RETOS EN MANZANILLO

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TAREA PÚBLICA

Por: Carlos Orozco Galeana

Manzanillo está en un bullicio provocado por el movimiento del mercado electoral de cara a la elección del uno de julio próximo. Hay mil actores que presentarán sus propuestas para captar el apoyo de los ciudadanos y la mayoría prometerá hasta lo imposible con tal de lograr un cargo representativo. Es obvio que los más capaces y experimentados y los que tienen más recursos para pagar asesores, estarán por encima de los candidatos bisoños, al menos en lo que se refiere a un posicionamiento ventajoso.

¿Han cambiado las cosas en Manzanillo los últimos años? ¿Hay mejoría social, crecimiento económico y perspectivas halagueñas, más posibilidades de empleo, oferta turística, más comercio exterior, más educación, más seguridad, menos pobreza, menos o más corrupción, más orden jurídico? Estas son algunas preguntas que todo manzanilllense deberá hacerse a sí mismo a la hora de votar.

Todo mundo tiene la mira puesta hoy en lo electoral, principalmente en el puerto. Han brincado chapulines por todo el territorio estatal de un partido a otro sin asomo de pudor político. Nublaron el cielo con su aleteo. A algunos de ellos las cúpulas que todo arrebatan les cerraron las puertas de la participación. Pero los que llevan una carrera y han acumulado méritos, dieron el brinco y mantienen su afán de escalar posiciones en otras formaciones partidistas. Ojalá no sea para su beneficio personal. Vale la pena otorgarles el beneficio de la duda.

Algo bueno tiene que salir de la competencia política ahí, sin embargo. No todo está perdido. Manzanillo requiere un mando político-administrativo, inteligente y capaz de organizar la acción municipal vinculándose decisivamente con los demás sectores. El nuevo alcalde o alcaldesa deberá tener la visión amplia para plasmar proyectos de desarrollo que generen empleo y bienestar, que hagan buena la vida asediada por la violencia más infame que haya existido jamás. Pero téngase cuidado en la elección, háganse bien las cuentas, un balance de lo que hicieron los antecesores en el cargo municipal para verificar su nivel de cumplimiento respecto a lo que prometieron.

El puerto debe resolver, según dijo a Diario El Noticiero Oscar Jiménez, dirigente de Coparmex, que tres banderas sociales  deben enarbolarse y ocupar la atención de todos los actores políticos y sociales: Quitar la caseta de cobro sobre la autopista de Cuyutlán, que la Termoeléctrica finalmente deje de contaminar mejorando sus procesos y que la Laguna del Valle se recupere.

Jiménez no se anda por las ramas y acusa de negligencia a todas las autoridades que tendrían que ver con la solución a esos problemas y anticipó de entrada que los candidatos quizás hablen de su intervención una vez ocupados los cargos que buscan, pero que no hay ninguna garantía de que una actitud responsable y comprometida de ellos sea constante en pro de su resolución. Se aprecia que este dirigente conoce bien a los políticos de Manzanillo.

Sabe que son proclives a la grilla, a la buena vida, a pasársela a gusto haciendo como que trabajan en tanto ellos y sus equipos cercanos reciben emolumentos importantes por largos y muy benéficos tres años. Es que la vida en un puerto. . . .

La mejor defensa contra ellos es el de la organización y la acción de una sociedad que está en perpetua madurez. Se dice que tenemos los gobernantes que merecemos, y eso tiene visos de verdad, pero hay fuerzas dispersas, dormidas, que pueden activarse en cualquier lugar para que los que toman el poder para su beneficio propio no se salgan con la suya.

Es deseable que los ciudadanos disciernan inteligentemente porque quienes votar, so pena de tener que soportar tres años de malestar e incertidumbre, de violencia y muerte. Manzanillo, reitero, requiere un liderazgo moderno, con visión de largo plazo, que ponga énfasis en la seguridad, en la promoción del bienestar y en el aseguramiento del estado de derecho. ¿Habrá alguien ahí que lo garantice?