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El maracuyá es una de las frutas que se han sabido aprovechar en diversos sectores, desde la cosmética, la dermatología y la herbolaría. Por supuesto, uno de sus usos más populares tiene que ver con la gastronomía.
De color amarillo brillante y repleto de semillas cafés, de este alimento se extrae la cáscara y la pulpa para elaborar mermeladas, jarabes, dulces, helados, pasteles y también condimentos.
Y con justa razón, pues es rico en nutrientes como la vitamina A y C, fibra, antioxidantes, hierro, zinc, magnesio, cobre, fósforo y selenio. Aunque la mejor manera de obtenerlos en mediante la elaboración de jugos.
¿Qué enfermedades previene el jugo de maracuyá?
De acuerdo con el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), dicho fruto tropical es originario de América. Su pulpa tiene un sabor ácido por la presencia de sustancias volátiles (ésteres y monoterpenos), mismo que también le dan su característico aroma ligeramente cítrico.
En la medicina tradicional, el maracuyá se emplea como “diurético, digestivo, sedante y antidiarreico”. De hecho, en algunas regiones del país también se aprovechan las hojas de la planta para preparar infusiones como auxiliares en el tratamiento de la tos, constipación, insomnio, cólicos en infantes y el dolor de articulaciones.
Además, sus nutrientes actúan sobre diversos sistemas del cuerpo para mantenerlo en óptimas condiciones:
- Sistema nervioso: El maracuyá contiene flavonoides y alcaloides que pueden ayudar a reducir la ansiedad y el estrés.
- Sistema digestivo: Es rico en fibra, por lo que regula el tránsito intestinal y previene problemas como el estreñimiento.
- Sistema inmunológico: Al ser rico en antioxidantes, protege las células del daño oxidativo y disminuye el riesgo de enfermedades crónicas.
- Sistema cardiovascular: Su consumo puede ayudar a controlar la presión arterial, gracias a su contenido de potasio y otros minerales.
¿Por qué le dicen “fruta de la pasión” al maracuyá?
Una de las curiosidades de este fruto es su seudónimo: “fruta de la pasión”. Este peculiar nombre proviene de la religión, específicamente de los misioneros españoles de Sudamérica. Veían a la planta en la que crece como un símbolo de la Crucifixión de Cristo.
Con información de El Universal

