Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
La política asistencialista que le sirve a Morena para ganar elecciones, pero que está hundiendo financieramente al país, comienza a mostrar señales alarmantes de agotamiento. Y son de nueva cuenta instituciones autónomas, con metodologías y datos duros, sin sesgos ideológicos, las que están advirtiendo al gobierno de Sheinbaum que la economía mexicana es una bomba de tiempo.
El más reciente alerta vino de la calificadora de riesgo financiero Moody’s, que redujo nuevamente la calificación crediticia de México y dejó al país a un solo escalón de perder el grado de inversión. Es decir, estamos al borde de convertirnos en un país considerado de “bonos basura”, donde invertir implica un alto riesgo financiero: “si usted le va a meter lana a esto es bajo su propio riesgo, nada asegura que recuperara su inversión”.
Mientras en la mañanera repiten que la economía marcha muy bien, la realidad es otra: la deuda pública sigue creciendo, PEMEX se convirtió en un barril sin fondo y la inversión privada lleva meses cayendo desde que llegó Claudia Sheinbaum a la presidencia.
Al respecto, Moody’s fue clara: el deterioro responde a la rigidez del gasto público, los bajos ingresos del gobierno y el continuo deterioro financiero de PEMEX. En otras palabras: el gobierno gasta más de lo que puede sostener y cada vez tiene menos margen para corregir.
Lo más absurdo fue la manera en que la Secretaría de Hacienda intentó minimizar el golpe. Celebraron que la perspectiva pasara de negativa a estable después de que ya nos habían bajado la calificación. Es como presumir que un alumno reprobado dejó de empeorar… aunque siga reprobado.
Los números son contundentes: la mejor calificación crediticia de México se alcanzó al final del sexenio de Enrique Peña Nieto, en abril de 2018, con una nota A3 y perspectiva estable. A partir de la llegada de Morena al poder comenzó la caída: primero perspectiva negativa con López Obrador, luego reducciones sucesivas hasta llegar ahora, con Sheinbaum, al nivel Baa3, el último escalón antes de perder el grado de inversión.
El siguiente nivel sería considerado especulativo. Eso significaría créditos más caros, menos inversión extranjera, mayor dificultad para financiar deuda y, muy probablemente, una recesión económica. Es decir, el dispendio de Morena que le permite ganar elecciones con su base clientelar en apoyos sociales terminará, a final de cuentas, pagándola la propia población: incremento de impuestos, una mayor falta de medicamentos, menores presupuestos en seguridad, educación, ciencia e infraestructura pública, como siempre sucede en una crisis.
Por eso el régimen sigue apostando todo a los programas sociales como mecanismo de control electoral, aunque financieramente el modelo ya muestra claros signos de agotamiento. Porque el problema no es apoyar a los sectores vulnerables; el problema es hacerlo sin crecimiento económico, sin productividad y endeudando al país como nunca antes. Ahí está la verdadera crisis que se avecina.
Dos puntos.
Morena heredó un país con estabilidad macroeconómica y grado de inversión sólido. Hoy, después de dos gobiernos del obradorismo, México está a un escalón de convertirse en un “ángel caído” para los mercados internacionales. Y cuando eso ocurra, ya no habrá narrativa mañanera capaz de ocultar la realidad económica.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

