Lucio Cabañas

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Por: José Díaz Madrigal

A propósito del quincuagésimo noveno aniversario luctuoso del Che Guevara, fusilado por el ejército boliviano en octubre de 1967. El gobierno y las fuerzas armadas de ese país, realizaron un homenaje a los soldados que murieron combatiendo al siniestro argentino-cubano, que había ingresado a Bolivia desde el año anterior, con el fin de instaurar una dictadura comunista como ya lo habían hecho en Cuba.

El Che creía que toda América Latina necesitaba una transformación radical. Consideraba que la pobreza y desigualdad no desaparecerían mediante reformas políticas de modo democrático, sino que era necesario el cambio de los pueblos por medio de la lucha armada, siguiendo al pie de la letra el manual de los marxistas.

Al triunfar la Revolución Cubana después de 3 años de una guerra de guerrillas, catapultó a Guevara a ser una figura importante en el nuevo gobierno encabezado por Fidel Castro. Éste le asignó cargos de primera línea, primero en la dirección del Banco Central de Cuba y más tarde en el Ministerio de Industria. En ambos hizo un cagadero, todo echó a perder; pero tal parecía que esa era la consigna, acabar con lo que funcionaba bien. Puesto que no se tentaba el corazón en eliminar nomás por sus pistolas a quien pensaba diferente o alguno que hiciera cierta crítica de lo que estaba haciendo mal, para éstos no había compasión, los mandaba matar sin ninguna conmiseración.

Sin embargo en el mundo la imagen romántica del guerrillero barbón y melenudo que peleó por los pobres y desprotegidos, creció como espuma. Así pues, sus métodos asesinos y sus ideales de rebelde social, tuvieron mucha influencia entre un sector de la juventud latinoamericana en las décadas de los sesentas y setentas; cuando se gestaron diversos movimientos estudiantiles además de diferentes grupos guerrilleros de corte comunista, todos subversivos a gobiernos establecidos.

México no fue la excepción a ese tipo de corriente ideológica, con protestas estudiantiles y la creación de asociaciones guerrilleras. En aquellas décadas antes mencionadas, surgieron en nuestro país varias agrupaciones de guerrilleros, todos etiquetados con la marca de moda: el comunismo. Por mencionar algunos de éstos grupos estaban, Las Fuerzas de Liberación Nacional, Liga Comunista 23 de Septiembre y el Partido de los Pobres.

Éste último el Partido de los Pobres es el que ahora nos interesa. Fue fundado por Lucio Cabañas en el estado de Guerrero. Cabañas era un profesor de origen campesino, que se graduó como docente en la hoy famosa Escuela Normal de Ayotzinapan, gran semillero de profes comunistas y de estudiantes borloteros y desmadrosos.

En breve reseña biográfica, se menciona que mientras Lucio estuvo en esa escuela como alumno, se hizo líder estudiantil y al mismo tiempo ingresa a las juventudes del Partido Comunista, donde se nutre del ideario marxista. Ahí se entera de la Revolución Cubana y de sus líderes Fidel Castro y el Che Guevara.

Cabañas siendo ya maestro, no dejaba de ser chile de todos los moles, se metía donde no lo llamaban. Durante un mítin en una plaza pública, la judicial de Guerrero le tenía echado el ojo para detenerlo por agitador y esperaban verlo en ese lugar para atraparlo. Cuando intentaron echarle guante se desató una balacera, pero Lucio como un venado lampareado se les peló.

Desde entonces anduvo a salto de mata y fue cuando fundó el Partido de los Pobres. En realidad eran guerrilleros comunistas, especializados en el robo y las tropelías con la gente trabajadora, también en provocar emboscadas contra los federales. Así se mantuvieron de la rapiña durante varios años, cuando tuvieron la idea de secuestrar al candidato al gobierno del estado Rubén Figueroa, en abril de 1974. A éste lo retuvieron escondido por 5 meses en que en las negociaciones pedían cantidades exorbitantes de dinero además de armas y municiones. Se pagó el rescate y fue liberado el candidato.

Echeverría que era el presidente, con pocas greñas en la cabeza, pareció como que le jalaron los pocos pelos que le quedaban. Mandó a miles de soldados en su persecución hasta encontrar a Lucio y su pandilla de bandidos, a éstos se les acabó la calma, ya no les dieron tregua, ni los dejaban dormir. Lo fueron acorralando y finalmente una madrugada del 2 de diciembre del 74 fue cuando se libró el último enfrentamiento del Partido de los Pobres con el ejército mexicano. En un intenso tiroteo junto a una ladera sembrada de cafetales, se cafetearon a Cabañas por rata y malo pa’bailar lo dejaron como un cedazo, lleno de agujeros. Poniendo fin a ese dolor de muelas.

Años después un periodista le preguntó a Echeverría siendo ya expresidente acerca de Lucio Cabañas. Don Luis le respondió: éste guerrillero se estaba burlando de la respetabilidad de mi gobierno, no me dejó más alternativa que mandar al ejército a que le partiera su madre. Con un tipo de gobierno como el que tenemos actualmente, que ya no tiene respetabilidad quizás enviaran al ejército a darle de abrazos, no sea que la historia califique a esta administración como gobierno represivo.

 

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.