Chelódromos: los jóvenes y el respeto a la ley

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    Refiero esto porque hace uno días hubo unos dimes y diretes con el asunto de la implementación de los chelódromos o espacios de convivencia en Colima, debido a la urgencia provocada por las violaciones que vinieron realizando unos encapuchados en las zonas despobladas de la localidad.

    Si me lo preguntaran, yo diría que todo espacio de lo que sea es, por antonomasia, un atentado contra la libertad. Esto es: es una acción represiva. No niego que pueda ser una opción para los alarmantes (y casi inéditos) hechos violentos que se han suscitado, pero creo que los espacios serán, a la larga, un problema no sólo para el gobierno sino, sobre todo, para jóvenes y padres de familia.

    Tener hacinados a los jóvenes en esos espacios podría convertirse en un blanco perfecto para un acto de narcoterrorismo. ¿Por qué permitirlo? La libertad que se le debe dar a los jóvenes debe llegar hasta donde la ley se los permita, luego entonces la irrestricta aplicación de la misma para aquellos jóvenes que manejen bajo los efectos del alcohol o quieran tener sexo en la vía pública, etcétera, debe realizarse sin distinciones. Si los padres de familia no advierten de estos peligros a sus hijos (eso de andar en las brechas teniendo sexo a riesgo de ser asaltados o golpeados), entonces la autoridad tendrá que hacer lo propio o, en su defecto, los jóvenes tendrán que asumir las consecuencias.

    Más no se puede. Los espacios de convivencia deberían ser, para mí, todo Colima, y la campaña que tendría que hacer el gobierno del Estado, a través incluso de su Secretaría de la Juventud, tendría que ser en el sentido de la estricta aplicación de la ley que se hará para aquellos que violen las fronteras de esa libertad a la que tienes derecho cuando vives en una sociedad que te obliga, también, a respetar la de los otros.