Edgardo Zamora|COLIMANOTICIAS
Colima, Col.- Movilidad por doquier, el motivo: comprar a última hora el regalo para el Día de las Madres. El amanecer, al parecer, quería que todo fuera felicidad, un cielo limpio de nubes y por ende un sol que irradia luz para quienes consideran un día especial.
La contraparte se puede ver en el cementerio. Las tumbas grises y blancas comienzan a llenarse del color de las flores, de las coronas y arreglos que llevan algunas personas en honor a sus madres.
Afuera, los vendedores de flores, arreglos y coronas hacen su agosto.
Algunas de ellas tal vez ya murieron hace años y otras hace poco, pero el dolor aún perdura y esa necesidad de darle un abrazo y decirle “Te quiero mamá”.
Tal vez familias enteras lo hicieron, otras no, y arrepentidas o no, acuden ahora al panteón a llorarle, rezarle o cantarle.
Hoy el silencio del panteón se ha roto, por las canciones que los músicos interpretan en honor a la madre, de un lado a otro, el sonido del acordeón suena sin cesar.
Es así como se revive el camposanto, donde yacen madres, abuelas, hermanas, hijas, sobrinas y primas, todas ellas que dieron vida.
En el panteón de Colima y Tecomán se registran 10 mil visitantes respectivamente, y en Villa de Álvarez más de 5 mil personas.

