75 Aniversario de Armería

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    Armería, Col. Abril 29 de 2010

    Muy respetable autoridades
    Invitados y demás concurrencia
    Jóvenes y niños
    Señoras y Señores

    Amigos Todos.
    Con la satisfacción que da el haber nacido en esta tierra, en donde aprendimos de nuestros mayores, amar y servir a México, sean mis primeras palabras, para enunciar, nuestro testimonio de gratitud y, a la vez, felicitarnos, porque nuestros amigos y amigas, diputadas y diputados, integrantes de la LVI Legislatura del H. Congreso del Estado, acordaron verificar, hoy, en este plantel educativo, esta importante ceremonia cívica; que además, de rememorar las efemérides del mes de abril, también, nos congregamos, para celebrar el “75 Aniversario” de haber sido elevado a la categoría de “pueblo”, la entonces “ranchería” de Armería.

    Así, en el marco de las conmemoraciones del Bicentenario y Centenario del inicio de las dos gestas que definieron a la Nación Mexicana: la Independencia y la Revolución; aquí y ahora, recordamos, que un día como hoy, los diputados de la XXIX Legislatura, aprobaron que la “ranchería” de Armería, se le otorgara la categoría de “pueblo”. En efecto, siendo Gobernador del Estado Don Salvador Saucedo y Secretario General de Gobierno Don Salvador G. Govea, el Decreto No. 44 que consigna ese mago acontecimiento, fue publicado en el “Diario Oficial” el 4 de mayo del mismo año. Formaban parte de esa Legislatura, los diputados locales Porfirio Gaytán Núñez, Adolfo Preciado, J. Jesús Valencia, Crispín Ríos Ramírez, Bartolo López, J. Jesús Aguilar y Jesús Otero Pablos. Para todos ellos, con gratitud, sean mis palabras un timbre de honor.

    En esta tesitura, permítaseme una breve remembranza sobre el origen, toponimia y evolución de nuestro pueblo. La historia nos enseña, que en esta cuenca, fueron detenidos los Otomíes que venían de la mesa central, por otras tribus procedentes del sur. Aquí, también prosperaron pequeñas comarcas de influencia Nahuatlaca, como Tequepa, Coatlan y Coyutlan, entre otros. Testimonio evidente de lo anterior, es la gran cantidad de tumbas de cerámica precortesiana extraídas de su suelo. En la conquista, sus habitantes debieron engrosar las filas de los aguerridos “tecos”, que cayeron luchando heroicamente en “Alima” defendiendo el señorío de “Coliman”.

    Sin conocerse la fecha exacta de su fundación, nuestro pueblo, con la categoría de “estancia” aparece en documentos oficiales hasta finales del siglo XVIII con el nombre de “Almería”. Su primer asentamiento se localizaba en la margen poniente del río Nahualapa, en lo que fue la parcela de don Estanislao Delgado, o sea, en el triángulo formado, entre el rastro municipal, el puente del ferrocarril y el nuevo puente de la autopista a Manzanillo. Con motivo de una creciente del ya conocido con el nombre de “Río Grande”, en 1875, la “Hacienda de Armería” se trasladó una legua más al poniente ubicándose por la actual calle ejido, frente a lo que fue la “Estación del Ferrocarril” de la hoy Ciudad de Armería.

    El nombre de “Armería” se deriva de “Almería”, homónimo de una provincia española, de origen islámico, localizada en las costas occidentales del mar mediterráneo. Cabe aclarar, durante la colonización, los hispanos tenían la práctica de nombrar a los pueblos que conquistaban, con las denominaciones de su lugar de origen. Lo que quiere decir, que la “Estancia de Almería”, fue establecida por un ibérico de origen almeriense. Prueba de lo enunciado, son los libros de la parroquia de Santo Santiago de Tecomán, que para 1687, registran 5 entierros de pobladores del rancho de “Almería”.

    En este orden de ideas, el vocablo “Almería” se disgrega de árabe andalusí “almariyya”, dicción que se compone de los vocablos “al” que expresa “lugar” y “mariyya” término que a su vez se forma de “mara´a” que enuncia los verbos “observar” o “vigilar”; lo que quiere decir, que la “Almería” hispano-islámica significa “lugar desde donde se observa o vigila”.

    La tenencia de la tierra pasó de los aborígenes a los conquistadores y de la “encomienda” a los “jesuitas”. Para 1793, la “Hacienda de Armería” la adquirió mediante remate, el Conde de Regla Don Pedro Romero de Terreros y para 1873 pertenencia a su bisnieto Don Manuel de la Pedreguera, siendo su ultima propietaria Doña Isaura Vídriales.

    Para comunicar el puerto de “Santiago” con la “Villa de Colima”, en 1536, se inició la construcción de un camino de herradura, acondicionando, para ello, la arcaica vereda que comunicaba a los poblados indígenas de Coyutlan y Caxitlan. Posteriormente, este ramal formo parte del  “Camino Real de Colima”.

    Defendiendo las instituciones republicanas, el benemérito de las Américas Don Benito Juárez García, utilizó este camino para trasladarse de Colima a Manzanillo, pasando por la hacienda de Armería la tarde del 8 de abril de 1858, pernoctando esa noche en el balneario de Cuyutlán.

