AL DESNUDO

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DESTAPADOS

Por: Édgar Rodríguez H.

El fin de semana anterior, en perfecta sincronía, dos aspirantes a la gubernatura del estado para el sexenio 2015-2021 se destaparon. En la ciudad de Colima de forma discreta, según los propios asistentes, lo hizo el Subsecretario de Comunicaciones del Gobierno Federal, José Ignacio Peralta Sánchez, y en el puerto de Manzanillo, Nabor Ochoa López. El primero, en un desayuno sabatino en el que participaron el anfitrión profesor Manuel Arturo Godina Velasco, el asesor de campañas electorales Carlos Maldonado Villaverde y los dueños de “El Noticiero de Colima”, Carlos Valdez Ramírez y Carlos Valdez Alcázar; el segundo, en el evento dominical convocado para celebrar el aniversario número 15 de la agrupación Manzanillo 2000, propiedad del hijo de Doña Nico.

Peralta Sánchez, si en verdad se destapó, se supone fue con la anuencia de su amigo el presidente de la República Enrique Peña Nieto, y luego entonces delineó con su primer equipo las estrategias para ganar, primero,  la contienda interna por la candidatura del PRI a la gubernatura del estado.

Además sorprende que el ex Secretario de Fomento Económico del Gobierno del Estado y ex alcalde de Colima se ocupe en ganar el respaldo de los priistas locales cuando él es ya el candidato designado por el dedazo presidencial como lo pregonan sus porristas del “Otro PRI”. Por su Parte, Ochoa López, hay creerle para no averiguarle, con el visto bueno de su amigo el gobernador del estado,  les habló a sus escuchas cautivos de que en las derrotas también se gana, de que la humildad es un valor que no debe de perderse nunca, de mirar  hacia el futuro y no lamentarse del pasado, de la milagrosa recuperación de su salud gracias a las atenciones que recibió de Francisco Zepeda González -el mismo otro priista que en las elecciones del 2012 traicionó a su candidata a la presidencia municipal de Manzanillo, Armida Núñez – , y de “trabajar mucho y hacerlo en equipo por el bien de Colima y de los manzanillenses”.

Las mayores fortalezas de José Ignacio son su pertenencia al primer círculo del poder central y  sus asesores de cabecera: Manuel Arturo y Carlos. De Nabor, su alianza con el destacado discípulo del ex gobernador Fernando Moreno Peña, Francisco Zepeda González, y la relación de conveniencia que ha establecido con el Director General de la Administración Portuaria de Manzanillo, Jesús Orozco Alfaro, donde el guerrerense ha colocado a sus principales operadores políticos en cargos que van desde gerencias hasta jefaturas de departamento. Nunca antes en la historia de la APIMAN habían sido desplazados de los cargos de confianza cuadros calificados en el negocio de las operaciones portuarias para abrirle espacios a gente involucrada en un proyecto político como el de hacerse de la gubernatura del estado y de la alcaldía porteña en los próximos comicios.

Por supuesto que el haber convertido a la APIMAN en una facción política beligerante que pretende el control total de la ciudad puerto y el asalto a Palacio de Gobierno, Casa de Gobierno y Complejo Administrativo, tendrá en su  momento una respuesta social y partidista de gran impacto, similar a la que provocó en 1997 la utilización de la Universidad de Colima como plataforma de lanzamiento hacia la gubernatura del estado de su entonces rector Fernando Moreno Peña.

Será interesante analizar en su momento la reacción y las acciones de los demás aspirantes a la gubernatura del estado, ante la aplanadora que está siendo ya la Administración Portuaria Integral de Manzanillo,  y la amenaza de  avasallamiento que a la libertad de los colimenses a decidir su futuro político, anuncian los agoreros seguros de que imperará el autoritarismo centralista  para tratar de imponer a José Ignacio Peralta Sánchez, quien si llega, será por propios méritos.

 

SE DICE QUE…

*Nabor y los promotores de Nacho, con sus destapes, le adelantaron dos o tres hojas al calendario preelectoral. Los demás aspirantes a lo mismo responderán en consecuencia ya entrado el próximo año 2014. Por lo pronto, el par ya le entró al baile y debe aguantar vara sin chillar ni hacer gestos, mucho menos ejercer represalias ante la crítica periodística que es parte del libre juego democrático que se supone impera en Colima y en México.