Violentómetro  

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Por: Jonás Larios Deniz* 

“Violentómetro, sí la violencia también se mide” (http://www.genero.ipn.mx/Test/Paginas/Violentómetro.aspxes) es el slogan que acompañó el lanzamiento del material didáctico en forma de regla que el Centro de Género del Instituto Politécnico Nacional creó como producto de una investigación sobre las dinámicas de pareja en jóvenes de 15 a 25 años. Se trata de una regla con 27 eslabones distribuidos en tres etapas o escala de la violencia en la pareja, ya sea que se vive o que se está ejerciendo. El primer nivel anuncia “¡Ten cuidado! La violencia aumentará” que supone la presencia de las siguientes diez actitudes negativas: 1. Bromas hirientes, 2. Chantajear, 3. Mentir y engañar, 4. Ignorar y aplicar la ley del hielo, 5. Celar, 6. Culpabilizar, 7. Descalificar, 8. Ridiculizar y ofender, 9. Humillar en público y 10. Intimidar y amenazar. El segundo nivel, de mayor peligro anuncia “¡Reacciona! No te dejes destruir” y destaca otras diez acciones negativas que podemos distinguir en las relaciones de pareja, tales son: 11. Controlar y prohibir, 12. Destruir artículos personales, 13. Manosear, 14. Caricias agresivas, 15. Golpear “jugando”, 16. Pellizcar y arañar, 17. Empujar y jalonear, 18. Cachetear, 19. Patear y 20. Encerrar y aislar. En el tercer nivel y de mayor peligro hay siete acciones de violencia extrema, que anuncian “¡Necesitas ayuda profesional!” Son las siguientes: 21. Amenazar con objetos y armas, 22. Amenazar de muerte, 23. Forzar una relación sexual, 24. Abuso sexual, 25. Violar, 26. Mutilar y 27. Asesinar. Se aclara que aunque las conductas no se dan necesariamente en este orden en todos los casos, sino que casi siempre se intercalan. La caracterización de estas veintisiete conductas violentas fue resultado de una encuesta aplicada en 2009 a 14 mil jóvenes del nivel medio superior y superior.

Es relevante recuperar esta información y compartirla con nuestros adolescentes en casa y en la escuela, asumiendo que los adultos damos ejemplo y modelamos la conducta de las niñas, niños y adolescentes a nuestro cargo. Alguna vez escuché a una señora decirle a sus hijos: ¡Hijos de la chingada! ¡No sé en dónde aprenden tanta chingadera! Parecía una broma, pero no lo era. La señora en cuestión realmente responsabilizaba a otros de la conducta inadecuada de sus hijos, mientras que con su lenguaje dejaba ver la violencia verbal que sus hijos vivían en su vida cotidiana. Ahora bien, las formas de violencia en las relaciones de pareja se oculta de forma tramposa en supuestas manifestaciones de amor. Sigamos promoviendo el uso del Violentómetro del Instituto Politécnico Nacional en nuestras vidas, particularmente en nuestra vida en pareja. Amar no es violentar.

 

 

 

* Profesor-investigador de la Universidad de Colima