Soberanía algorítmica: una nueva tarea para la democracia

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 Por: Ángel Durán

Durante mucho tiempo entendimos la soberanía como la capacidad de un Estado para decidir sobre su territorio, sus instituciones y su destino político. 

La inteligencia artificial incorpora ahora una nueva dimensión: la capacidad de las sociedades para comprender, utilizar y gobernar los sistemas algorítmicos que progresivamente intervienen en decisiones que afectan nuestra vida.

El tema ya forma parte de la agenda mundial. En septiembre de 2024, los Estados miembros de Naciones Unidas adoptaron el Pacto Digital Global y, posteriormente, la Asamblea General estableció el Diálogo Global sobre Gobernanza de la Inteligencia Artificial. 

Su primera sesión se celebró los días 6 y 7 de julio de 2026 en Ginebra, con más de tres mil participantes y delegaciones de 163 países.

La razón de esta conversación es poderosa: las capacidades de la inteligencia artificial están avanzando más rápidamente que muchos de los mecanismos creados para gobernarlas. 

La propia ONU reconoce, además, que los países con menores capacidades tecnológicas han tenido posibilidades limitadas de influir en debates internacionales que terminarán afectando a sus propias poblaciones.

México no ha permanecido ausente.

En Ginebra participó Ulises Canchola Gutiérrez, representante especial para Tecnologías Emergentes de la Secretaría de Relaciones Exteriores. 

Semanas después, los días 23 y 24 de julio, Ciudad de México recibió un encuentro internacional de Naciones Unidas sobre Inteligencia Artificial y Desarrollo Humano, encabezado por la vicesecretaria general de la ONU, Amina J. Mohammed, con participación del Gobierno mexicano y especialistas internacionales.

El secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, planteó entonces que América Latina y el Caribe deben participar desde su propia diversidad en la reflexión sobre una inteligencia artificial puesta al servicio de la humanidad. 

Es una posición que merece reconocerse, porque coloca a México dentro de una discusión que apenas comienza a adquirir dimensiones históricas.

También existen acciones nacionales. La Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación y la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones presentaron una Declaración de ética y buenas prácticas para el uso y desarrollo de la inteligencia artificial, concebida como orientación para las políticas públicas. 

Además, México está integrando un Clúster Nacional de Cómputo de Alto Rendimiento e Inteligencia Artificial con universidades y centros públicos de investigación.

Por eso sería incorrecto afirmar simplemente que el Estado mexicano no está haciendo nada.

La pregunta democrática es otra: ¿son suficientes estas acciones frente a la velocidad de la transformación que estamos viviendo y, sobre todo, cuánto conoce y participa la sociedad en ellas?

Aquí aparece lo que podemos llamar soberanía algorítmica.

No significa aislarnos del mundo ni desconfiar de las empresas tecnológicas que han producido extraordinarios avances. 

Significa que una democracia debe conservar capacidad científica, institucional y ciudadana para comprender, supervisar y decidir cómo se utilizan tecnologías que pueden intervenir en educación, justicia, salud, seguridad, administración pública, elecciones, trabajo y comunicación; entre otras.

Pero esta responsabilidad tampoco pertenece exclusivamente a Naciones Unidas o a los gobiernos.

Corresponde a universidades, empresas, tribunales, congresos, periodistas, profesionistas, profesores, familias y ciudadanos.

La inteligencia artificial ya está entrando en prácticamente en todas las actividades humanas. 

La respuesta no puede ser tenerle miedo ni prohibirla indiscriminadamente. 

Debemos aprender a utilizarla. Pero utilizarla también significa conocer sus límites, verificar sus resultados, proteger datos personales, transparentar su intervención cuando corresponda y conservar siempre la responsabilidad humana sobre las decisiones.

UNESCO lleva años proponiendo precisamente un enfoque centrado en las personas para la inteligencia artificial generativa en educación e investigación.

La pregunta, entonces, ya no es si la inteligencia artificial transformará nuestra sociedad. Eso está ocurriendo.

La verdadera pregunta es si participaremos conscientemente en esa transformación o simplemente dejaremos que ocurra frente a nosotros.

Quizá la soberanía del futuro no dependerá únicamente del territorio, las fronteras o los recursos naturales. 

También dependerá de nuestra capacidad colectiva para comprender y gobernar los algoritmos que progresivamente organizan nuestra vida.

Y esa responsabilidad comienza ahora. Así es que como sociedad y como gobierno no podemos quedarnos atrás.

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*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.