Alito VS Noroña: síntomas del autoritarismo

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Bitácora Reporteril

Por: César Barrera Vázquez

 El encontronazo a empujones y manotazos entre Alito Moreno, dirigente nacional del PRI, y Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado, es más que un espectáculo bochornoso: es reflejo de una democracia enferma, erosionada por la polarización, la incivilidad y, sobre todo, la falta de diálogo.

 Morena, amparado en una mayoría construida a través de alianzas cuestionables y procedimientos de dudosa constitucionalidad, ha cerrado los cauces del debate parlamentario. Lejos de propiciar el consenso, impone su agenda sin escuchar, invisibilizando a las fuerzas de oposición que también representan a millones de ciudadanos.

 En ese contexto, la reacción de los senadores opositores —aunque reprobable en forma— es síntoma de una descomposición política mayor. Cuando el diálogo desaparece, la violencia simbólica y física se vuelve el último recurso frente a un oficialismo que actúa con arrogancia, cinismo y sin contrapesos.

 No es la fuerza de la razón y sus argumentos lo que sostiene al régimen de Morena, sino la maquinaria de la imposición. Y es ahí donde radica el mayor peligro: en la reedición de un sistema autoritario que, como en el viejo PRI de los 70 y 80, anulaba la pluralidad y sofocaba las voces disidentes.

 Si se continúa por esta ruta —la del cerco legislativo, el desprecio a la crítica y la concentración del poder—, lo que sigue será una espiral de confrontación que sólo profundizará el desencanto social y la crisis institucional. La historia ya nos enseñó, con dolor, lo que ocurre cuando se cierran las puertas del diálogo.

 Dos puntos

 El doctorado honoris causa otorgado por la Universidad de Colima a Juan Villoro no sólo honra una trayectoria literaria brillante, sino que reivindica la palabra como herramienta crítica. En tiempos donde reina la banalidad y la lectura se arrincona por la tecnología de la inmediatez, reconocer a una de las voces más lúcidas del idioma español es también una postura, activa y necesaria que deben asumir las universidades públicas. Hoy más que nunca.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.