DAMA DE HIERRO

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Por José Díaz Madrigal

Se puede resistir la invasión de un ejército. Escribió Victor Hugo, el mesurado pensador francés del siglo antepasado; pero no una idea o tendencia, cuando ésta ha llegado. Esto es válido en cualquier ámbito del quehacer humano, ya sea en las artes, la moda, ciencia, empresas o gobiernos. . . Remató don Victor.

Cuando el pueblo británico eligió a Margaret Thatcher, como la primera mujer en toda su larga historia democrática; para que ocupara la jefatura de la nación, era porque el gobierno anterior había llevado al Reino Unido, a una situación de malestar general que comprendía diferentes aspectos; pero sobre todo dos son los más relevantes, el económico y el sistema de apoyos sociales. Dando como resultado una marcada división entre la población.

Thatcher se puso como propósito y ofreció a sus votantes, la reconstrucción de su país desde adentro; empezando por liberarlos de políticas económicas inflexibles y rígidas, que tenían a los ingleses adormecidos y con poca iniciativa para la innovación o emprendimiento. Por ese hartazgo y fragmentación de la sociedad, se alzó con la victoria y con ella ganó todo el pueblo británico.

Margaret Thatcher a pulso obtuvo el seudónimo que especialmente le cuadraba: La Dama de Hierro. Convirtiéndose en genio y figura de la política británica en el último cuarto del siglo XX. Poseía un carácter exigente, para que dieran amplios efectos positivos en los encargos que asignaba a colaboradores y, nada de resultados a medias chiles. Le topó con valentía a la dura presión de los sindicatos, que la amenazaban con huelgas masivas. Sin temblarle la mano privatizó diferentes empresas que resultaban una verdadera carga para el erario público, por las grandes pérdidas y las tajadas de dinero del presupuesto que se iban a un barril sin fondo para que pudieran operar. Poniendo en serios apuros las finanzas del gobierno.

Tras ganar las elecciones en 1979, elaboró varias reformas de ayuda social y también en lo económico. Esta última diseñada para disminuir la excesiva intromisión del Estado en actividades que necesariamente no le corresponden. Sin embargo modernizar la economía implicaba recortar el poder de los sindicatos. Cosa que hizo con algunos cambios a la ley, provocando que los líderes sindicales convocaran a huelga. Con su brazo de hierro, Thatcher los derrotó, terminando con esa derrota el poderío sindical y con ello acabó la influencia sindical en el gobierno. Fue tal el éxito de La Dama de Hierro en la Gran Bretaña, que fue reelecta en tres ocasiones consecutivas. Nadie en ese país la ha igualado.

Dice un viejo dicho ranchero de nuestra región: al tomar la sopa se sabe el que come bien. Es un hecho consumado que la próxima presidenta de México será Claudia Sheimbaum. En el discurso de agradecimiento que ofreció luego de la jornada electoral, dijo entre otras cosas, aunque muchas mexicanas y mexicanos no coinciden plenamente con nuestro proyecto; habremos de caminar en paz y armonía para seguir construyendo un México justo y próspero.

La virtual presidenta electa, tiene fama entre sus allegados de ser una mujer aventada y que cuando dice algo, se empeña para que se lleve a cabo lo que ella ordenó. Por ser una figura política que básicamente se había desempeñado en posiciones locales en la capital de la República. Nunca ocupó un cargo de índole federal, quizá por ese motivo en el resto del país, conocemos menos acerca de su trayectoria de trabajos en los que ha estado.

En esa conferencia de agradecimiento, se ve a una dama cautelosa, mesurada y con aplomo en sus palabras. No se mostró arrebatada, ni con ganas de revanchismo al puro estilo autoritario. Los que no votamos por ella, nos queda tomarle la palabra, puesto que una vez que ya pasaron las elecciones, lo que propone es la conciliación y seguramente va a dejar de lado el enfermizo discurso divisivo y polarizante, que mucho ha lastimado a los mexicanos.

El poder que se le dio en las urnas es para ejercerlo. El problema número uno en la actualidad es la inseguridad. Esperemos que no le tiemble la mano como a La Dama de Hierro no le tembló, para hacer el bien a todo el pueblo y, el bien que tanto añoramos los mexicanos se llama seguridad. Sí hace el trabajo como la Thatcher lo hizo, Sheimbaum pasaría a la historia de México como una verdadera heroína de nuestra patria.