Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
“Por sus hechos los conocerás”, dice uno de los versículos más conocidos de la Biblia. Y pocas frases describen mejor lo que está ocurriendo con la actual clase política en México. Porque una cosa es el discurso —la retórica triunfalista del oficialismo que se asume incorruptible y del lado del pueblo— y otra muy distinta son los hechos. Y los hechos, como siempre, terminan por imponerse.
De ahí que sea legítimo exigirle a la presidenta Claudia Sheinbaum menos palabras y más acciones. Porque en las conferencias mañaneras se insiste, una y otra vez, en la corrupción del pasado, pero se guarda silencio frente a la corrupción del presente. Ahí están los nombres.
Cuauhtémoc Blanco, envuelto en múltiples señalamientos durante su gestión. Y ahora Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, señalado directamente por Ismael “El Mayo” Zambada, hoy testigo protegido del gobierno de Estados Unidos.
No se trata de rumores ni de chismes de la comentocracia: son acusaciones formales dentro de investigaciones internacionales que involucran, además, a una red de funcionarios de alto nivel en Sinaloa: fiscales, secretarios, jefes policiacos, alcaldes. Es decir, una estructura completa.
Al régimen le encanta hacer referencia al pasado, siempre de manera despectiva, pero no nos recuerda que en el gobierno de Enrique Peña Nieto se encarceló a gobernadores como Javier Duarte y Andrés Granier. Se actuó —con todo y las críticas— contra figuras de alto perfil. Hoy no. Hoy se protege.
Desde el púlpito de la mañanera se recurre a una narrativa que apela a la soberanía para evitar la cooperación internacional, como si el mensaje fuera claro: no se metan con nuestros corruptos. Los problemas, dicen, se resuelven en casa. Aunque en casa no pase nada.
Al respecto, hay que recordar que López Obrador en su momento y luego la presidenta fueron enfáticos en sus críticas contra Genaro García Luna, hoy preso en Estados Unidos por delitos similares a los que hoy se imputan —también mediante testigos protegidos— a actores del actual régimen.
Es decir, el mismo criterio que antes era válido, hoy se relativiza. Y ahí es donde se rompe la congruencia: si se exige justicia en un caso, debe exigirse en todos. Si se cree en la cooperación internacional para combatir el crimen organizado, no se puede rechazar cuando involucra a figuras cercanas al poder. De lo contrario, no es justicia: es venganza con tintes partidistas, como suele suceder con actores de la oposición que son blancos del aparato de procuración de justicia del estado.
Y es que cuando el gobierno calla, protege. Cuando minimiza, encubre. Y cuando no actúa, se vuelve parte del problema. Hay, luego entonces, complicidad. Por eso, más allá del discurso, lo que definirá al gobierno de Claudia Sheinbaum serán sus decisiones. Si no actúa con firmeza frente a estos casos, su administración quedará marcada por la sospecha. No por lo que diga, sino por lo que deje de hacer.
Dos puntos.
Uno de los señalados por las autoridades estadounidenses es el senador morenista Enrique Inzunza Cázarez, quien en medio del periodo de sesiones abandonó el pleno del senado.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

