Señora Cojones

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Por: José Díaz Madrigal

El martes pasado cuando se le preguntó a la presidenta Sheimbaum, su opinión acerca de la orden de arresto contra Raúl Castro -el poder detrás de Díaz-Canel- emitida por la juez Ariana Fajardo del estado de Florida. La gobernante mexicana obvio que no salió en defensa del sufrido pueblo cubano, sino que salió a favor de la depravada e indefendible tiranía cubana. Dijo: pues pienso que es asunto político y tiene que ver con las elecciones de noviembre.

La respuesta superficial y frívola de la mandataria, se dió en el contexto luego de que la fiscalía de Florida comunicara que había obtenido una orden de arresto contra Raúl Castro, viejo perverso de 95 años; por el motivo de conspiración para cometer asesinato de primer grado, contra los tripulantes de 2 avionetas procedentes de Miami, de la Organización Humanitaria Hermanos al Rescate. Ocurrida en febrero de 1996.

Hermanos al Rescate fue una asociación benefactora de exiliados cubanos-americanos, que comenzó a operar en 1980 durante la inesperada emigración de 125,000 cubanos hacia Estados Unidos. Se creó para patrullar el Estrecho de Florida, en que pequeñas avionetas civiles localizaban a los balseros con el objetivo de ayudarlos arrojando alimentos y chalecos salvavidas, además de alertar a la Guardia Costera de los gringos sobre la ubicación de las balsas que huían de la dictadura comunista, en esas precarias embarcaciones. Así de ese modo, la organización logró salvar a miles de personas.

Los hechos por la cual la juez dió la orden para detener al viejo dictador, sucedieron el 24 de febrero de 1996. Ese día 3 avionetas vigilaban unas embarcaciones con gente que había salido de la isla, con rumbo a las costas norteamericanas. Las avionetas y las balsas se encontraban ya en aguas internacionales, fuera de las 12 millas náuticas convencionalmente reconocidas como aguas nacionales.

Dos de las pequeñas aeronaves iban volando a baja altura, inspeccionando las lanchas que transportaban a los cubanos en su viaje a Florida, cuando de repente fueron impactadas por misiles disparados desde veloces aviones caza tipo MIG con motores a reacción de fabricación rusa, tripulados por pilotos del régimen cubano.

¡Le dimos, cojones! Se escuchó decir a uno de los pilotos tras derribar la primera avioneta. La grabación del diálogo entre los aviadores castristas y la torre de control, dejaron la evidencia del artero ataque de los poderosos MIG, destruyendo a una lenta avioneta de hélice y desarmada.

Para poner en perspectiva ese regionalismo del español cubano y, para que se entienda al estilo mexicano, ese modismo isleño; es como sí aquí en México hubiéramos dicho: “esos son güevos, no chingaderas”. Pero no, eso que hicieron los cubanos, es ser empachado. Usaron fuerza desproporcionada, contra un blanco débil y sin armas. Mejor dicho, eso fue una abusiva perrada lo que hicieron los comunistas.

Por aquel entonces la embajadora de los Estados Unidos en la ONU, Madeleine Albright, al enterarse de la felonía que cometió el régimen cubano, declaró: francamente esto no es cojones. Esto es cobardía.

Esa embajadora y posterior primera dama en ocupar el cargo de Secretaria de Estado, del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Nació en un país del centro de Europa que se hizo comunista, por tal circunstancia salió boleteada ella y su familia con rumbo a un país libre.

Pues esta señora, con la afirmación que dijo respecto a los pilotos de los MIG, bastó para echarse a la bolsa el aprecio de la comunidad cubana de los Estados Unidos, luego luego le acomodaron el mote de “Señora Cojones” por el coraje que tuvo de calificar a los gallinos pilotos cubanos.

El caso es que ese año del 96, el jefe de las fuerzas armadas de Cuba era Raúl Castro, responsable directo de la operación en que perdieron la vida 4 cubano-estadounidenses, cuando se ordenó el disparo de los misiles contra las 2 avionetas.

Los familiares y compañeros de los fallecidos, desde hace tanto tiempo clamaban porque se le aplicara castigo contra el responsable de ese maligno crimen. Por fin los escucharon ahora que la fiscalía consiguió que la juez Fajardo ordenara el arresto de Castro. Ha sido ésto, una victoria para hacer justicia a los caídos y de refilón a la mayoría de los cubanos oprimidos por el mal gobierno. Tarde pero está llegando.

Necesariamente surge la pregunta ¿por qué nuestra presidenta se empeña en defender a los malos?

Tomar partido por un criminal como Raúl Castro, es también aunque Sheimbaum lo niegue, hacerse del lado de la injusticia. . . ¿O será que a la jefa del estado mexicano le falta lo que le sobraba a la “Señora Cojones”?

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.