CAM, POR LA DIGNIDAD DE LA MUJER

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TAREA PÚBLICA

Por: Carlos Orozco Galeana

El pasado 10 de octubre el Centro de Apoyo a la Mujer Griselda Álvarez, A.C., creado bajo el gobierno de esta última,  cumplió 37 años de haber sido fundado. Por un aniversario más, transcurrido en medio de una gran crisis económica, valió la pena el cúmulo de actividades programadas para recordar ese paso en firme para proteger los derechos de las mujeres.  

El famoso CAM, dijo su primera directora, María del Carmen Nava Pérez, atiende problemas “vinculados a la  prevención de la violencia de género, a la atención a mujeres que sufren la violencia, al trabajo de incidencia en los ámbitos e instancias donde se toman decisiones orientadas al logro de la equidad de género y la eliminación de la violencia”.

La labor del CAM ha resultado dañada “porque  no hemos recibido el recurso aprobado por el Congreso del Estado en este año 2020, recurso que todavía estamos gestionando; hemos continuado con las actividades de nuestro plan de trabajo anual, porque este espacio y los servicios que se brindan son más que nunca necesarios.” 

A nivel nacional las cosas no andan mejor. En su versión de la realidad, el gobierno federal justifica la reducción presupuestal con la austeridad republicana e insiste que protege a las mujeres más que ningún otro gobierno anterior. Pero en los hechos, la vida cotidiana de ellas ha cambiado poco pues: siguen viviendo violencia doméstica,  inseguridad en el transporte, el acoso en la calle y ene l ámbito laboral, el maltrato, la discriminación, la explotación sexual, la muerte.  

Ofrece el CAM datos sobre violencia:

 El 100% de mujeres vive la violencia psicológica; el 33% la violencia física; el 40% fueron víctimas de abusos sexuales, en su mayoría cuando eran niñas o adolescentes, más de la mitad por un  familiar cercano y hay quienes estuvieron a punto de ser asesinadas por su pareja, por estrangulamiento, lesiones o amenazas con arma de fuego o arma blanca. En lo que va del año, han sido asesinadas 71 mujeres. Estamos en primer lugar respecto a los delitos de violencia familiar y en el número 13 con relación a los delitos de violación”.

Como se aprecia simplemente, esta institución, contra viento y marea,  ha dedicado su existencia a fortalecer la dignidad de la mujer, protegiéndola para alcanzar un status que le permita ejercer sus derechos plenamente. Ha sido muy difícil avanzar en una sociedad machista, violenta, muy agresiva hacia las personas, principalmente contra las que no pueden valerse por sí mismas por motivos culturales y de falta de educación y motivación. Siempre, el CAM ha estado ahí, haciéndose uno con las quejosas, a las que inspira confianza.  

Los datos arriba  citados sobre las condiciones en que se desenvuelve la vida de las mujeres, constituyen un drama sin visos de terminar. Ser mujer se ha convertido en sinónimo de ser víctima fortuita o deliberada de la violencia de los hombres. Asombra cómo los gobiernos minimizan y evaden esta realidad, han sido omisos y culpables  en el presente y ante la historia que registra altas tasas en crímenes e impunidad total.  

Durante algunos años, el CAM ha sido calificado como una entidad “problemática” por diferentes gobiernos que no han entendido su misión. Eso ha repercutido en los niveles de atención de casos, como en este año en  que los diputados aprueban presupuestos para aumentarse sueldos y canonjías,  para sí mismos, pero no para instituciones que, como el CAM, son garantía de que las mujeres serán escuchadas y salvadas de la violencia. Ya que otras instancias gubernamentales no pueden impedirlo, por las razones que sean, al menos que se les dote de los recursos a las asociaciones que sí cumplen con metas y objetivos que propusieron desde su creación.  

Exhortación final de María del Carmen Nava: Como sociedad nos corresponde cambiar las relaciones violentas en el seno de las familias, que son el germen de las demás violencias que padecemos. Necesitamos que la sociedad desnaturalice la violencia y acompañe esta lucha en la defensa de los derechos humanos de las mujeres, en especial el derecho a vivir una vida sin violencia. No queremos ni una mujer golpeada o asesinada”.

Reafirmo esa necesidad que indica la exdirectora del CAM: hace falta familias más equilibradas, unidas, estructuradas, que permitan  una evolución de todos sus integrantes con bases firmes.  También falta en Colima  un espíritu combativo de todos los sectores sociales,  que haga salir al Derecho de las catacumbas de la mediocridad y el disimulo. 

Que tenga larga y fructífera vida el CAM, ejemplo de lucha, de perseverancia y constancia, de resultados a favor de las mujeres.    Mi reconocimiento sincero para su directiva.   

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