TONALTEPETL

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Por: Gustavo L. Solórzano

El ferrocarril era un medio de transporte cómodo y barato, en comparación con los autobuses. En casa lo usábamos porque éramos muchos y aunque nada nos faltaba había que cuidar la economía.

Mi tía Luisa vivía en Cuyutlán, entonces mi madre la visitaba y ello representaba una fiesta, viajar en tren, recorrer las llanuras y praderas, pasar sobre los puentes o bajo los túneles, disfrutar de un paisaje inolvidable con vacas y caballos sin duda, un regalo. Una noche llegamos a Colima y mi madre me cargaba en sus brazos siendo yo un niño de cuatro o cinco años, de pronto el silbato del tren se escuchó largo y prolongado como si fuera un aviso…mi madre entonces exclamó con tono de pesar, “ay hija, olvidamos la sabanita del niño”, dirigiéndose a mi hermana mayor que nos había acompañado en ese viaje. En mi natural inocencia supuse que el silbato de la vieja máquina les había avisado.

En la estación era común encontrar de todo, tacos, tuba, agua fresca, fruta picada, elotes, dulces, refrescos, tamales, birria, etc. La llegada del tren representaba alegría para los pasajeros y sus familias y buena economía para los vendedores. En ese tren también vimos partir al 25 batallón de infantería en el año del 78, cuando hicieron intercambio a Chiapas, la gente lloraba su partida y nosotros, alumnos de secundaria, solidarios, estuvimos ahí. La gente especuló con aquella repentina partida, que si esto, que si aquello, en fin, pueblo chico…

La realidad es que fue una estrategia militar para evitar compadrazgos que pusieran en riesgo la operatividad discrecional del ejército. Hoy de aquel 25 batallón no se sabe nada.

A lo largo de su historia el Ejército y la Marina han sido admirados y reconocidos no solo por su labor, sino por su lealtad y patriotismo. Cierto es que son instituciones que han sido vulneradas en la parte humana, sin embargo, salvo deshonrosas excepciones, se han mantenido casi incorruptibles. Los hemos visto en diversos operativos atendiendo a la población en casos de desastres naturales y sus consecuencias, en la reconstrucción de comunidades, en la sierra y la montaña, en altamar y en donde su servicio sea necesario sin distingos de ningún tipo ni horario. Recuerdo cuando la Casa García, un negocio de tlapalería, solventes y plásticos entre otros productos, se quemó; los bomberos de aquella época fueron apoyados por el ejército. Esa noche dormimos en casa de mi primo Manuel, mientras ellos se encargaban de asegurar el área. El temor, innecesario por cierto, a que algo pudiera salirse de control, motivó a mis padres para pernoctar en casa ajena, el incendio había ocurrido casi barda de por medio.

El pasado uno de diciembre, las fuerzas armadas fieles a sus principios y bajo las ordenes de los titulares de las secretarías de la Defensa Nacional, Luis Crescencio Sandoval González, y de la Marina, José Rafael Ojeda Durán, refrendaron su lealtad y respeto a quien es considerado el comandante supremo de dichas instituciones, el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Con ello inicia un nuevo ciclo para nuestro país y sin duda, como lo he señalado de manera reiterada, es necesario que los mexicanos nos unamos en torno a nuestras autoridades y de manera especial al nuevo gobierno, pues si le va bien, también nos irá bien a nosotros.

La magia para escribir la nueva historia de nuestro México está en nuestras manos, los jóvenes estudiando, la gente trabajando, las familias unidas, todos aportando para el sano desarrollo de nuestra tierra, es como lograremos terminar con aquello que nos daña. Cuando nos veamos como hermanos y nos respetemos, aceptando nuestras diferencias, entonces estaremos generando el cambio que necesitamos, mientras solamente nos quejemos, seguiremos abonando a la lucha de poder que beneficia a unos cuantos, a la incertidumbre y pérdida de rumbo. Es cuánto.