Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
Tras el fatídico atentado en Teotihuacán, la presidenta Claudia Sheinbaum lo expresó con claridad: nunca había pasado algo así en la historia moderna de México. Y sí, con Morena han pasado cosas que nunca habían pasado… pero, lamentablemente, para mal.
Los ejemplos abundan en estos tiempos insólitos: nunca se había construido un tren en medio de la selva, en zona protegida, causando un daño ambiental de gran escala, como sucedió con el Tren Maya. Una obra que, además de cuestionada ambientalmente, ha resultado financieramente inviable: sus ingresos cubren apenas una mínima parte de su operación, el resto se subsidia con recursos públicos. Y todo para sostener la narrativa de que no fue un fracaso esta obra emblemática del sexenio pasado, claramente un capricho de Andrés Manuel López Obrador.
Nunca tampoco se había intentado elegir a jueces, magistrados y ministros por voto popular, como lo impulsa Morena. Ningún país serio lo hace, porque el sentido común indica que esos cargos deben ser ocupados por los perfiles mejor preparados –como en el caso de los médicos–, no por los más populares o los más leales al poder. Hoy vemos las consecuencias: sentencias cuestionables, falta de técnica jurídica y renuncias de jueces rebasados por su propia incapacidad.
Nunca se había permitido que el huachicol alcanzara niveles de operación con redes tan amplias dentro del aparato institucional. Un fenómeno que, lejos de erradicarse, se volvió estructural. Sobrinos de un ex secretario de Marina están involucrados y también Adán Augusto, anterior secretario de gobernación con AMLO; ahora Adán está en el ostracismo para no hacer ruido por su evidente corrupción.
Nunca se habían registrado tantos incidentes en refinerías como los ocurridos en Dos Bocas y en la de Tula: incendios, inundaciones y fallas constantes en una obra que desde su origen fue advertida como inviable técnica y financieramente.
Y nunca se había mentido tanto para ocultar un desastre ambiental como el derrame en el Golfo de México. La gobernadora Rocío Nahle minimizó el hecho e incluso aseguró que se trataba de un fenómeno natural. Al final, el propio gobierno tuvo que reconocer que se trató de una fuga en ductos del complejo de Cantarell, cuando el daño ya estaba hecho y se había perdido tiempo valioso para contenerlo.
Nunca un gobierno había utilizado la austeridad como pretexto para desaparecer organismos autónomos como el INAI, debilitando el derecho al acceso a la información y, con ello, uno de los principales mecanismos de combate a la corrupción.
Y nunca una clase política había mostrado tal nivel de impunidad: en el gobierno de Enrique Peña Nieto, el director de Conagua, David Korenfeld, tuvo que renunciar por usar un helicóptero oficial para un asunto personal. También el titular de Profeco, Humberto Benítez Treviño, dejó el cargo porque su hija protagonizó un escándalo en un restaurante. Eran faltas menores, sí, pero había consecuencias. Hoy no, pues a la ineptitud y corrupción se le solapa y protege desde las más altas esferas del gobierno.
Así, con Morena, Marcelo Ebrard puede permitir que su hijo habite la embajada de México en Londres durante meses, utilizando recursos públicos, y no pasa nada. No hay renuncia, no hay disculpa, no hay explicación. ¿Usted y sus hijos puedes pernoctar en la embajada, sin pagar? Claro que no. La diferencia es abismal.
Y lo mismo ocurre con los casos de nepotismo y corrupción. Mientras en otros tiempos se procesaba incluso a familiares de expresidentes, hoy se protege a los cercanos al poder, aun cuando existen evidencias públicas de conductas indebidas. ¿Cuántos ex gobernadores de Morena están en la cárcel, pese a sus evidentes nexos con el crimen organizado? Peño Nieto encarceló a siete ex gobernadores, muchos de ellos de su partido. Son número y datos verificables. No se trata de filias y fobias, sino de que los hechos sustenten el discurso. Ese es el cambio de fondo.
Dos puntos
Morena no sólo modificó las políticas públicas; modificó los estándares. Lo que antes generaba escándalo, hoy se normaliza. Lo que antes implicaba irresponsabilidad, hoy se justifica. Así se construyen los “nunca había pasado”.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

