Por: Gustavo L. Solórzano
Sin duda, el mejor regalo es estar con los seres que amamos, las sillas vacías, representan una experiencia amarga de la que nadie estamos exentos. Mayormente con el ritmo de vida que lleva nuestra sociedad. Ante ello, las palabras de José Alfredo Jiménez hacen eco en nuestra cotidianidad… la vida no vale nada.
Familia, amigos, compañeros, conocidos y desconocidos, pobres y ricos, caminamos inexorablemente hacia donde mismo. La leyenda del Mictlán es parte de la cosmogonía del México antiguo y da respuesta a preguntas que rondan la cabeza del ser humano desde siempre: ¿Qué pasa cuando morimos? ¿Hay vida después de la muerte? ¿A dónde vamos al morir? el Mictlán es el lugar del descanso eterno para las almas de quienes se nos han adelantado en el camino y fue creado por los dioses.
Mictlantecuhtli y la diosa Mictlancihuatl, son los encargados de recibirnos al término de nuestro ciclo en este plano material. Naturalmente y de acuerdo a la filosofía religiosa que cada quien profesa, será su respuesta al culminar su misión. La modernidad y sus adelantos tecnológicos, han influido también en el tema, pues importantes estudios han concluido que somos energía, en consecuencia, ni destrucción ni creación, solo transformación. Muchas personas que han muerto y regresado, señalan que caminaron por un túnel y ahí una voz les dijo que no era su tiempo todavía. O algún otro comentario, lo cierto es que mediante una técnica seria, hoy podemos ver en lo que nos transformamos, energía pura y multicolor.
¿Qué sigue? Si es nuestro tiempo, recorreremos el túnel para encontrar la luz al final y con ello, el nuevo lugar que dará continuidad a nuestra existencia. Si no, seremos integrados a la energía divina hasta nuevas indicaciones. Muchos autores que investigan el tema, sostienen que quienes regresan, lo hacen con una nueva apariencia, es decir, murió la mamá o el papá, y a los pocos días nace un nieto o nieta. Cuando los lazos de familiaridad trascienden la espiritualidad, eso sucede, regresan al seno familiar humano. De no ser así, los seres llegan a familias nuevas para experimentar un nuevo aprendizaje.
Dicho en palabras llanas, somos inmortales, seres de luz nacidos de la divinidad cumpliendo una misión humana. Por otra parte, muchos de aquellos que terminan su ciclo, no siempre se van, pues tienen ataduras muy fuertes en el plano material, por eso se manifiestan, es decir, la gente los ve a pesar de que ya fallecieron. Maravillosa es la escuela de la vida, y en el libre albedrio que recibimos, tenemos la libertad de desertar. Por eso algunas personas agobiadas por la tarea, deciden salirse antes de tiempo.
Finalmente. Sea cual sea nuestra creencia, necesitamos entender que estamos aquí de paso, aprendiendo mediante el servicio a los demás. Nada de lo superfluo necesitamos en el otro lado y a mayor apego material, mayor es también el sufrimiento. Aprovechemos esta fiesta en honor a la vida, es un buen momento para reconciliarnos con nosotros mismos y elevar un rezo por los que físicamente ya no están.
ABUELITAS:
Que el amor nos envuelva en esta navidad y que el recuerdo de nuestros seres queridos fortalezca la unidad al interior de nuestras familias. ese es el mejor regalo. Es cuánto.
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