TAREA PÚBLICA

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ALCALDÍAS, COCHINEROS

Por: CARLOS OROZCO GALEANA

En los estados del país  en los que hubo elecciones en junio  pasado se manifestó otra vez  la cruda realidad de la corrupción. Gobernadores entrantes como Claudia Pavlovich en Sonora,  el bronco Jaime Rodríguez en Nuevo León  o Ricardo Monreal en el Distrito Federal, delegado en Cuauhtémoc, encontraron un cochinero en las  finanzas, faltantes de recursos que supuestamente se aplicaron en obras que no aparecieron por ningún lado y antecedentes de un sinfín de conductas de funcionarios que a su antojo hicieron  lo que quisieron con los gastos en nómina, distribuyéndolos a placer a incondicionales y amenazando a quien no condescendía con ellos.

Y a nivel de los municipios,  no fueron pocos los alcaldes en el país  que encontraron las arcas vacías y huellas de rapiña los últimos días en que los funcionarios y regidores que se fueron se otorgaron a sí mismos   bonos de marcha, una prestación fuera de la ley, mediante los cuales  obtuvieron cuantiosas sumas de dinero “porque se iban”,  y a los cuales no les importó la mala imagen que proyectaron  ellos, los partidos a los que pertenecen y las instituciones.

Eso indica que la ley que prevé actos de corrupción no funciona. Por eso somos paladines de la corrupción en el continente y a nivel mundial. Los que deben aplicarla, están normalmente inmiscuidos  en ella y por esto es imposible que se avance en la transparencia y la legalidad ante las malas conductas oficiales  y más ante el cambio de poderes en las administraciones. “Le cae al que deje algo”, pareciera ser la consigna más conocida y practicada de tantos y tantos dizque servidores públicos.

Las contralorías a nivel de los estados y municipios no hacen bien su trabajo por el origen de sus nombramientos; no patearán el pesebre; no tienen compromiso con la población sino con sus superiores que los nombraron. En la historia de Colima, por ejemplo,  no hay un solo funcionario que haya pisado la cárcel no obstante que ha habido casos de enriquecimiento explicable que los ciudadanos han condenado.

México necesita un cambio total de las prácticas políticas sustentado con la participación   de gente capaz,   responsable y honrada que ha de llegar a los puestos públicos con convicciones probadas de servir a los demás mediante un ejercicio responsable y patriótico. No hay tiempo que perder.  En múltiples regiones, son un asco las administraciones en todos sus niveles y   la corrupción y la impunidad son un lastre que la gente termina aceptando  al no castigarse a los corruptos.

El mal superior es el de la corrupción y  la impunidad y  suelen ir acompañadas por el orgullo, la  soberbia y el cinismo de quienes  son sus practicantes.  El país supura pus por doquier porque la clase política no gobierna para el servicio y usa el poder en beneficio propio. Todo mundo quiere la justicia… pero hacia los otros, todo mundo quiere que se erradique la corrupción… en los otros; que haya participación social… pero  que sean los otros los que se muevan. Mientras los males de la actualidad no sean sufridos en carne propia, egoístamente se asume que las cosas continúen igual, es el credo de la mayoría. Esta es la cultura conformista y mediocre de amplias capas de la población mexicana. Debiéramos mirarnos en Guatemala, Chile o por lo menos en Brasil, países donde la gente se organiza, actúa,  y pone un alto a los corruptos con frecuencia.

El desgaste de las instituciones es enorme, cada vez es menor el número de los que en ellas confía. Se ha minado esa confianza porque todo se ha supeditado a la grilla en todos los niveles. En Colima, como si nada, cinco alcaldes panistas y uno del verde renunciaron a sus deberes por irse de campaña.  Les importaron más sus partidos que los ciudadanos.  El de Tecomán, para variar, tiene a varios de su familia dentro de la administración. Qué vergüenza para los que lo eligieron. Generosa fue, en cambio, la alcaldesa de Manzanillo Gaby Benavides que aguantó a pie firme la presión de su partido para que se separase del cargo y se fuera a campaña.

Una pregunta final: ¿Quién parará la corrupción en las alcaldías de nuestro país, que son un cochinero?  Urge tomar cartas en el asunto ante ciudadanos indefensos e inactivos que no se deciden a  exigir gobiernos limpios.