Los materiales los almacena en su estudio ubicado en Hamburgo, para convertirlos en sus primordiales herramientas para crear esculturas, instalaciones y fotografías.
El resultado de sus creaciones artísticas llegan por primera vez a México con la exposición titulada Amanecer, con la que describe el movimiento perpetuo de los objetos, y se presenta en el Museo Nacional de San Carlos a partir del 20 de abril hasta el 29 de octubre.
La muestra que se ha presentado en su tierra natal y en países como Irlanda, Bélgica y Suiza fue enriquecida con chácharas que el artista adquirió durante su estancia en México, en donde, dice, aprendió que casi todo puede ser vendible.
“Aquí tuve la impresión de que puedes adquirir casi cualquier cosa, que tengo aspecto de gringo y que sólo por eso me querían vender las cosas a precios más altos. Por suerte hubo gente que me orientó y me llevó con la gente correcta. Entre los objetos más bizarros que encontré en México son los que tienen figura animal, vi por ejemplo una jirafa o animales tropicales, eso jamás lo encontraría en Hamburgo”, dijo en entrevista.
Su obra, que ha sido calificada como fantástica, se mueve entre la pintura, fotografía, escultura, elaborada con armarios en ruinas, pantallas de lámparas, mesitas, sillas viejas, ropa y mucho más, con la que sutilmente nos indica la manera superficial y despreocupada en que la sociedad se ocupa de los objetos.
“Quise mostrar muchos niveles en este trabajo, ciertamente hay una crítica al consumismo pero también hay un diálogo con la historia del arte, así como un análisis sobre cómo se pueden trabajar piezas con objetos de nuestro tiempo y cómo se puede dialogar con temas ya establecidos como el retrato y el paisaje”, refirió.
*Un nuevo retrato
Una de las líneas de trabajo de Brinkmann es el autorretrato, el cual se enfoca en explorar la combinación entre los distintos materiales, la luz y el momento en que se realiza la fotografía. En este sentido, su trabajo amplía y pone al día dicho género, toda vez que el retrato pasa de ser un medio para afirmar la posición como creador del artíficie, o bien como testimonio de su labor, al ser el motivo y protagonista, tanto intelectual como objetual de la obra.
La ausencia de la cara es una característica de gran alcance en todas estas fotografías que se presentan.
“Por mucho tiempo he trabajo con los objetos, pero llegué al dilema de cómo mostrar mis intenciones artísticas sin tener que hacerme presente. Me gustan mucho los perfomanceros de los años 70, pero creo que se convirtieron en algo muy prevalente que a veces rebasaba la importancia de la pieza en sí misma, yo no quería caer en eso, así que decidí convertirme en un personaje pero sin rostro, no quería aparecer ahí”, explicó.
De acuerdo con la crítica, Thorsten Brinkmann explora los límites de la relación de las personas y de sus órganos en el mundo de los objetos.
Todo en estas fotos es real y ficticio al mismo tiempo; antes eran las cosas sin alma, el desarrollo de sus propias vidas en el cuerpo del artista que se convierten en prótesis y máscaras con poderes misteriosos y fisonómicas de expresión.
*Trabajo escultórico
Además de las autodramatizaciones fotográficas, su trabajo incluye piezas resultado de combinaciones entre objetos encontrados que sirven como tema para figuras escultóricas. Asimismo, la obra dialoga con piezas que forman parte de la colección del recinto museístico, como una pequeña escultura de un niño que pareciera orar, al que Brinkmann le colocó enfrente cajas de refresco de cola.
“No sé como es la sociedad mexicana, pero la alemana es cada vez más consumista y al mismo tiempo los fabricantes hacen cosas de menor calidad para se desechen rápidamente. Lo que yo me he propuesto es recoger todo aquello y darle una nueva significación”, aseguró.
Fuente:EL UNIVERSAL





