Las palabras de Felipe Calderón zumbaron en los oídos de Elba Esther Gordillo: “Maestra, creo debería ir pensando en su retiro”.
La frase, dicha en una reunión privada en Los Pinos a principios de enero pasado, fue interpretada como una amenaza por la lideresa magisterial, quien empezó a tejer su estrategia. Quería adelantarse a los previsibles escándalos de corrupción y ofreció a sus antiguos compañeros del PRI, sobre todo a Enrique Peña Nieto, acuerdos electorales que incluyen el peso del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y los recursos electorales de su Partido Nueva Alianza (Panal).
Por lo menos tres fuentes partidistas y gubernamentales confirman que la ruptura de Gordillo con Calderón está detrás del pleito con el exdirector general del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) Miguel Ángel Yunes Linares. El presidente, afirman, se molestó por los pactos de su exaliada con el PRI y con el jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, y por su consecuente alejamiento del panismo, que cuenta entre sus aspirantes presidenciales al secretario de Economía, Ernesto Cordero, con quien ahora trabaja Yunes.
