Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
Prevenir no es alarmar. Prevenir es actuar antes de que el daño se haga irreversible. En ese sentido, la decisión de la senadora Mely Romero Celis de impulsar un proceso de capacitación para ganaderos ante la amenaza del gusano barrenador es un acto de responsabilidad. Pero también es una muestra del tipo de liderazgo que se necesita cuando las autoridades permanecen pasivas o simplemente niegan la realidad.
La crisis ya está aquí. La presencia del gusano barrenador en la región sur del país provocó el cierre de exportaciones de ganado hacia Estados Unidos, con pérdidas millonarias para el sector. Esta situación, lejos de ser fortuita, es consecuencia directa de la desarticulación de políticas públicas durante el sexenio de López Obrador. Desaparecieron programas, se desmantelaron estrategias y se relajaron las normas sanitarias, lo que propició esta crisis acosta de la salud pública.
Por lo tanto, no es extraño que ahora los efectos sean palpables. Ni tampoco es sorprendente que la respuesta venga de quienes, desde su trinchera, siguen comprometidos con el campo mexicano: Mely Romero, como dirigente de la CNC en Colima, dio un paso adelante. En lugar de esperar una reacción tardía, organizó una capacitación dirigida a las y los ganaderos, donde expertos nacionales y locales explicarán cómo identificar, prevenir y reportar la presencia de esta plaga. Se hablará de los cuidados necesarios, los baños plaguicidas, el monitoreo de becerros y el uso de herramientas prácticas que pueden marcar la diferencia.
Esto no debería ser tarea exclusiva de una organización campesina. Las autoridades estatales y federales deben sumarse. Porque la falta de acciones concretas y oportunas pone en riesgo la soberanía alimentaria, la economía del sector y la sanidad del hato ganadero.
De ahí que iniciativas como la de la senadora Romero sean necesarias, pero también sintomáticas. Revelan un vacío institucional. Y aunque no se trata de exhibir ni confrontar por confrontar, resulta inevitable contrastar esta proactividad con la ausencia de estrategias oficiales contundentes.
No es la primera vez que Mely Romero levanta la voz ante afectaciones al sector agrario. Lo hizo cuando desaparecieron programas de apoyo al campo. Lo hizo cuando las mujeres campesinas fueron excluidas de las prioridades presupuestales. Y lo hace ahora, ante un riesgo que ya tiene consecuencias económicas reales.
Consecuentemente, el llamado es claro: sumar esfuerzos. Las autoridades deben dejar de ver como competencia lo que es, en realidad, una oportunidad de colaboración. Sólo con sinergias reales se podrá frenar una crisis que amenaza con agravarse. No hay cabida, ante el apremio de la actual circunstancia, para mezquindades partidistas.
Dos puntos
Cuando el gobierno comparte las responsabilidades, también puede compartir las culpas. Pero si decide ignorar los llamados de quienes sí actúan, entonces quedará claro que la omisión también tiene nombre y apellido.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

