaría una bella familia de cuatro hijas, Norma Cristina, Mónica de Carmen, Dora Estela y María del Alba, mujeres orgullosas de las enseñanzas de su padre. El maestro Octavio inició su labor docente en el municipio de Tecomán, donde recorriendo con paciencia diariamente la antigua carretera, llegaba gustoso a compartir su saber, haciendo siempre énfasis en la Historia, asignatura favorita del profesor, quien se deleitaba narrando la historia de México y del mundo; nunca se le reconoció públicamente, pero el profesor dominaba con excelencia los más mínimos detalles de esta disciplina, por citar algunos ejemplos: la Independencia, las guerras mundiales, la época cristera, etc.

    Podía relatar en el acto extensas líneas del tiempo, donde relacionaba hechos simultáneos acontecidos en diferentes lugares. Su genuino interés por compartirla, lo llevó a donar su colección de objetos de la Revolución Cristera, al Museo Regional Cristero que abriera sus puertas hace unos años en esta ciudad.

    El maestro Octavio Amador trabajó posteriormente en otros municipios de la entidad en diferentes niveles de la educación, además llevó a cabo una lucha constante a favor de los derechos del magisterio, por medio de asesorías jurídicas y gestiones legales. Asimismo ocupó cargos como Juez de lo Penal, y Juez del Registro Civil, durante el mandato municipal del licenciado José Luis Santana Rodríguez, distinguiéndose durante todo su ejercicio por su sensata y justa actuación en todas las tareas que participó.

    Sin duda alguna, su mayor satisfacción en sus últimos años fue ver perpetuada a través de sus hijas Norma Cristina y Mónica del Carmen, su pasión por la educación y por conservar los principios de valor por los hechos pasados, que constituyen una guía para nuestro presente, porque finalmente “somos lo que recordamos”. Descanse en paz el querido maestro Octavio Amador.