Dejan Escuela para Cortar Limón en Colima

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    Este joven que soñaba con ser profesor, no tuvo más opciones que el trabajo en el campo; sus hermanos más pequeños van por el mismo camino.

    Delgado, moreno de 1.60 metros de estatura, Manuel empieza su día poco antes de las 6:00 de la mañana, se viste, en tanto que su madre prepara la comida para llevar.

    «Qué flojera, tengo sueño y todavía hay que esperar a que pase el camión», dice mientras se arregla.

    Sale acompañado de dos hermanos, Pedro y Francisco, y su mamá, María, a tomar el camión de redilas que los llevará a trabajar; los otros miembros de la familia se quedan con la abuela, quien los llevará a la guardería.

    El vehículo previamente realiza un recorrido por varios puntos de la ciudad de Colima recogiendo a más trabajadores, una gran parte son menores de edad.

    A las 6:50 horas se hace una parada en una tortillería en la que los jornaleros se abastecen. Después, se hace lo mismo en una tienda de abarrotes en la que compran pan o algún refresco.

    Son las 7:20 y el camión ha llegado a la entrada del rancho en el que los trabajadores cortarán el limón. Los charcos de la lluvia que cayó durante la madrugada «adornan» la brecha que atraviesa por los huertos.

    Las ramas de los limoneros bloquean parte del camino y por tanto todos los que van en el camión deben irlas esquivando.

    A las 7:40 cada trabajador está ubicado en el surco de limoneros que le fue asignado para cosechar.

    Ahí, sobre las cajas de plástico vacías que llenarán con el cítrico, comienzan a almorzar, siempre espantando los zancudos que se amontonan sobre la piel.

    María, la madre de Manuel, sostiene una discusión con uno de sus hijos, el de 4 años; el pequeño se niega a comer el huevo con chicharrón que su madre llevó.

    «Tienes que comer, porque si no, no vas a aguantar hasta la tarde», dice la madre mientras el niño, llorando, recibe el taco.

    El reloj marca las 8:00 de la mañana y todos comienzan a cortar limón. La maleza está mojada, los árboles igual, así que nadie se escapa de empaparse.

    La meta es que Manuel coseche seis cajas de cítrico, sus hermanos tres y la madre 14, representando para la familia un ingreso de 276 pesos.

    A las 11:30 de la mañana Manuel junto con su mamá y hermanos toman un descanso para beber agua; también aprovechan para comer un pan, pues el trabajo les desata el hambre.

    Después de 10 minutos hay que regresar a la actividad.

    Mientras trabaja, este joven de 13 años canta para hacer más ligera la jornada. Su música favorita es el hip hop, aunque también le agradan las canciones de moda de Lady Gaga; con mala pronunciación del inglés refiere «Bad Romance» y «Poker Face».

    «My poker face. corto limón. ga, ga», canta alterando la letra de una de las canciones que le gustan.

    Entre canciones, Manuel relata que antes recibía una beca del programa Oportunidades, del gobierno federal, sólo que el recurso era de 280 peso mensuales y no le alcanzaba para cubrir sus gastos.

    Ya para las 2:00 de la tarde, el menor con sólo unos tacos y un pedazo de pan en el estómago, al igual que su familia, apenas está por completar cinco cajas de limón; después de esta hora ya no se puede avanzar mucho, pues como él mismo refiere, el Sol no deja.

    «Ahorita ya se la lleva uno ‘papita’ (con calma), porque el Sol está fuerte y se cansa uno más».

    A las 15:50 horas ya son seis las cajas que lleva, así que es hora de prepararse para regresar a casa, pues el camión que los llevará pasa a las 16:00 horas.

    En una hoja de libreta anota su nombre y la cantidad de cajas, para que cuando el tractocamión se las lleve sepa de quién son. Por cerca de ocho horas en pleno rayo del Sol, Manuel ha ganado 72 pesos por el limón que cosechó.

    Visiblemente cansado, con la piel tostada por el sol, toma sus pertenencias y sube al vehículo que lo regresará a casa y en el que volverá al día siguiente, sin otro horizonte que el del surco que le será asignado.

    Al llegar a casa, Manuel añora recostarse en el cuarto de madera que comparte con cuatro de sus hermanos, pero debe salir rumbo a casa de la abuela a recoger a sus hermanos que permanecían en la guardería mientras él, en su calidad de hermano mayor, conseguía dinero para apoyar a la familia.

    CONTEXTO

    Hay millones de ‘Manueles’

    En México hay 3.5 millones de niños que al igual que Manuel realizan alguna actividad económica para ayudar a sus familias, según estadísticas del INEGI, difundidas en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.

    Colima no escapa a la dinámica de otras entidades en cuanto al trabajo infantil y esto ha generado que instituciones como el DIF pretendan apoyar a los menores para que no cambien la escuela por el trabajo.

    Sin embargo, la aportación que la dependencia da a los niños es de apenas 800 pesos cada cinco meses. De ahí que sólo 119 pequeños hayan recurrido a este beneficio.

    (Martín Aquino / Agencia Reforma)

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