Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
¿Qué gana la presidenta con negar una realidad que golpea directamente el bolsillo de las y los mexicanos? Claudia Sheinbaum afirmó que no habrá nuevos impuestos, pero los hechos la desmienten. Por primera vez, se aplicarán gravámenes a los videojuegos, aumentaron los impuestos a refrescos, bebidas azucaradas, sueros con electrolitos, entradas a zonas arqueológicas, al Museo Nacional de Antropología, permisos y trámites migratorios, e incluso a lo que el ciudadano ahorra.
El gobierno lo niega con eufemismos ofensivos para la inteligencia pública. “No es que haya nuevos impuestos; es una actualización de impuestos que no habían existido”, dijo la presidenta. Una frase que raya en el absurdo.
Mentir de esa manera no sólo no oculta la realidad: la exacerba. Al hacerlo, se erosiona aún más la credibilidad de un gobierno que insiste en vender logros en seguridad, salud y bienestar social, pero cuya narrativa es recibida con creciente escepticismo y, en muchos sectores, como simple propaganda.
Detrás del maquillaje discursivo, lo que hay es un gobierno urgido de recursos. Ya no alcanza el dinero para sostener su modelo asistencialista, que, si bien es eficaz para ganar elecciones, ha generado un boquete fiscal superior a los 800 mil millones de pesos, debilitando con ello su capacidad operativa, particularmente en áreas críticas como la salud pública.
Este incremento en los impuestos revela que el gobierno necesita financiar el espejismo de que las obras emblemáticas de López Obrador —el Tren Maya, Dos Bocas, el Aeropuerto Felipe Ángeles— son un éxito. La verdad es que esas obras, lejos de generar ingresos, siguen drenando recursos públicos: no son autosuficientes y requieren subsidios multimillonarios para mantenerse a flote.
Por eso el gobierno federal está desesperado por obtener más dinero. La austeridad republicana y el combate a la corrupción, tan proclamados, fueron sólo parte de una retórica y nunca fueron parte de una política fiscal. Si fueran reales y eficaces, no habría sido necesario crear nuevos impuestos ni eliminar más de 100 fideicomisos ni vaciar los fondos de estabilización financiera, hoy prácticamente inexistentes gracias al sexenio anterior.
La realidad no se puede borrar con retórica. Las decisiones del gobierno actual reflejan menos un proyecto de Estado sólido y más una urgencia por tapar los huecos financieros que su modelo ha dejado. Y esa urgencia, cada vez más evidente, es la que realmente está detrás de los “nuevos-no impuestos” que niega la presidenta.
Dos puntos
Riult Rivera enfrenta una disyuntiva que definirá su futuro político rumbo al 2027: elegir entre la capacidad o la amistad. Ya anunció cambios. En su decisión se medirá su estatura como gobernante.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

