Ventana Política
Por: Guillermo Montelón Nava
La discusión que se abrió en Colima alrededor de la supuesta encuesta de Morena para definir a su Coordinadora Estatal para la Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía está lejos de ser un asunto anecdótico. Y es que no solo dio pie a suspicacias y sospechas, sino que confirman una vez más que Morena sí miente y viola la ley.
La dirigente estatal de Morena, Mitzuko Márquez, sostiene que Virgilio Mendoza sí fue incluido en esa encuesta. Virgilio, en cambio, afirma que no se inscribió y que nunca estuvo de acuerdo con el procedimiento utilizado para designar a Rosa María Bayardo. En consecuencia, Virgilio tendrá que salir a desmentirla.
Porque si Virgilio fue medido, habrá que explicar cómo y cuándo aceptó participar. Y si no participó, como él sostiene, Mitzuko tiene que explicar y demostrar lo que afirma. “pruebas, pruebas”.
Y el problema para Virgilio es que si Morena colocó a Rosy Bayardo en el escaparate electoral, el senador ya no tiene demasiado margen para permanecer en esa cómoda franja política donde no se puede ser aliado nacional, crítico local, aspirante independiente y, al mismo tiempo, mantener abiertas todas las puertas. Las circunstancias exigen definiciones porque el tiempo apremia.
Virgilio ha dicho que respeta la alianza nacional del Partido Verde con Morena. Nadie discute que exista esa relación. Pero eso no debe convertirse automáticamente en una camisa de fuerza para Colima.
Si Virgilio considera que la realidad política de Colima exige una ruta diferente, ha llegado el momento de decirlo con todas sus letras. Y si no está dispuesto a respaldar a Rosy Bayardo, como parece desprenderse de sus declaraciones, también tendrá que asumir que una posición política tiene consecuencias políticas.
Ante ese escenario lo que sigue después de las definiciones es establecer acuerdos para la construcción de una alianza opositora, cuyo principal reto es diseñar el mecanismo que permita designar al mejor o al más indicado.
Virgilio ya ha sostenido conversaciones con Mely Romero, Riult Rivera y otros actores sobre la necesidad de formalizar un acuerdo. Eso puede parecer una operación electoral más, pero en realidad, el problema es que los partidos aún cargan viejos vicios, una larga tradición de descubrir sus diferencias precisamente cuando es la hora de ponerse de acuerdo.
Si Virgilio, Mely y Riult realmente están convencidos de que debe construirse una alternativa, tendrán que aceptar algo elemental: la candidatura no puede ser propiedad de nadie.
La candidatura deberá surgir de un acuerdo serio y de un método que permita evaluar quién tiene mayores posibilidades de construir una mayoría. Para ello habrá que poner sobre la mesa experiencia administrativa, trayectoria política, estructura territorial, reconocimiento ciudadano, capacidad para sumar sectores distintos y, naturalmente, las fortalezas y debilidades de cada aspirante. En ello, hay que decirlo cada uno tiene sus propias fortalezas y debilidades.
Mely tiene una trayectoria legislativa y administrativa que le permite reclamar un lugar central en la discusión. Virgilio tiene la experiencia de haber gobernado Manzanillo, haber ocupado responsabilidades legislativas y contar con una estructura política construida durante años. Ambos tienen activos políticos importantes y ambos arrastran también circunstancias que deberán ser valoradas por los demás partidos y, sobre todo, por los ciudadanos.
Y Riult Rivera tampoco puede quedar fuera de esa ecuación. Su posición en el PAN y su presencia como alcalde de Colima lo colocan dentro de la conversación, pero también tendrá que demostrar que puede ampliar su base más allá del panismo, sobre todo porque enfrenta cuestionamientos como alcalde.
Además, una alianza electoral no se construye juntando logotipos. Se construye juntando votos, y para juntar votos se necesita credibilidad.
El ciudadano que está inconforme con Morena no necesariamente quiere votar automáticamente por el PRI, el PAN, el Verde o cualquier otra sigla, quiere a alguien que ofrezca confianza y propuestas nuevas para Colima y los colimenses.
Seguridad, salud, educación, economía, infraestructura, agua, campo, puerto, municipios, transparencia y combate a la corrupción tendrían que formar parte de una propuesta común. Si la alianza se reduce a “hay que sacar a Morena”, será una alianza contra alguien, no una alianza a favor de Colima.
Y aquí regresamos a Virgilio.
El senador está ante una oportunidad política que puede convertirse también en su mayor prueba. Si decide separarse de la ruta de Morena en Colima, tendrá que hacerlo sin medias tintas. Si decide construir una alternativa, deberá estar dispuesto a negociar. Y si las reglas acordadas determinan que otro perfil tiene mejores condiciones para encabezarla, tendrá que demostrar que su palabra vale más que su candidatura.
Eso mismo deberá exigirse a Mely y a Riult.
Porque la verdadera prueba de una alianza no es ponerse de acuerdo cuando todos creen que pueden ganar. La verdadera prueba llega cuando uno tiene que ceder. Será ahí cuando sepamos quien piensa de verdad en Colima y quién está pensando en sí mismo.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.






