¿Y LA OPOSICIÓN? ¡BIEN, GRACIAS!

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LECTURAS

Por: Noé Guerra Pimentel

Desde el 1 de julio de hace un año nuestro país se convirtió en el país de un solo hombre, el mismo que con sus correligionarios y uno que otro oportunista copó el poder legislativo para entrambos someter a su voluntad a un poder judicial que a cambio de mantener privilegios y con la ley como moneda de cambio, de inmediato dimitió ante la ley de un solo hombre, renunciando a su posición de legal contrapeso, le dejó todo al mismo que canceló la inversión más grande de la historia de México como la del aeropuerto de Texcoco, las becas para los estudiantes, el seguro médico popular, medicamentos y tratamientos contra el VIH y el cáncer, programas como prospera, que bajó los presupuestos a cultura, deporte, investigación y ciencia y medio ambiente, que canceló las estancias infantiles, el apoyo al campo y a las ONG´s, sin que nadie dijera nada, sin que nadie levantara la voz, faltando a la condición de pesos y contrapesos de todo régimen que se precie de democrático.

Situación lamentable que como emergentes ante la defección de los otros, debieron atender de inmediato los partidos políticos como entidades públicas que son, sin embargo ¿qué encontramos? Que los dichos organismos como oposición formal están desquebrajados o autonegados desde hace un año, viéndoseles apenas y de vez en vez con algunas insinuaciones de querer al menos aparecer y parecer, pero sin atinar en el cómo, probablemente atenidos, esperanzados a que su adversario cometa errores y a que la gente, el pueblo, la misma sociedad civil que en el 2018 tajantemente los vetó en las urnas, sea la que otra vez ajuste las cosas, pero ahora a su favor; la realidad es que ningún instituto político ofrece un frente consistente, alguna propuesta viable o alternativas que atraigan, a este momento, mientras el presidente sigue haciendo y deshaciendo a su antojo, gusto y capricho, ellos, los partidos no son ni significan, ni desde sus cuarteles burocráticos mucho menos desde sus espacios de representación. Simplemente no aparecen, no son lo que en esencia deben ser: oposición.

A un año de su debacle en ninguno de los principales partidos nacionales se observa un solo liderazgo, si bien tienen dirigencias formales la mayoría son emergentes suplencias, simbólicas y de transición, de mero trámite. El PAN, por ejemplo, se observa desmembrado, descabezado, en plena caída en las preferencias electorales fue el que cuantitativa y cualitativamente más perdió en el 2018 y más aun perdiendo este año dos de sus gubernaturas más emblemáticas, aunque en lo local algo pudiera rescatar sin que sea el caso para Colima. En el PRI las cosas no van mejor, al parecer ahí no se ha entendido el presente, en pleno proceso de reestructuración de su dirigencia nacional evidencia todos los vicios históricos que lo aniquilaron y, lo más grave, se niega a reconocerlo apegado a su tradición, como si eso fuera vigente en los tiempos que estamos viviendo, partido que en nuestra entidad tiene la gubernatura y que eso, a futuro, le pudiera representar alguna ventaja aunque se ve difícil haciendo lo mismo.

El PRD está en franco proceso de liquidación, en etapa terminal, su militancia en desbandada, su representación actual es mínima y sus voces se apagaron; mientras que el MC, sin definición válida alguna, luce achicado con un Alfaro, su única figura visible sin pagar encuestas patito, que ya no descolló y a quien, al parecer, le quedó muy grande la yegua de Jalisco. El PVEM continúa en su estado normal de desahucio a la espera de la alianza salvadora, igual que el PT en declive, sin base, cartera, ni cartel, sólo como lejanos satélites de la oportunidad y sin más proyecto que su sobrevivencia burocrático-electorera.

En síntesis, los partidos políticos se ven tan autocontenidos, por no decir que escondidos, desgastados, deslegitimados y sin credibilidad y más penoso aún, sin estrategia para el corto, mediano o largo plazo, ante un adversario que se presume fuerte, casi invencible dado el amplio aval social que mantiene y, por otro lado, frente a una sociedad que se posiciona y abiertamente los rechaza, les exige respuestas y reclama los resultados acordes a las circunstancias. Sus hechos pasados, los recientes de las últimas dos décadas, los condenaron y, materialmente, los tiraron con sus siglas y modelos, si es que los tuvieron. Como partidos políticos hoy no existen más que en el cada vez más menguado presupuesto público.

¿Qué, cómo y cuándo lo deben hacer? Las respuestas están en la realidad, en el entorno, entre la gente, no hay que ir muy lejos para encontrarlas, están ahí saliendo a la calle, en la banqueta, en el taxi y en el camión, en el mercado y el barrio, en la vecindad y en la escuela, en la oficina y en la maquila, en la cancha de futbol; queda saber escuchar, ser congruentes y consecuentes, tener voluntad y realmente empezar a actuar por la gente, a cambiar a exigir y reclamar, a señalar y proponer, a denunciar y demandar, a ser realmente lo que se espera en su condición, a ser una verdadera, real, genuina, autentica y combativa oposición, a ser un poco de lo que por años él, su adversario ahora en el poder, sí fue y ahí están los resultados.

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