SIENDO ABUELITA, SE TITULÓ COMO LICENCIADA EN EDUCACIÓN ESPECIAL

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    Sus logros académicos han requerido mucho esfuerzo, pues recuerda que proviene de una familia campesina.

    “Soy la menor de catorce hijos. Mis padres emigraron a la ciudad, y su desempeño como obreros no fue suficiente para darnos educación más allá de la primaria, por ello desde chica comencé a trabajar”.

    “A los 19 años, mi inquietud por terminar mi secundaria me llevó al INEA, hoy IEEA. Pero mi matrimonio con otro estudiante de nivel profesional frenó de nuevo mis aspiraciones, para que por lo menos uno de los dos terminara su carrera de nivel superior”.

    “Cuando mi hija estaba por salir de la primaria, encontré en Tecomán, un módulo del Instituto Estatal de Educación para Adultos, le dije a mi esposo mi inquietud y al siguiente día me trajo el material para comenzar mi secundaria”.

    “Por atender a mi familia me vi en la necesidad de acudir solo dos ó tres días por semana a las asesorías, pero trabajaba en casa siempre que podía. En la Institución encontré grandes profesores que se dedicaron con vocación y servicio a atender mis dudas e inquietudes, a animarme para dar siempre el siguiente paso”.

    “No fue así con todo el mundo, debo decir que muchas veces, los adultos que decidimos dar un paso tan importante como el terminar nuestra educación básica, recibimos también críticas que pueden hacer que detengamos nuestro camino, comentarios como “Después de la vejes, Viruela”. O bien “Ya para qué lo haces, si ya tienes un marido”, “para qué le sigues sino necesitas trabajar”.

    “A pesar de los cometarios negativos, en el IEEA y en mi hogar, recibí todo el apoyo para terminar mi educación secundaria, presentaba mis exámenes cuando sentía que ya estaba más preparada y poco a poco fui dando pasitos, hasta que de pronto, fueron los últimos que daba, en poco tiempo ya estaba recibiendo mi certificado de secundaria, me sentí bien conmigo misma y con mi familia, sentí que si en el IEEA pude dar este paso, podría ser capaz de más, y con certificado en mano acudí a presentar mi examen de admisión a la Universidad de Colima, donde estudié el nivel bachillerato en el horario nocturno”.

    “Cuando tuve el certificado de bachillerato, me detuve a pensar si podría seguir adelante a terminar una licenciatura, pero si ya estaba en el camino, esa era la meta. Presenté examen en la Facultad de Ciencias de la Educación a la carrera de Educación para niños con Deficiencia Mental”.

    “Tras algunos años, de lucha, de esfuerzo, y por qué no decirlo, de lágrimas, llegó el día de presentar mi examen de CENEVAL para titulación. Ese era el momento clave, el último paso, todos esos días de esfuerzo propio y de muchas personas a mí alrededor, tendría una gran recompensa”.

    “Con gusto les comparto que pasé mi examen CENEVAL, lo que me dio derecho a titularme automáticamente”.

    “Me gusta comentar que en el mes de diciembre del 2005, mi hija se tituló como licenciada en Letras y Periodismo, al siguiente mes, en Enero del 2006 a mis 40 años de edad me recibí como Licenciada en Educación para Niños con Deficiencia Mental recibí mi documento casi a la par que mi hija, y me siento orgullosa de haber llegado hasta donde estoy”.

    “Tengo 54 años de edad, trabajo como profesora en la Academia del DIF “Prof. Pedro Moisés Béjar Velázquez” en Tecomán. Llevo algunos años dentro de la enseñanza y no dejo de animar a mis alumnas, varias de ellas mayores de edad, a que sigan adelante en sus sueños. Agradezco que haya instituciones como el IEEA que forjan la confianza en uno mismo para realizarnos como personas, a mis profesores, a quienes me alentaron y a quienes no, porque de ellos también aprendí”.

    Como despedida, María Yolanda quiso compartir una frase del compositor Eduardo Britten:

    “Aprender es como remar contra la corriente, cuando se deja de hacer, invariablemente, se retrocede”.