BALDO EL TUBERO: LA TUBA QUITA LO “NANGUITO”

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    Llegó a Colima a los seis años, proveniente de Villa Corona, Michoacán. Hijo único. A los nueve años, como era la costumbre, “nomás pudiendo la guadaña”, comenzó a trabajar en el campo. Le pagaban cinco pesos el jornal; a los adultos les pagaban 10.

    Esteban Sandoval, su padrastro, era tubero, músico y sabía hacer calzado de gamuza, chamarras de piel y camisas de venado, oficio que le enseñó a Baldo muy bien, pero que a él nunca le gustó porque lo dejaba “hediondo”.

    “Para mi mamá yo era su diosito, así que me traía muy bien presentado, pero cuando trabajaba la gamuza, la piel de venado, por más que me bañaba, apestaba. Iba al cine Alameda y la gente decía, ‘qué huele tan feo’, y yo decía para mí: Es Baldo, y me daba mucha pena”.

    Ya a los 17 años, su padrastro le enseñó el oficio de tubero. La primera lección fue hacer los escalones a la palma con un machete, “pero bien hondo para que cupieran bien los pies, no como ahora que en cuanto nomás caben los dedos, por eso se han matado varios”.

    Segunda lección, trepar la palma, de 6 a 8 metros, para bajar la sabia: la tuba natural.

    Tercera lección, hacer lo mismo en ocho palmas, todos los días, dos veces al día, una en la mañana, otra en la tarde.

    Cuarta lección, salir a las calles a venderla, en la mañana tuba natural, en la tarde tuba compuesta.

    Aunque parecía un trabajo duro, a Baldo le encantó.

    “Conocí yo nomás la tuba y me liberé de tanto cacique que quería pagar a 10 pesos el jornal”.

    LA TUBITA, UNA CHULADA

    El primer día de 1948 Baldo se convierte en tubero, se acuerda perfectamente: “Porque un día antes nos fuimos con unos amigos a festejar al mar, éramos campesinos, todos del barrio, y yo puse la tuba. Fuimos a festejar a Cuyutlán y al otro día empecé a vender”.

    Ahora, han transcurrido 63 años y Baldo sigue vendiendo. Tiene 82 años y él solo lleva la tuba a la vieja usanza, en unas balsas rústicas que penden de sogas atadas a un palo que se carga a la espalda. Trabaja de 10 de la mañana a 3 de la tarde. De lunes a sábado va a la Universidad de Colima y al Complejo Administrativo, y los domingos a la comunidad de El Trapiche.

    Nunca ha pensado en cambiar de oficio, ya que siendo tubero, dice, ha sido feliz y pudo sacar adelante a su familia, compuesta de su esposa Vicenta, a la que de cariño “porque está chulita”, le dice “Chentita”, y a sus siete hijos: “De aquí estudiaron mis hijos, todos son profesionistas, tengo contador, licenciado, ingeniero agrónomo y 5 maestras, todo de la tubita, una chulada”.

    Pero eso sí, confiesa, le hubiera gustado ser maestro de historia.

    He aquí la otra parte de la personalidad de Baldo, su gusto por convivir con los jóvenes, por escucharlos y darles consejos, pero no como lo haría un padre, sino como lo haría un cuate, un padrino, un hombre que como dice el dicho sabe más por viejo que por diablo, porque eso sí, Baldo, aunque respetuoso, dice las cosas como son y dice cabronadas y mentadas de madre para explicarse y no se ofende si los estudiantes se las regresan.

    “He leído mucho de filosofía, por eso el gobierno hace lo que quiere porque la gente no lee. Por eso les digo, tomen tubita pa´ que se les quite lo nanguito cabrones, estudien y serán chingones”.

    “En paz descanse, me decía el ex gobernador Silverio: ‘Miren muchachos ¿por qué creen que soy lo que soy? Por la tubita de don Baldo, eso me quitó lo nanguito” (ríe).

    “Y a veces me decía Silverio ‘Ando bien pendejo Baldo, dame un vaso grande” (más risas).

    “Yo por eso digo que con la tuba mandé a la chingada a los caciques. Ahorita no hay como el comercio”.

