Por: José Díaz Madrigal
La antigua ranchería de Cardona, estaba ubicada a unos dos kilómetros aproximadamente de la Cardona actual. Quedó deshabitada en el año de 1967, cuando los residentes buscaron un mejor lugar para la llegada de servicios y de comunicación por un camino de terracería.
Teodoro fue uno de los viejos moradores de aquella Cardona desaparecida -que dicho sea de paso, estaba situada en la ribera oriente del Río Cardona- quien contó la siguiente historia: allá en el Cardona viejo, había un vecino que tenía su casa más cercana al playón del río que las demás casas.
Esta familia se componía del papá, la mamá y dos hijos. Era fama en esa comunidad que la esposa tenía un modo difícil y problemático; por tal motivo no faltó alguna señora, de esas ocurrentes y atinadas para los apodos que le acomodaron el sobrenombre de reboso de dos visitas; puesto que cuando le daba la gana contestaba los saludos y cuando andaba de malas de plano era majadera. Diríamos en términos modernos. . . Bipolarona.
Pues resulta que cierta noche en temporada de lluvias, cayó un tremendo y prolongado aguacero, provocando una gran crecida del río. En la urgencia de salir de la casa por la embestida del agua, aquel marido agarró a los dos hijos para llevarlos a un lugar alto, gritando a la esposa que lo siguiera de inmediato, pero ella se regresó a recoger un collar que le gustaba. Cuando volvió el marido por su cónyuge, ya no estaba ni ella ni la casa, se los llevó la corriente.
Tres días después aquel hombre caminaba por la orilla del río, ya sin las aguas embravecidas. De repente se encontró a un conocido de La Estancia que andaba arreglando unos acachales. Al verlo le platico lo que le había pasado con la crecida del río.
Fíjate que desde que me acuerdo, nunca habíamos tenido una crecida tan grande. El río me dejó sin casa y sin “vieja”. -¡Ah! Vale, que pena que te quedaste viudo- contestó el oriundo de La Estancia. -Oye, pero veo que vas caminando río arriba, en vez de que le des allá para abajo-. Mira Javier -así se llamaba el estanciense- mi mujer en todo me llevaba la contra, así que no dudo ni tantito que se haya ido a contracorriente, en dirección opuesta al torrente, por eso voy camino aguas arriba.
La crecida del río sucedió durante el ciclón del 59, así que tiene algo de verdad ese cuento relatado por aquel viejo morador de la antigua Cardona; que es un gran conversador con más de 80 años a cuestas. Esa narración la comentó a modo de preámbulo para referir las dificultades con una nuera.
Su hijo se había casado con aquella muchacha por puro capricho, sin aceptar ninguna clase de consejos. El papá y algunos tíos, le habían advertido que esa chica procedía de una familia de naturaleza conflictiva. Que sí ahorita se portaba “nice” -le dijo uno que era norteño- en el transcurso del tiempo va a salir a flote su verdadera personalidad.
Como quiera que sea, el muchacho se armó, tercamente no hizo caso de lo que le decían y se aventó como el Borras, casándose con la joven.
Pasaron los años y efectivamente salió a relucir el mal carácter, la esencia de su identidad complicada y pendenciera; amargosa, regañona, negativa; nada le parecía bien. Aunque trataba de ser agradable con poquísimas personas. Sin embargo en el círculo cercano, con la familia era el mismo Demonio de Tasmania.
La última vez que salieron como pareja, fueron al cine a ver una película de estreno, La Cristiada con Andy García. Ésta trata la historia basada en hechos verdaderos de acontecimientos que sucedieron en tiempos de La Resistencia Cristera hace 100 años. La obra cinematográfica tiene un contenido dramático con final tristón.
El hijo de Teodoro demasiado sensible, no pudo evitar que se le rodaran las lágrimas. La esposa lo vió y sin pelos en la lengua le dice: Tú eres un pendejo, esa clase de películas las hace el gobierno para tener a la gente apendejada, a tipos como tú que se dicen religiosos y creyentes. En cambio observarme a mí, entera, sin creer en nada de esa pinche película.
Fría y dura de corazón, con el alma negra resultó aquella nuera. Alrevesada de pensamiento. Como nos causó mortificación, por contreras, has de cuenta la mujer aquella que se la llevó el río a contracorriente.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

