Por: José Díaz Madrigal
Dentro de varios documentales y películas acerca del sacerdote polaco Maximiliano Kolbe, está la cinta “Vida por Vida” del director cinematográfico, también nacido en Polonia, Crisóforo Zanussi. Éste largometraje trata la conmovedora historia de un hecho real, respecto a lo que hizo el padre Kolbe; quien se ofreció voluntariamente a morir de hambre, en el tristemente célebre campo de concentración Auschwitz. Su entrega espontánea a los fieros guardias de esa gigantesca cárcel, fue con el propósito de salvar a un desconocido compañero de prisión.
Un grupo de turistas de aquí de Colima, que tuvieron la oportunidad de visitar Auschwitz en Polonia; comentan que en la actualidad aún pueden verse los edificios administrativos, los galerones donde dormían los reclusos, cercas de alambres de púas, hornos crematorios y las vías del tren que conducían a esa funesta prisión. Todo eso casi idéntico a como se ven en fotografías de la época de la Segunda Guerra Mundial.
Uno de los paisanos, de esos observadores que fueron al viaje refiere: entrar a ese lugar te invade un sentimiento de aflicción, al pensar que a sangre fría, sin ningún remordimiento y de una manera tenebrosa, se pudiera quitar la vida a miles y miles de personas; por el delito de pensar diferente a sus captores. Se me enchinaba la piel -continúa el paisano- nomás de pensar en los horrores, la crueldad y los tormentos inimaginables que padeció aquella gente.
Maximiliano nació en Polonia en 1894. Fue bautizado con el nombre de Raimundo. Tuvo 4 hermanos: Francisco, José, Valentín y Antonio. La mamá de Maximiliano que sobrevivió todavía 5 años más a la muerte de Max, hizo el siguiente relato pocos meses después que su hijo ya había fallecido: -yo sabía de antemano que Maximiliano moriría mártir. Pues resulta que una vez que lo regañé por travieso, como que le caló en lo mero hondo la regañada. En la casa teníamos un altar medio escondido. Sin que me diera cuenta, él se retiraba a rezar. Su actitud y semblante le cambió, se tornó en un adolescente serio y ordenado; sin embargo cuando yo lo observaba hacer oración, le veía gruesas lágrimas que le rodaban por la cara.
¿Te pasa algo mi hijo querido? Tienes que contarme todo que soy tu madre. El jovencito respondió: -fíjate mamá que aquel día que me reprochaste por travieso, le pedí mucho a La Virgen me dijera que sería de mi. Entonces se me apareció La Virgen teniendo en la mano dos coronas, una blanca y la otra roja. Me vió con cariño y me preguntó si quería esas dos coronas. La blanca significaba pureza y la otra que sería mártir. Contesté que aceptaba las dos. La Virgen me miró con dulzura y desapareció-
Así pues, Maximiliano aumentó su devoción a La Virgen Maria. Ingresó al Seminario franciscano a los 13 años y se cambió el nombre de Raimundo por el de Maximiliano Maria. Uno de sus superiores lo describe: era diligente en el cumplimiento de sus quehaceres, dotado de talento para las matemáticas, obediente, noble, servicial y alegre.
Se ordenó sacerdote a los 24 años y su trabajo se incrementó. Como gran devoto de La Virgen Maria, inició con la publicación de una revista mensual llamada “Caballeros de la Inmaculada”, orientada a promover el conocimiento, el servicio y el amor a la vida. Comenzó con un modesto tiraje de 500 ejemplares en 1922 y ya para el año de 1939, alcanzó cerca del millón de ejemplares mensuales.
Fue precisamente en ese año del 39, cuando Polonia fue invadida por el ejército alemán. Junto a otros sacerdotes es hecho prisionero y llevado a una cárcel de Alemania. Meses después recobran la libertad, regresando a su convento abandono. Empiezan ahora a socorrer a heridos y a esconder a judíos perseguidos por la terrible policía de la Gestapo. Por éste último motivo es encarcelado de nueva cuenta, pero ahora en la temida Auschwitz, donde lo pusieron a trabajar en jornadas agotadoras.
A finales de julio de 1941 se fugó un preso de la misma área donde estaba el padre Kolbe. Los castigos que aplicaban los gendarmes alemanes era, por cada recluso que escapara, el escarmiento consistía en que diez de sus compañeros recibía la pena de muerte, pero era una muerte por hambre, lentamente en un cuarto oscuro. De los asignados a esa muerte, le tocó a un soldado del ejército polaco. Éste aterrado y sollozando exclamó: -yo tengo esposa y dos hijos ¿qué será de ellos? Le suplico, por favor, perdóname la vida.
En cuanto terminó de hablar, de inmediato salió de la fila otro prisionero, era Maximiliano Kolbe. Se acercó al sargento que estaba eligiendo a las víctimas y con voz serena le dice en lengua alemana: yo quiero morir en vez de ese hombre. El sargento le revira ¿te has vuelto loco loco? El padre Kolbe repitió con claridad diciendo: sargento, mi vida es menos útil que la de ese hombre que es padre de familia. El sargento se quedó callado, luego preguntó ¿cuál es tu profesión? Soy sacerdote Católico, respondió.
El sargento acepto el intercambio. Mientras tanto el soldado que era padre de familia, volvió a ocupar su puesto en la fila. Maximiliano que le decía a Dios en sus oraciones que tenía el deseo de convertir a todo mundo. Con aquel heroico gesto, se convirtió en amigo de todos los hombres.
En honor a éste Santo mártir, se desarrolla la película Vida por Vida. Donde el padre Maximiliano ofrece su propia vida para morir él, en lugar de aquel soldado desconocido.
El viernes 14 de éste mes de agosto, día de San Maximiliano Kolbe, se cumplieron 85 años de su martirio.
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