    LA UNIVERSIDAD

    Aunque no haya estudiado, Baldo se siente universitario y ve como segunda casa a la Universidad de Colima.

    Ahí ha vendido su tuba desde hace 60 años; le vendió tuba a la primera generación de licenciados y desde entonces ha convivido con generaciones y generaciones de médicos, enfermeros, abogados, contadores, administradores, políticos, psicólogos; unas carreras brillantes que llegan a ser rectores, gobernadores, empresarios ricos, diputados, alcaldes, senadores, inventores, en fin, eminencias en sus áreas; y otras carreras que se van al traste y las que nunca se logran concretar. El caso es que se conoce de pe a pa la historia de la Universidad de Colima y si Baldo hablara…lo que no diría…

    Pero su inicio de tubero en la Universidad se remonta a cuando la casa de estudios iniciaba, allá por la avenida 27 de septiembre.

    “Había un rector, Jaime de la Madrid, y vinieron a jugar los de Armería, Tecomán, Manzanillo, y me dice:

    -Baldo, allá hay mucha gente jugando, ve a venderles.

    -No, no puedo entrar, a lo mejor se enoja el rector.

    -No, yo soy el rector. Cuando salga de aquí te voy a recomendar para que te den permiso de vender.

    “Y sí, estaba la cancha llena”.

    Ahí empezó, “luego se cambió la Universidad y ahí voy yo detrás de ellos”.

    A la par que vende su tuba, los muchachos lo bromean, Baldo bromea con ellos, a algunos los llama “huevones”, a algunas “cuachalotas”, pero también tiene momentos de plática seria, le confiesan tristezas, broncas y como hombre sabio les aconseja.

    “A las muchachas les digo, cuídense, tú tan bonita no vayas a darle amor al novio. ‘No don Baldo’. Al rato las veo tristes: ¿le dites amor al novio? ‘Sí don Baldo’ y luego las veo panzonas: Ahí está, ¿dónde está ahora el novio?”

    “A los chamacos les hace falta un buen consejo, de sus maestros, de sus papás. Además, ahorita ya no saben historia, no saben qué presidente fue bueno, cuál fue malo, cuál fue traidor”.

    Y con los egresados, cuando Baldo los encuentra, con su buena memoria, también les recuerda sus compromisos, en lo que habían dicho cuando eran estudiantes. No se le olvida.

    EL GOBIERNO

    Y es que, así como se colocó en la Universidad de Colima, ahora dice, encontró en el Complejo Administrativo de Gobierno, otro mercado, pues cuando visitó el lugar se encontró con que la gran mayoría son sus conocidos, los que estudiaron en la UdeC, y en ese lugar se mata menos y vende igual.

    VIDA PERSONAL

    Actualmente, confiesa Baldo, atraviesa un mal momento familiar, pues tiene a su esposa Chentita con embolia, además de que ya le dio también un infarto. Sus hijos afortunadamente están bien y tiene una persona que cuide a su señora, por lo que él puede seguir trabajando y dice que lo seguirá haciendo porque se siente muy bien de salud.

    Baldo es un hombre fuerte, macizo, que a los 70 años dejó de subirse a las palmas para bajar él mismo la tuba.

    “Ahora la compro, pero no me dan gato por liebre, me la llevan buena, recién bajadita; me la lleva un muchacho de Los Asmoles”.

    Son ya 63 años de vender tuba, otros tuberos de memoria, como José “El Picho” duró 40 años, José “La Viejita” también, y Baldo sigue.

    “Yo vendo la tuba natural y la tuba compuesta. Tengo vasos de 6 pesos, de a $10, de $15 y el de $20 pero eso solo los compran los panzones, según el sapo es la pedrada”.

    Con Baldo se acabaría la tradición en su familia, dice, porque a ninguno de sus hijos los puso a vender tuba.

    En tanto, ahí lo encuentran en la Universidad, por la Facultad de Medicina, o en el Complejo Administrativo, para que prueben la tuba de Baldo, que quita lo “nanguito” y no le falla, dice riendo.

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