    Para la construcción de la vía angosta del ferrocarril, que en el siglo XIX, unió a Manzanillo con la ciudad de Colima, aquí, se instaló un campamento ferrocarrilero, que inicialmente, alojó a los trabajadores que realizaban el tendido de durmientes y rieles, y luego, para la colocación de los pilotes, de lo que fue, el primer puente del ferrocarril. La inaugural locomotora que hizo las pruebas de vía, según lo consigna el “Diario oficial”, llegó a Armería en el mes de diciembre 1882 y hasta septiembre de 1889 hace su primer recorrido a la ciudad de Colima.

    Paralelamente a esta importante vía de comunicación que transformó el comercio de nuestra entidad y que sirvió de enlace con el resto del país, fue el reparto agrario el que marco el inicio del progreso de esta planicie costera. Además, cómo bien lo relatan nuestros ancianos “cuando la mar se salió, el rancho creció”, y ciertamente, posterior a fuertes sismos, el 22 junio de 1932, se presentó un “maremoto” que devastó al balneario de Cuyutlán. Consecuencias, los sobrevivientes se refugiaron en la “ranchería de Armería”, quedándose aquí, muchos de ellos, a radicar definitivamente.

    A estos hechos corresponde el crecimiento poblacional de esta década. Examinemos estadísticas: en 1921 solo había una hacienda con 40 peones; para 1924 se registraron 300 pobladores. No obstante, el decremento poblacional generado por la revolución cristera, en 1935 aumentó 1,500 habitantes.

    Este inusitado crecimiento poblacional, motivó a nuestras autoridades, para que la entonces “ranchería” de Armería, fuera elevada a la categoría de “pueblo”. Para establecer su fundo legal, mediante el Decreto ya mencionado, se expropia a la hacienda de Armería la cantidad de 42 hectáreas, 70 áreas. Para elaborar los proyectos de planificación se designó al Ing. Carlos Hernández. Así, a partir de 1935, se pusieron a la venta lotes de terreno urbano de 15 x 30 metros, en tres categorías: los de primera (zona centro) con valor de $90.00; los de segunda a $75.00 y los de tercera a $50.00 c/u. Para estas operaciones, que fueron en abonos, la Tesorería General del Estado designó Receptor de Rentas al Sr. J. Félix Torres Curiel.

    Amigos todos.

    En este escenario, nuestros mayores, que en su mayoría no sabían leer ni escribir, pero, con amor a la tierra, buena fe y mucha imaginación, supieron agudizar los sentidos y vivir su plenamente tiempo. En efecto, sin mayor capital, que la fertilidad del suelo, un morral con sal y tortillas y, la fuerza de sus brazos, trabajaron sin descanso de día y de noche. Unos, con toda su familia, apoyaban a otros a cultivar la tierra. Los otros, en gratitud con su prole, les ayudaban a los primeros a cosechar el esfuerzo de su trabajo.

    Todos, sin más instrumentos de labranza, que un machete, un hacha, una guadaña, un pico y una pala, transformaron estas tierras, otrora inhóspitas, palúdicas e insalubres, en un vergel.  Lo anterior nos demuestra, que para nuestros padres y nuestras madres, con amor y trabajo, no hubo reto que los amedrentara, ni circunstancia que los derrotara.

    Hoy, gracias a ese perseverante y visionario esfuerzo, tenemos parcelas, cultivos perenes, agua rodada, pozos profundos, tractores, caminos saca cosechas, carreteras, luz eléctrica, escuelas e infraestructura urbana. En síntesis, nos heredaron todo para continuar creciendo.

    Estimados amigos.

    Hoy, son otros los problemas y otras las circunstancias. Ciertamente, vivimos nuevos tiempos, que reclaman de todos nosotros, nuevos compromisos. En efecto, en una sociedad cada día más educada y más informada como la nuestra, son mayores las obligaciones ciudadanas, lo que quiere decir, que para vivir y convivir en una comunidad plural como Armería, solo a través del diálogo, la tolerancia y el respeto podemos construir puentes que nos permitan unir voluntades, como lo hicieron nuestro padres, por la grandeza de Armería.

    Sobre este particular, en 1968, cuando se fundó en Armería la CNOP, al tomar posesión como su primer Secretario Municipal, bien, expresó mi padre, “Lo mejor de Armería son sus gentes. En Armería, somos una familia grande, con diferentes formas de pensar, diferentes nombres, diferentes apellidos y por diferentes lazos sanguíneos, estamos todos emparentados y, quienes no somos parientes, somos ahijados, somos padrinos o somos compadres, en fin, todos somos familia; luego entonces, como en las grandes familias, no nos queda de otra, si queremos progresar, invariablemente, tenemos que ponernos de acuerdo”

    Epílogo: De todos los adultos, por Armería, así lo exigen las nuevas generaciones. Por consiguiente, de frente a la historia de nuestro pueblo, escuchemos el reclamo angustioso de nuestros hijos, que demandan, nos pongamos de acuerdo.

    Amigos míos:

    Haciendo honor, al ejemplo, que con hechos cotidianos, nos enseñaron nuestros padres: “En terreno fértil con esfuerzo firme”, trabajemos unidos y con mucho amor, por la grandeza Armería.

    Por su atención y amistad

    Muchas gracias.

     

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