VOTO DE CASTIGO
Por: Carlos Orozco Galeana
No hay duda, la elección del domingo clarificó el sentir ciudadano que votó por la alternancia en varios estados que no la habían conocido: Veracruz, Tamaulipas, Durango y Quintana Roo. Este resultado que parece ser un triunfo de la democracia porque el PRI mordió el polvo tras gobernar varias décadas en esas entidades y habría sufrido desgaste por el uso del poder, no lo será tanto pues se eligió a más de algún personaje con negro historial.
La secretaria general del PRI, Carolina Monroy del Mazo, lo explicó así a La Jornada, luego que Manlio Fabio ya había aceptado la derrota: “el voto del domingo tuvo que ver con esa molestia (respecto) a gobiernos lejanos de la sociedad, gobiernos que seguramente tuvieron desaciertos, con ese rechazo al desorden, a la falta de atención, a esta costumbre de acusaciones mutuas, de escándalos, en donde el ciudadano está cansado, votó y cobró eso”.
En resumen, la jornada del domingo anterior fue tranquila a pesar de que varios estados son muy grandes en su territorio y exigen una operación institucional eficaz, como Tamaulipas y Chihuahua y de que la compra de votos se dio al por mayor influyendo de algún modo en resultados. Hasta a un senador apresaron porque anduvo en la compra de voluntades en Veracruz. Un dato alentador fue que en los lugares donde se disputó una gubernatura, la participación alcanzó cifras cercanas al 60 por ciento y fueron unas 20 millones de personas las que sufragaron.
Tuvimos una nueva edición de las alianzas entre Pan y Pri, que pervirtieron de entrada la idea de los buenos gobiernos, como en Oaxaca y Sinaloa, donde Gabino Cué y Mario López perdieron mucho tiempo en arreglar conflictos originados por esa simbiosis partidista anómala y no tuvieron la respuesta que la gente esperó. Fueron gobiernos fracasados y por eso los recuperó el PRI.
El partido que dio la sorpresa fue el Pan, que se alzó con 7 gubernaturas y demostró que va por el 2018 con más fuerza que en la elección del 2012. Pero no se olvide que en la presidencial no será acompañado por su aliado PRD, que jugará solo y quizás con el regente Miguel Mancera que va a la baja. Y no se descarte al PRI, que suele aprender de sus errores aunque la tiene de subida.
Los ciudadanos votaron básicamente en función de su realidad regional, pero también influyó la credibilidad o los méritos acumulados por el régimen federal, sobre todo porque se ha tardado en modificar leyes para no afectar intereses de las élites y de la clase política y protege el status quo para que las cosas sigan igual. Los escándalos presidenciales minaron la confianza y decepcionaron a muchos. En el exterior, igual. Cada que salió al extranjero, Peña Nieto fue comidilla de los críticos en relación al escándalo vinculado a sus inmuebles. Ni para donde hacerse.
Para el influyente diario norteamericano, Wall Street Journal, los mexicanos dieron un castigo al PRI en las urnas no solo por el atoramiento económico que perjudica a tantos sino por la pérdida de confianza en la gobernabilidad y por la matazón de Ayotzinapa. El diario El País, de España, también hizo énfasis en la insatisfacción ciudadana por tanta corrupción, impunidad, violencia y muerte.
La situación nacional será revisada a fondo en Los Pinos, que no esperaba el batacazo ni en sus cálculos más nefastos. Pero no creo que se corrijan las cosas, ya que el resorte que ha de moverse es el de regresar a la política de principios, a una política de mayor compromiso ético. El saqueo en las entidades persiste y se desvían recursos federales por millonadas y no pasa nada porque en Los Pinos están cruzados de brazos. La ASF no funciona. Ningún gobernador va a actuar contra sí mismo o contra los suyos y se va a encerrar en una cárcel.
Los mexicanos están aplanados por el desplome moral de las instituciones. Todos quieren sacar raja de ellas, los servidores no son tales. Y la desgracia mayor es que gane quien gane en los estados, las cosas seguirán igual en tanto no construyamos un país de leyes.

