VARGAS LLOSA ALERTA SOBRE LO BANAL DE LA CULTURA

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    No es un proceso de estreno el que denuncia el autor de ‘La casa verde’, sino que trae su larva desde Mayo del 68 y no se ha detenido. “Hemos ido desterrando la cultura tradicional en beneficio de algo nuevo que ha roto la capacidad crítica de la masa, que sólo entretiene y que los poderosos aceptan porque entienden poco peligroso. Sucede así también con el deporte, que está muy auspiciado. Son actividades inofensivas. Inocuas. Entretienen y poco más”, sostiene el escritor.

    En esta descompresión tiene mucho que ver, según Vargas Llosa, el rodillo de la especialización. Esa vocación postcontemporánea de confeccionar expertos, especialistas, gentes que parcelan el conocimiento, haciéndolo más hermético e intrasferible. “Es posible así que la cultura ya no sea posible en nuestra época”, asegura con un leve eco funeral. “Y eso afecta también a la Educación, que se ha desnaturalizado. Queríamos acabar con la idea de la ‘cultura es de las élites’, pero hemos conseguido una victoria pírrica, un remedio peor que la enfermedad: vivir en la confusión de un mundo que, paradójicamente, al democratizar la cultura ha propiciado su empobrecimiento”.

    De un modo distinto a aquel Guy Debord de ‘La sociedad del espectáculo’, Vargas Llosa reflexiona lanzando una artillería de ideas sobre cómo la política, los medios de comunicación, el erotismo en favor del sexo fácil y expeditivo, o el ocio como referente se han convertido en el nuevo ‘mainstream’. Una forma de modelar a las sociedades como conjuntos acríticos, “como consumidoras de entretenimiento”.

    ¿Eso no lleva a pensar, peligrosamente, que cualquier tiempo pasado fue mejor? “Bueno, vamos a ver. Hoy tenemos más y mejores democracias que en el pasado. Hay menos prejuicio. Hay menos discriminación. Pero también se han sentado las bases para que la gente tenga cada vez una cultura menos sólida. Menos firme. Mire el caso del arte, por ejemplo: entre Damien Hirst (y sus payasadas) y la Capilla Sixtina, me quedo con la Capilla. Qué duda hay”.

    ¿Qué responsabilidad tienen en esto los intelectuales? “Sin duda que la tienen. Somos también culpables. Algunos, como Derrida, se han encriptado hasta lo ininteligible. Les dejó de interesar la gente”. Y remata: “A mí la cultura me ha hecho mejor. Me ha enriquecido la vida”. Quiere decir: que le ha dado libertad.

    Fuente:EL MUNDO