Seguridad, demanda colectiva
Por: Carlos Orozco Galeana
El candidato priista a gobernador, Ignacio Peralta, ha ubicado como punto central de su ofrecimiento a los colimenses trabajar duro por la seguridad y la justicia si el voto popular lo hace ganar. Aprovecha el tiempo y se adelanta así a varios de sus rivales que no aciertan todavía a esbozar siquiera una agenda de compromisos que haga creíbles sus diversas posturas en el inicio de sus actividades propiamente de campaña. Su más cercano competidor, en cambio, se distingue por sus diatribas. Y creo que así continuará.
Ante empresarios, Peralta Sánchez dijo que la seguridad está “en primer lugar de las demandas sociales” y expresó que esta variable impulsa el desarrollo económico, de ahí que tenga muy claro incluso implementar reformas que lleven a la creación de una fiscalía y a un Consejo de la judicatura estatales, todo ello para darle rumbo y orden a las políticas de justicia y seguridad.
A los empresarios ofreció también leyes claras y justas, apertura, instituciones que funcionen correctamente, gestión de recursos con liberación de procesos que impulsen la fuerza del sector. Habló de una alianza con ellos y refrendó su compromiso, que la gente ve muy bien, de que no permitirá la corrupción, ámbito en donde según él no hay resultados. Hay clamor social, dijo, para que los recursos públicos se manejen con honestidad”.
Por lo expuesto con ese sector, Ignacio evidencia un conocimiento temático que le servirá para iniciar los cambios requeridos en aquellas dos áreas si los colimenses lo prefieren el siete de junio. Cuando fungió como secretario de fomento económico, conoció la realidad del sector empresarial, sus temores a ver amenazadas sus actividades por la violencia, la falta de financiamiento o por la presencia del narcotráfico con las actividades colaterales que este conlleva.
Un gobernante no debe permitir que nadie someta a la sociedad ni la exponga al deterioro de su bienestar. Es grande el esfuerzo que hacemos los mexicanos para vivir en un entorno que permita realizarnos en la armonía, tener y cumplir aspiraciones, progresar y ser feliz con los elementos al alcance.
Fracasar en esta tarea de cuidar de la existencia de los demás, que esto es la política real, la buena, es permitir el gobierno de otros, de gente criminal a la que solo importa su ambición y servirse del incumplimiento de la ley. Los criminales pretenden avasallar a la sociedad con sus actos impropios, pero esta acción debe tener una respuesta responsable y solidaria que restaure la confianza pública y genere condiciones de prosperidad.
La necesaria limpieza en las distintas policías en el país es una urgencia inaplazable. Han sido reclutadas en forma irregular sin considerar sus capacidades, sus antecedentes, conformándose así un verdadero Frankenstein que es origen de los altos niveles de criminalidad, violencia y muerte. No en pocos casos, las policías resultan ser jefes de bandas de delincuentes o al menos partícipes indirectos en esa vorágine de violencia. Incluso, sin miramientos llegan a enfrentarse a tiros contra sus propios compañeros o contra militares en plena vía pública y no les tiembla el pulso para poner el dedo a sus compañeros en los cuerpos policíacos ante criminales.
Es preocupante saber que “uno de cada dos mandos policíacos que toma decisiones no está certificado”. Esta situación entraña un riesgo porque la lucha contra la delincuencia no puede librarse con éxito si hay un entorno de incertidumbre y de deslealtad en las corporaciones. La gente no tiene mucha confianza en autoridades policíacas y le cuesta trabajo cooperar porque no tiene la seguridad de que sus denuncias serán tratadas confidencialmente. No hace mucho, apareció un ejecutado con una cartulina y una leyenda a su lado que decía: “esto me pasó por hablar al 066”. Terrorífico.
Tener un entorno de certidumbre y legalidad es lo más benéfico para la prosperidad de las inversiones que crean empleos. Los colimenses hemos sido afectados por la delincuencia, los casi doscientas personas ejecutadas cada año, los secuestros y homicidios de empresarios, gente de bien, los asaltos y en general todos los crímenes que han ocurrido los últimos tiempos, exigen respuesta enérgica, inteligente y correcta del estado. Es bueno que Ignacio se comprometa desde hoy a satisfacer esta demanda. Por lo pronto, con sus propuestas, lleva la delantera.

