Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
Algo que distingue a la senadora Mely Romero Celis de sus compañeros senadores Ana Karen Hernández y Virgilio Mendoza Amezcua es, principalmente, la forma que le da a su trabajo legislativo: mientras los otros dos oficialistas se quedan en lo mediático, la senadora de oposición establece todo un plan de trabajo, respaldado metodológicamente, para dar seguimiento y resultados a sus gestiones.
Un claro ejemplo es la gira legislativa que realizó recientemente por todo el estado, no sólo para informar sobre lo que hizo como senadora durante el pasado periodo ordinario de sesiones, sino también para escuchar propuestas de ciudadanos y organizaciones, cuyos planteamientos integrará a su agenda legislativa.
Así, de los 800 planteamientos que le hicieron más de mil colimenses con quienes se reunió, por lo menos 100 se traducirán en iniciativas encaminadas a atender las problemáticas identificadas.
Este trabajo contrasta cualitativamente con lo que están haciendo los senadores del oficialismo. Por ejemplo, Ana Karen Hernández, en sus redes sociales, informa principalmente sobre su asistencia a asambleas de Morena con personajes que buscan llegar a la gubernatura, además de compartir imágenes con funcionarios públicos, entre ellos la gobernadora Indira Vizcaíno Silva.
A diferencia de Mely Romero, quien establece una planeación para desarrollar un trabajo legislativo articulado con las necesidades ciudadanas más apremiantes, lo de Ana Karen Hernández se concentra en una proyección mediática apoyada en la imagen de otros actores políticos y en dar a conocer lo que hacen los demás; esto quizá ante la inopia de resultados propios como senadora.
Algo similar ocurre con Virgilio Mendoza Amezcua, a quien durante los primeros dos años como senador prácticamente no se le vio y que ahora, conforme se acerca el proceso electoral, aparece en espectaculares con frases clichés que poco o nada dicen sobre su trabajo legislativo, si lo hubo. Al igual que Ana Karen Hernández, no informa sobre resultados concretos, sino que busca una proyección mediática de su figura mediante la exposición de su imagen.
Y la comparación es pertinente, vaya que lo es, porque si queremos servidores públicos de calidad resulta indispensable que trabajen con método, planeación, seriedad y profesionalismo para dar resultados y cumplir con su función como legisladores.
En los casos de Virgilio Mendoza Amezcua y Ana Karen Hernández, su trabajo legislativo ha resultado incluso nocivo para nuestra democracia, pues ambos votaron por la extinción de organismos autónomos constitucionales que garantizaban buenas prácticas de gobierno y derechos fundamentales.
También aprobaron la reforma al Poder Judicial que acabó con la carrera judicial y dejó fuera a cientos de juzgadores experimentados y profesionales, en aras de instaurar unas controvertidas elecciones que terminaron por conformar una Suprema Corte de Justicia de la Nación alineada políticamente con el régimen de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Es decir, su trabajo legislativo se abocó desde un principio a fortalecer al régimen y concentrar todavía más el poder, precisamente lo contrario de lo que deberían hacer legisladores comprometidos con los contrapesos democráticos.
De ahí mi reconocimiento a la senadora Mely Romero Celis, quien se ha centrado en mantener una articulación permanente con las y los ciudadanos, organizaciones civiles y diversos sectores de la población para abanderar sus causas. Pero, más importante todavía, para convertirse en su voz en el Senado y traducir sus exigencias en acciones legislativas, siendo una voz crítica frente a las decisiones del oficialismo.
Dos puntos
Por cierto, para la extinción del INAI y el CONEVAL, dos de los organismos autónomos que más trabajaban a favor de la ciudadanía, el régimen que encabeza Claudia Sheinbaum utilizó como uno de sus argumentos el dispendio y el gasto que estas instituciones representaban. De nueva cuenta se constata la doble moral del régimen, pues sólo la Megafarmacia, ese elefante blanco, nos cuesta a las y los mexicanos 17 mil 636 millones de pesos, 7 mil millones más que en 2024. El INAI, en contraste, operaba y daba resultados con un presupuesto anual de poco más de mil millones de pesos. Así el nivel de cinismo del régimen y su desfachatez.
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