Por: Gustavo L. Solórzano
El hombre detuvo su vehículo afuera de una pequeña plaza ubicada en donde fuera la sala de cine Jorge Stahl, una señora estaba por salir del pequeño estacionamiento y el seguramente esperaba el espacio que quedaría libre. Un motociclista de vialidad, delgado y de baja estatura hizo su aparición haciendo sonar ese estridente sonido clásico de algunos vehículos de emergencia llamado pato. Con voz imperativa ordenó “muévase” el hombre del vehículo que esperaba espacio libre en el estacionamiento dijo algo que por la distancia no alcancé a escuchar… “Muévase” repitió el agente en un tono autoritario, para ese momento ya me había acercado y entonces escuché lo que el hombre decía, “Le comento que estoy esperando que salga el vehículo de la señora para estacionarme”, la respuesta del agente fue inmediata, además de autoritaria, irónica, burlesca, “de aquí a que eso suceda ya llegó navidad, muévase o lo infracciono”, sentenció.
En tono de decepción, quizás más que molesto, el hombre le dijo “que arbitrarios son ustedes” la respuesta una vez más fue, “muévase o lo infracciono”, despacio se alejó de ahí y fue cuando me di cuenta que traía dos menores con él. Pensando en mis nietos me pregunté, que decirles a tus hijos cuando te encuentras con una autoridad que denigra el uniforme que porta y a la corporación que lo cobija? Como explicarles que a esos pseudoservidores públicos se les olvidó que es la sociedad quien con sus impuestos los sostiene no solo a ellos sino también a sus familias? Quien podrá decirles y hacerles entender que su función es orientar antes que sancionar al ciudadano y que necesitan hacerlo con respeto? A usted que me lee decirle que de nada sirve denunciar la prepotencia de estos personajes pues sus jefes nada hacen, sea por Dios.
Cambio de tema: Hombre sencillo, trabajador y humano como cualquier otro, Don Fabián se ganaba la vida como chofer de una “ruta”. El destino lo llevó a un encuentro desafortunado en el que perdió la vida a manos de desconocidos que lo asaltaron. Una víctima más de “la delincuencia imparable en este Colima de hoy”, dice Javier quien fuera su compañero. Unidos, los trabajadores de transporte urbano circularon por algunas calles de la ciudad para dar el último adiós a Don Fabián y solicitar, reclamar de las autoridades su intervención para el logro de la solución a sus demandas justas. La verdad, no es posible exigir si no se corresponde, al parecer la situación es crítica para los trabajadores del volante, pues además de la inseguridad trabajan carentes de las prestaciones básicas. Seguro alguien sabrá ayudarlos.
ABUELITAS:
Al parecer sin pena y sin gloria pasó el Día Mundial del Medio Ambiente en Colima. Es cuánto.

