A ti, chairo colimense

0

Sociedad de la Información

Por: Luis Alfonso Polanco Terríquez

¡Terrible! Justificar la inacción. ¡Claro! Es tristísimo seguir culpando, ¡oh, sorpresa!, incluso al pasado, cuando ya llevas tiempo más que suficiente en el poder y con todo alineadito para hacer lo que supuestamente debes, y ¡milagro!, aun así, no lo haces. Refugiarse en el pasado es grave. ¿Cuál pasado? ¿Ese pasado oscuro que solo existe cuando necesitamos justificar la falta de resultados? ¿El de la Independencia, el del Siglo XVIII, el Siglo XX o el del inicio de nuestro glorioso milenio?

En principio, la corrupción actual es antigua, pero milagrosamente se acentúa con las actuales autoridades de Morena que dan impunidad a diestra y siniestra; incluso los incorporan con bombo y platillo ya como funcionarios o a su partido. ¡Qué bonita forma de reciclar talento!

Si la memoria —esa que solo funciona cuando conviene— no nos falla, desde los años ochenta comenzamos a hacer periodismo en la nota roja. En tiempos de José López Portillo, con el famoso Negro Durazo, los cuerpos policiacos fueron contaminados no solo por la corrupción, sino incluso por el narcotráfico. ¡Qué novedad! La historia de la construcción del Gran Imperio del Narcotráfico en México en esos años, al amparo del Gobierno Federal, fue expuesta en aquellos días, tal como se hace en la actualidad con diversos documentales. Ahora, la narrativa incluye a La Gran Familia formada por Miguel Ángel Félix Gallardo

A la caída de este capo por sus excesos, porque a nadie le gusta el desorden, nacieron otros: Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos; Ismael Mario Zambada García, mejor conocido como Mayo Zambada, junto con Joaquín El Chapo Guzmán; el cártel de Tijuana de los hermanos Félix Arellano; Juan José Esparragoza Moreno, mejor conocido como El Azul; Ernesto Fonseca Carrillo, conocido como Don Neto; Rafael Caro Quintero, conocido como El Príncipe; y Héctor Luis Palma Salazar, mejor conocido como El Güero Palma, por citar algunos.

De este grupo surgieron confrontaciones, y más de uno se unió para atacar a otros. De aquí nacen otras bandas terribles, más sangrientas, casi a finales del siglo XX en el país e inicios del milenio. Como fue el cártel del Golfo, fundado por Juan Nepomuceno Guerra, Juan García Ábrego y Oziel Cárdenas Guillén, conocido como El Matamigos o El Padrino. Incluso se dice que él es el fundador de Los Zetas, un fino grupo de élite militar.

En el surgimiento de cada uno de estos grupos, el crecimiento fue producto, en su mayor parte, de la siempre útil confabulación de las autoridades mexicanas y quizás de más de un militar o marino. Dos verdades:

  1. El Gobierno tenía un control de estos grupos, ¡qué tiempos aquellos!, no al revés como ahora.
  2. Cada vez que los desbarataban, aparecían más células, más difíciles de atacar y mucho más carismáticas, por supuesto.

Estos, poco a poco, han ido tomando el control del país. Empezaron con las poblaciones más lejanas. ¡Qué considerados! A principios del presente siglo, la situación era intolerable en algunos estados. Más de un gobernador solicitó la intervención del Ejército. El visionario Felipe Calderón cometió el error de apoyar la solicitud de Lázaro Cárdenas Batel (sí, el hijo de Cuauhtémoc Cárdenas, el nieto del General, el Jefe de asesores de López Obrador y de la actual administración), quien gobernaba Michoacán.

Se desató una guerra que ¡casualmente! favoreció a otros grupos del narcotráfico. Michoacán y otras entidades vivieron fuertes combates, pero a su vez, la corrupción de las fuerzas armadas, del Ejército y de las corporaciones policiacas era más evidente. ¡Vaya sorpresa! Ni Calderón ni Peña Nieto aceptaron la petición del pueblo de regresar al Ejército a los cuarteles. Incluso Morena y López Obrador fueron los más grandes y ruidosos críticos sociales de la presencia del Ejército en las calles.

A la llegada de Andrés Manuel López Obrador, los mexicanos esperábamos que cumpliera sus palabras. ¡Ingenuos de nosotros! No fue así: implementó una medida que en principio fue bien tomada por el pueblo de México: “Abrazos y no balazos”. Frase aceptada por el Gobierno, mas no por los grupos criminales. ¡Qué falta de respeto! Al contrario, la violencia entre los grupos aumentó. Las desapariciones y ejecuciones han ido al alza con esta frase en todo el país.

La corrupción del Ejército y de las fuerzas armadas ha sido evidenciada en todos los medios y por el propio gobierno. López Obrador tuvo la magnífica, pero fugazmente brillante, idea de crear la Guardia Nacional, una idea que pulverizó con gran maestría cuando puso su administración al mando del Ejército Nacional y desaparece todos los cuerpos investigadores de las diversas corporaciones policiacas

.Hay cientos de publicaciones sobre cómo el crimen organizado apoyó económicamente a Morena —es decir, al grupo en el poder— en las últimas elecciones para nueve gubernaturas. Incluso la propia presidencia ha evidenciado a varios funcionarios involucrados en esto. Ir a la guerra en esas condiciones es una pérdida para el Gobierno Federal; incluso la vida de la Presidenta de México y de su secretario de seguridad podría peligrar.

¡Qué drama! La situación está perdida. Solo tienen un camino, y ¡qué conveniente! lo están tomando en el Gobierno Federal, pero lo de Michoacán viene a tronar la estrategia de Claudia y Omar. Por lo tanto, se asume que el asesinato del alcalde Carlos Manzo fue perpetrado desde el estado mexicano por funcionarios que ¡oh, herejía! no están con Claudia Sheinbaum, con la idea de que la Presidenta de México no siga deteniendo a morenistas y funcionarios de Morena involucrados con el crimen organizado. Es decir, el mensaje es claro: ¡Dejen trabajar a los criminales!

Comprendemos que no tiene otra opción. Los chairos la tienen arrinconada. Mas, como sociedad que no tenemos nada que ver con Morena o con la oposición, tenemos derecho a manifestar que es necesario que el Estado Mexicano dé protección y seguridad a su pueblo. ¡Qué exigentes somos!

Para reflexionar: Las manifestaciones por la paz de nada sirven porque están tan oportunamente encabezadas por la oposición. Si lo dudan, vean la de Colima, donde incluso participó más de un corrupto. ¡Qué puritanos! El único camino que tenemos es que la sociedad civil comience a salir y en redes sociales sigan mostrando su inconformidad contra todas las autoridades que no cumplan con su papel, sin ver ideología o partido político. No aferrarse a un sistema que a claras luces ha fallado. ¡Pero, por favor, háganlo sin molestar demasiado!

Para despedirme: Chairo colimense, si tú no estás cansado de ver muertos cuando transitas por las diversas calles de la entidad, ¡felicidades, has alcanzado la paz mental! ese es tu problema. A nosotros, como críticos, nos duele la pérdida de vidas humanas, de las narrativas de jóvenes que, por descuido de los padres, ahora están ahí. Por eso nos hemos unido a una agrupación que está exigiendo que el Estado de Colima vele por los derechos de los menores de edad, de los niños, adolescentes y jóvenes que sus padres tienen olvidados en su pleito. Nos vemos en otra entrega. ¡Esperemos que para entonces el país siga en pie!

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.