Pinker y la aportación científica de la UdeC 

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PARACAÍDAS

Por: Rogelio Guedea

Hace poco más de un mes terminé de leer uno de los libros que más me han ilustrado en los últimos años: «En defensa de la ilustración», de Steven Pinker. El libro tiene como subtítulo el siguiente: «Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso». Es un libro impecable que, básicamente, pondera la importancia que ha tenido el progreso de la ciencia en la vida de la humanidad y cómo ésta ha transformado nuestra vida, más allá de cualquier superchería o teoría de la conspiración anticientífica. Con ejemplos claros, con datos duros tomados de muchas evidencias a lo largo de la historia, el científico canadiense Steven Pinker demuestra que la ciencia realmente salva vidas, comunidades, países enteros de la devastación ocasionada por enfermedades, plagas, guerras, ignorancia, etcétera. La ciencia es, pues, fundamental y debemos escucharla, debemos guiarnos por ella, sobre todo lo deben hacer los gobiernos que enfrentan situaciones difíciles en temas de salud, educación y seguridad. Cuando hace poco nuestra máxima casa de estudios celebraba el apoyo dado por el Conacyt a varios proyectos científicos universitarios o se honraba del reconocimiento a la doctora Elena Roces como investigadora nacional emérita otorgado por el Conacyt me surgió la idea de empezar una serie de artículos (que espero cumplir pronto) sobre las aportaciones de nuestros científicos universitarios a la ciencia local, nacional e internacional, y me vino además a la cabeza la importancia que la gestión del rector Christian Torres Ortiz le está dando a este componente sustancial de la vida universitaria, tan es así que no hace mucho la Universidad de Colima y el gobierno del Estado firmaron un convenio para poder llevar a cabo una colaboración mutua en proyectos comunes en donde el conocimiento científico tendrá una contribución especial. En la Universidad de Colima tenemos científicos, además de los ya referidos, que han hecho aportaciones importantes en su área y que forman partre del nivel III del Sistema Nacional de Investigadores, el más alto de todos, tales como Alfredo Aranda Fernández, Karla Covarrubias Cuéllar, Iván Delgado Enciso, Juan González García, Óscar Porfirio González Pérez, Miguel Huerta Viera, Igor Pottosin, la propia Elena Roces, José Antonio Sánchez Chapula, María Elena Tejeda Yeomans, Xochilt Trujillo Trujillo (quien es además la coordinadora general de Investigación Científica de nuestra casa de estudios) y José Clemente Vázquez Jiménez (además director general de investigación científica también de nuestra institución). Estos investgadores de tan alto nivel, sin contar los niveles II y I, cubren en sus áreas ámbitos como el de las ciencias sociales, económicas, médicas, químicas, físicas, ciencias de la salud y de la tierra, etcétera, y sus aportaciones podrían ser sin duda de gran ayuda para solucionar las problemáticas que padece nuestra sociedad, de tener  el cauce, la voluntad y el apoyo debido.  Todo esto unido me remitió de nuevo libro de Steven Pinker y a la importancia que tiene la ciencia para el progreso humano y, por tanto, en lo crucial que es que los gobiernos (de cualquier nivel) se apoyen en ella para poder resolver sus problemáticas más urgentes, como por ejemplo, para el caso de Colima, la seguridad, la salud, la educación y el desarrollo económico. Como se ha podido ver, la Universidad de Colima tiene científicos de gran relevancia, cuyas aportaciones no sólo conocemos poco sino que, además, no se han vinculado lo suficiente a la resolución de las problemáticas referidas, lo que ayudaría demasiado (lo demuestra Pinker en su libro) al progreso de la sociedad y al desarollo humano. La razón, pues, por encima de cualquier superchería, y la ciencia por encima de cualquier remedio casero. Me da gusto que el rector Christian Torres Ortiz, igualmente un académico conocedor de la importancia de este ámbito sustancial de la vida universitaria, esté impulsando esta vinculación con el gobierno del Estado y con algunos gobiernos municipales, los cuales parecen estar entendiendo la importancia que tiene escuchar a la ciencia para la resolución, a través de políticas públicas, de muchas de los tiempos adversos que enfrentan. Me complace que en ello se persevere pues, dadas las condiciones actuales, no existe otra vía para salir de esta crisis (incluso de valores) que estamos padeciendo en nuestra entidad.