Por: Gustavo L. Solórzano
¿Sabía usted que Basilio González Núñez, presidente de la CONASAMI, por cierto calificada como obsoleta y poco funcional, tiene un sueldo de casi 3 millones de pesos al año, cuando el aumento del salario mínimo sólo lo autorizó de tres pesos?
Recorrer las calles de Colima desde el centro hasta las huertas repletas de mango que se encontraban a las afueras de la ciudad era toda una aventura. El recorrido lo realizábamos guiados por mi madre y mi abuela, quienes previamente habían preparado bastimento y dos o tres cubetas para nuestra llegada al lugar seleccionado. Las huertas pegadas al rio eran nuestro constante destino, pues con un pago módico podíamos entrar y literalmente saciarnos hasta decir basta, de los deliciosos mangos que abundaban en la zona. El producto saliente implicaba un costo adicional pues el pago inicial solo era para comer ahí; contemplar el caudal del rio y escuchar su canto era un verdadero privilegio. De vez en cuando una culebra ratera cuyo verdor se confundía con la vegetación, salía a nuestro encuentro, mientras las aves nos deleitaban con sus trinos y la alharaca producida por los pericos que degustaban de algún fruto entre las copas de los árboles, contrastaban con el viento que despeinaba nuestras cabelleras.
Era el Colima de hace más de cuarenta años, silencio, tranquilo, seguro y paz. Aquel Colima en donde toda la gente se conocía, se saludaba y hasta se quedaban a platicar con la puerta abierta de par en par, para que el aire fresco de la tarde mitigara el calor colimote de las tardes.
Los truenos de mayo eran presagio de un buen temporal y sin duda, en voz de mi abuela para calmar nuestro miedo infantil, representaban elotes para preparar las ricas tortillas hechas a mano por mujeres forjadas al calor de la necesidad como Doña Juana, Doña Félix o Doña Meche, mismas que como muchas de su talla, merecen aquel reconocimiento que suele otorgar el congreso de nuestro estado.
Con el paso de los años los arboles de las huertas fueron arrasados por la modernidad y los pocos que quedaron forman parte de un olvidado (aunque se declare lo contrario) parque regional que sigue siendo considerado como uno de los pulmones de la ciudad. El rio moribundo, derivado de la inconciencia vecinal que habita en las márgenes del mismo, se resiste como buen guerrero y dicen que del Seguro Social, al igual que muchos desagües, emanan desechos tóxicos. Solo en tiempo de las confusas y tardadas lluvias, el rio aumenta un poco su caudal, gusto que dura poco, pues más arriba es ordeñado para satisfacer las necesidades de quienes poseen predios o animales.
Seguimos quejándonos de las altas temperaturas, peleamos por un espacio de sombra para nuestro auto, mas no movemos un dedo para plantar un árbol o cuidar de nuestro entorno.
ABUELITAS:
Hablando de olvidos, el espacio que ocupa la tradicional Piedra Lisa requiere de mantenimiento para evitar que se siga deteriorando. Algunos juegos están rotos y generan riesgo para los niños. Ojalá sean atendidos. Es cuánto.

