SUSANA SAN JUAN

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Por José Díaz Madrigal

Sentí que se abría el cielo. Tuve ánimos de correr hacia ti. De rodearte de alegría. De llorar. Y lloré, cuando supe que al fin regresarías. . .  En una confluencia entre idilio gustoso, delicada dulzura y borrascosa ansiedad; Pedro Páramo recibe al amor de su vida: Susana San Juan, que se había ausentado de su presencia, por largos años.Hace apenas unos días que pasó el aniversario luctuoso de Juan Rulfo. Como homenaje a su memoria, van estas líneas. Éste afamado escritor jalisciense, autor tan solo de dos obritas literarias: El llano en llamas y Pedro Páramo, que bastaron para convertirlo en el más universal de los escritores mexicanos. Hizo también el guión para una película estelarizada por Ignacio López Tarso, llamada «El gallo de oro». Pero fueron las dos primeras producciones las que catapultaron a Rulfo a la notoriedad.Pedro Páramo es la novela que se desarrolla en la hacienda de La Media Luna y en Comala, sin embargo no es la Comala colimota, es otra Comala; es una Comala rulfiana de fantasía donde los muertos hablan. Tal vez el nombre solo le sirvió de similitud, de comparar la palabra Comala con la de un ardiente comal de tortillas. Por ejemplo, cuando el arriero comenta: Comala está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Por otro lado, la traza descriptiva con detalles y puntos de referencia que Rulfo narra de su Comala imaginaria más bien se parece a la población de San Gabriel Jalisco, donde el autor vivió por algún tiempo; prueba de ello es cuando menciona a los indios que llegan a vender la mercancía al pueblo, apunta: de Apango bajan a vender sus yerbas, colocándolas en el portal. Apango está a seis o siete kilómetros de San Gabriel, dentro de la misma municipalidad. En Comala Colima, ni en todo el estado tenemos lugar con ese nombre de Apango.Uno de los personajes principales en la novela de Pedro Páramo es Susana San Juan, aparece veladamente al principio de la obra, cuando Pedro Páramo hace remembranzas de los juegos infantiles al lado de Susana; para luego desaparecer dejando el protagonismo a otras figuras y, vuelve otra vez a primer término a partir de la segunda mitad de la novela; donde acapara los reflectores prácticamente hasta el final de la misma.Pedro Páramo heredó La Media Luna, después de que en una fiesta de boda mataron accidentalmente a su papá. Nunca se supo quien disparó la bala matona. Para cobrar venganza de la muerte de su padre, Pedro agarró parejo matando a todos los hombres que asistieron a la boda. Convirtiéndose desde entonces, en un patrón autoritario, dueño de la vida de los trabajadores y de las mujeres.«El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo. Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces dijiste: lo quiero por ti, pero lo odio por todo lo demás; hasta por haber nacido en él. Pensé: no regresará. Y me lo dije muchas veces: Susana no regresará jamás, no volverá nunca»Eso hablaba Pedro Páramo dueño de las mujeres de alrededor, que en sus ratos de triste nostalgia solo pensaba en una: la que lo abandonó, la que se fue: Susana San Juan. Pudiera parecer que un tipo rudo y agresivo, no tuviera la capacidad de sentir el dolor que produce la ausencia de la mujer amada.Susana San Juan es como Beatriz en La Divina Comedia. Cautivó irremediablemente a Dante Alighieri desde la niñez. Ambas crecieron en diferentes mundos en distintas épocas, pero las dos son delineadas mujeres de exhuberante belleza. Una apacible tarde, después que Susana regresó, Pedro le dice a su asistente: sabes que esa es la mujer más hermosa que se ha dado sobre la tierra, llegué a creer que la había perdido para siempre. Cada que respiraba suspiraba y cada que pensaba, pensaba en ella.Para matizar el concepto de aquella sublime dama, Rulfo explica: el amor hacia Susana San Juan era lo único limpio en aquella existencia complicada. Susana pesaba más en la conciencia de Pedro, que sus crímenes, los cuales solo habían sido un instrumento para alcanzar el poder. Susana era el único signo de redención que le quedaba, la única forma tangible y hermosa por la cual hizo tantas atrocidades. Ella significaba su perdón. Cuando la perdió se sintió el más desventurado de los seres humanos.Para algunos hombres ciertas mujeres son un trasunto del cielo y quizá hasta el cielo mismo.