LORENA JOSEFINA PÉREZ ROMO

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Por: José Díaz Madrigal

En uno de los capítulos del libro titulado: Cómo Ganar Amigos, del escritor estadounidense Dale Carnegie; el cual salió a la venta por primera vez allá en la década de los treinta del siglo pasado. Su autor advierte con puntual análisis en esos párrafos que, gran parte de los altos puestos burocráticos del gobierno norteamericano, lo ocupan personas poco agraciadas físicamente. Observen ustedes -explica- como ciertos funcionarios de mucha importancia en la administración, tienen cara de lecheros trasnochados u otros demasiado gruesos, pasados de peso que dan el aspecto de recién bajados de un tractor de ruedas grandes.

En resumen Carnegie concluye: éstos individuos marginados de los estándares convencionales de guapura, terminan por agudizar el ingenio y buscan la constante superación personal, lo cual está muy bien; pero también matiza con sutileza: muchos de ellos no logran superar aquella segregación, por no tener presencia atractiva; convirtiéndose en tipos despóticos y majaderos, puesto que arrastran en el fondo de su personalidad, un complejo de inferioridad que, de algún modo conservan producto de viejas discriminaciones que padecieron en el pasado.

Pareciera que fue una práctica común de esos tiempos. Una cronista de más o menos la misma época, relata el atropello que sufrió aquí en México de parte de un ministro desmesurado en sus exigencias, cuando ella fue a pedir trabajo, comenta: de prisa leyó mi carta de solicitud, luego me vió de arriba abajo; usted está demasiado bonita -me dijo- no necesita trabajar. Aquí no damos empleo a las bonitas.

Años después el mismo ministro ya fuera del gobierno aclaraba: en aquel entonces teníamos la equivocada y prejuiciosa idea, de que sí una dama era avispada y capaz, pero encima de esas virtudes también era bonita, se transformaría en una mujer vanidosa e intratable. Que era lo que no deseábamos.

Éste par de reseñas históricas, tanto la gringa como la mexicana, sucedieron hace casi 100 años. Sin embargo en la actualidad todavía soportamos, aunque sea con más cautela ese tipo de situaciones. A veces ataviadas con un disimulado revanchismo. Sin dejar de ser una evidente injusticia de quienes lo hacen.

Fue por el año 16 ó 17 cuando la conocí. De inmediato llamaba la atención básicamente por 2 razones. Primero por su radiante belleza, dando la sensación que con su rubia y sedosa cabellera, iluminaba el estrecho lugar donde nos encontrábamos. La segunda razón era que cuando pasaba a leer la primera lectura de los domingos, en aquella modesta y diminuta Capilla en construcción, llena de piedras en el piso que con dificultad se podía caminar, lo hacía con tal seguridad y buena dicción, que daba la impresión que se sabía el texto de memoria, por lo limpia y precisa la vocalización de sus palabras.

Después con su sencillez y naturalidad se empezó a integrar a la naciente congregación en torno a lo que era por esos días, la pequeña Iglesia. El Padre encargado, procuraba fomentar las reuniones y convivencias, con el firme propósito de hacer comunidad entre la feligresía. Así pues, conocimos su nombre completo: LORENA JOSEFINA PÉREZ ROMO, que tenía el puesto de juez federal del Estado de Colima.

En el transcurso de esas sanas convivencias, que habitualmente se hacían en la casa de algún parroquiano; tuve la ocasión de tratar en corto a Lorena, como familiarmente la llamábamos. Todos los que asistíamos a esas reuniones, nos percatamos que aparte de su hermosura, también es toda una dama: generosa por las ayudas económicas que brinda sin escatimar nada. Luego nos dimos cuenta sin dudarlo ni tantito, que es una mujer de primera; muy comprensiva en los asuntos que se le presentan, muy inteligente; diestra por instinto y amable por su buena disposición de ánimo, que es la mejor manera de ser educada y cortés, sin frialdad y sin excesos de forma.

Por su capacidad y experiencia, fue subiendo en la escala de los jueces, hasta llegar a magistrada de un juzgado federal en la ciudad de México. En éste, se ha distinguido por defender causas justas para la sociedad en su conjunto. Ahora por puro mérito y talento en su trabajo de impartir justicia, es candidata a ministra de La Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Este 1° de junio, que está a la vuelta de la esquina, se va a llevar a cabo la elección de ministros y jueces en toda la República. Lorena Josefina es candidata a uno de los 5 puestos de mujeres, para ocupar el cargo de ministra en el máximo tribunal de nuestro país.

Démonos la oportunidad los mexicanos a lo largo y ancho del país, de renovar la Suprema Corte; llevando como ministra la parte fresca y atractiva que le hace falta. Lorena además de ser muy bonita, no arrastra en su persona las marcas de los siniestros complejos inferioridad de los ejemplos que se refieren al principio de ésta columna y, que podrían dañar el correcto desempeño de la justicia. Lorena posee firmeza de criterio sin ser intransigente o fanática, es independiente incapaz de atarse de pies y manos con alguna tendencia de moda, que no sea la honradez. Y Con ésto, levantar a los humildes que anhelan no ser víctimas de las arbitrariedades, conduciondolos por vía de la razón y la rectitud.

Lorena encarna el criterio de una visión compasiva y generosa de la ley. Poniendo de centro, de objetivo principal, la dignidad humana que, es el termómetro como se mide la verdadera impartición de la justicia.

 *Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.